Eduardo Villacís, un ‘disidente de la realidad’

El cuadro La Conquista ilustra el horror que fue para los españoles el descubrimiento de A-Méxica, como llamaron los aztecas a Europa.

El cuadro La Conquista ilustra el horror que fue para los españoles el descubrimiento de A-Méxica, como llamaron los aztecas a Europa.

Por: Santiago Carrión

(Publicado originalmente en diario El Telégrafo el 7 de febrero de 2014)

Quizás la mejor manera de definir a Eduardo Villacís sea con sus propias palabras, como un ‘disidente de la realidad’. Esta característica no habla solo de su trabajo artístico en el reino de la fantasía, los mundos posibles y realidades paralelas -pretéritas y futuras- sino de su actitud rebelde hacia los intereses de sus contemporáneos.

Cuando se discutían las problemáticas del arte nacional en la década de los 80, él se metía de cabeza en la programación matemática para las artes visuales en computadoras aún primitivas.

Luego, cuando le siguieron la pista en estas técnicas, él desarrollaba sus habilidades en la animación 3D. Hoy, con las nuevas tecnologías asumidas como parte del lenguaje del arte, Villacís volvió con ganas al caballete, los óleos y otras técnicas de la pintura tradicional.

‘Antilógica’, la importante muestra retrospectiva del trabajo de Villacís, expuesta en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) en Quito, está atravesada desde el nombre por la misma idea de disidencia.

En la diversidad de temáticas y técnicas -cada una de ellas dominadas con maestría por el artista- quedan retratados los principales intereses de Villacís: el dibujo y la fantasía, siempre inspirado en los contextos locales en los que desarrolla su obra.

Como señala uno de los rótulos de la exposición, el arte fantástico se sitúa en una ambivalencia entre lo racional y lo sobrenatural, por lo que no puede estar nunca demasiado lejos de la realidad.

Donde mejor se cristalizan estos fundamentos es en su nuevo trabajo, presentado por primera vez en Ecuador: El Espejo Humeante. La obra, altamente conceptual sin perder su atractivo, es un museo dentro del museo que expone una historia alternativa de nuestro continente, “que invierte el rol entre colonizadores y colonizados”.

Esta es la explicación sencilla, introductoria, para el visitante del museo, que es simplemente la premisa de un arte complejo, pleno de inventiva y humor; ironía y crítica sociopolítica; reflexión filosófica sobre la naturaleza de la realidad y la historia, así como un dominio completo de varias técnicas artísticas.

Para comprender El Espejo Humeante hay que aceptar que el arte nace de los postulados de la historia, de los axiomas de una realidad que es aceptada socialmente.

Hecho: el continente americano fue colonizado por los europeos y sus pueblos originarios oprimidos durante siglos. De esa verdad nacen infinitas manifestaciones estéticas, todas entrelazadas entre ellas.

Por eso, si cambia la premisa, cambian las formas artísticas. Algunas veces, estas transformaciones en los fundamentos suceden en la realidad. En la fantasía -según Villacís- deben suceder siempre.

Por eso, desde el arte fantástico, El Espejo Humeante nos cuenta una historia alternativa sin despegarse de la realidad, mostrando los resultados de la inversión en una idea fundacional de nuestras sociedades: Colón no llegó al Caribe, un cambio inesperado en los vientos le hizo navegar hasta las costas de México y este pequeño giro de la narrativa tradicional, tan creíble y real que puede ser aceptado por cualquiera -incluso sin conocer los caprichos del mar-, tiene unas consecuencias enormes.

Todos conocen el viejo proverbio chino “el aleteo de una mariposa puede sentirse al otro lado del mundo”, lo que en nuestros términos ha llegado a significar: en un sistema caótico como la realidad, cualquier pequeña perturbación puede traer resultados absolutamente imprevistos en su naturaleza y escala.

Dentro de esa maraña de posibilidades, infinitas como el universo, la fantasía se convierte en la única vía para la exploración.

El museo nos cuenta cómo Colón y sus seguidores fueron apresados por el general azteca Itzcoatl -la Serpiente de Obsidiana- y en su interrogación aparecieron mapas detallados de un nuevo mundo, que ellos llamaban ‘Europa’.

Los aztecas interpretaron este azar como una bendición del destino. El gran Dios de la Guerra, Huitzilopochtli, había puesto en sus manos el camino hacia la salvación del Imperio, que necesitaba desesperadamente de nuevas almas para el sacrificio a los dioses, así como esclavos para mantener el crecimiento de su sociedad.

Mientras los aztecas se alistaban para la conquista de aquellos nuevos territorios, Colón había sido olvidado en España.

Su desaparición demostró lo obvio: que no había nada en los mares de Occidente, que él y toda su tripulación habían caído en los confines del mundo.

Durante 13 años, los aztecas prepararon minuciosamente su flota Imperial y estudiando las armas de fuego de los exploradores, lograron replicar el modelo y mejorarlo.

Antes de partir, en el año 1503, a la gloriosa conquista, la leyenda nos cuenta que el Consejal Supremo del Imperio preguntó cómo debía llamarse el nuevo continente. “Es lo que no es México”, dijo el general Itzcoatl, “por lo tanto, a esta tierra la debemos llamar A-méxica”.

Lo sucedido después es material de la historia y las leyendas. Para recuperar la memoria de este mundo, en el aniversario del descubrimiento de Améxica, el museo fantástico creado por Villacís muestra con piezas arquelógicas, textos y pinturas antiguas, cómo se llevó a cabo la conquista.

Hay esculturas de las viejas pistolas aztecas con balas talladas, cuadros vernáculos de las tribus europeas que buscaban interpretar la invasión en sus propios lenguajes, y escenas pictóricas de los momentos importantes, realizadas por los pintores de la corte, como el juicio y posterior sacrificio del Papa Inocencio I por hereje.

También hay túnicas ceremoniales y artefactos del cristianismo ya extinto, así como interpretaciones científicas de los sabios aztecas sobre el significado de los dogmas y los misterios de esa religión.

El arte -y quizás solo el arte- puede hacer realidad esta visión de la historia. Por eso, por su visión compleja e integral, El Espejo Humeante, que Villacís está trabajando también como una película de animación, es una consumación del trabajo que ha realizado en sus otras fases.

La obra, como demuestra su curiosidad artística, es la prueba de que la fantasía nace necesariamente del mundo real, con la intención de volver a él para transformarlo.

Datos

Villacís ha sido desde 1994 catedrático en la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), donde se generó, como parte de un trabajo junto a sus estudiantes, la historia y la muestra de El Espejo Humeante.

Actualmente coordina la subespecialización en Ilustración y Arte Secuencial en la USFQ.

El artista fundó el Día de San Violentín, una fecha de reflexión crítica contra la violencia que se celebra cada 13 de febrero.

La web del artista incluye muestras de sus trabajos y desde ahí se pueden comprar ejemplares de El Espejo Humeante ($ 25). La dirección es www.eduardovillacis.com

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