“Quito 2023”: del punto A, al punto A

blogger-image-744186317Por: Juan José Freire

(Publicado en el blog Visor de Cine, el 21 de febrero de 2014)

El cine ecuatoriano empieza el año 2014 con pie derecho. De bajo presupuesto pero de mucha ambición. Quito 2023 toma al toro por los cuernos y se atreve a ser una producción diferente en la creciente industria no solo del cine ecuatoriano sino del latinoamericano en general. Una estética nunca antes vista en producciones nacionales parece ser el mayor atractivo de la cinta, pero en realidad, la joya de la corona es su historia. “Vale recalcar que no tiene tendencia política”, fueron las palabras introductorias y necesarias de la presentadora antes de que iniciara la proyección de la película. Pues de primera mano es muy fácil conectar los puntos y encontrar historias idénticas a la presentada en el largometraje, pues de estas hay varias en la larga y repetitiva historia de la humanidad. Mucho con poco, es lo que hace Quito 2023. La película quiere contar su historia, la cuenta, y la cuenta bien a pesar de sus limitaciones.

Nada Hollywood y nada cliché. Así es la rebelión que se enfrenta a la dictadura de Ponce. Un elenco que demuestra ser de altura, puesto que hasta los personajes más secundarios con tan solo cinco minutos en pantalla son memorables. Santiago, el líder de los rebeldes, interpretado por Silvio Villagómez, comprometido en su totalidad con su papel protagónico, es la brújula que dirige al público por la montaña rusa emocional que es Quito 2023. La cinta inicia con tensión y conforme se desenvuelve la historia y sus giros inesperados, la intensidad incrementa. Varios de los diálogos hacen honor a que el título del largometraje incluya el nombre de la ciudad de Quito, por su humor “quiteñofff”. Hay un puñado de deslices en el tono de la historia que son fácilmente perdonados por el climático, satisfactorio e inesperado final del film. A diferencia de muchas producciones nacionales que al llegar al cierre de la película acaban a medio gas y desmotivadas, Quito 2023 termina con la misma energía con la que empezó.

El aspecto visual futurístico-polvoriento con sus vestuarios y escenarios desgastados tal y como lo serían si una dictadura y su contraparte rebelde existiesen en Quito en el año 2023, demuestran haber sido trabajados y bien pensados. El trabajo de cámara que aporta al ritmo y tono es digno de aplauso pues en un par de escenas el trabajo de cámara más todo lo que ocurre, estremece. La música y el sonido también son un pilar fundamental en el que recae la película para provocar sentimientos. La dirección de César Izurieta y Juan Fernando Moscoso se consolida como una de las mejores del cine ecuatoriano contemporáneo.

Un nudo en la garganta es lo que deja Quito 2023. Ver cómo los tiempos difíciles destruyen a grandes personas, cómo el poder consume ambos bandos a pesar de las nobles intenciones que uno de estos pueda tener. Ver a la historia repetirse es duro, pues el ser humano es el único animal (indomable) que tropieza dos veces con la misma piedra. El único animal que camina en círculos.

¿Cuántos Ponces hay ahí afuera?

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