‘Quito 2023’, historia del futuro con dictador de fondo

El actor quiteño Jorge Ulloa, conocido por dirigir y actuar en los ‘sketches’ de EnchufeTV, interpretó en el filme a Francisco.

El actor quiteño Jorge Ulloa, conocido por dirigir y actuar en los ‘sketches’ de EnchufeTV, interpretó en el filme a Francisco.

Por: Paúl Hermann

(Publicado en diario El Telégrafo el 6 de marzo de 2014)

Brasileños participaron en producción, posproducción y distribución

La primera película ecuatoriana estrenada en 2014 compite por audiencia con los filmes nominados a los premios Oscar. Con este se inaugura el género de la ciencia ficción en la trayectoria de los largometrajes nacionales.

La película “Quito 2023” se ubica 9 años en el futuro y cuenta la historia de un grupo de guerrilleros que deberá, al día siguiente, concluir con el proceso iniciado hace una década y liberar a la ciudad amurallada de manos del general Ponce.

César Izurieta, el guionista quiteño de 30 años de edad, siempre quiso escribir una historia sobre una muralla en su ciudad, como metáfora de encierro físico, psicológico y emocional. Lo contradictorio es que en el filme no son los quiteños los que quieren salir, sino los afuereños los que quieren entrar.

“Quito 2023” se presenta como el primer largometraje de ciencia ficción en la historia del país, sin desapegarse de la presencia del dictador, personaje fundamental de la novela latinoamericana de los últimos 40 años. Augusto Roa Bastos tuvo su Supremo, Gabriel García Márquez su Patriarca, Vargas Llosa su Trujillo, y ahora la productora Lorena Caicedo, el director César Izurieta y el guionista y codirector Juan Fernando Moscoso, su Ponce, un general mediocre de habla elegante que ha defendido su ciudad amurallada durante una década de las huestes lideradas por Marcos y Santiago, revolucionarios que en un enfrentamiento anterior mataron a su hijo.

Y como en toda película con dictador, hay en “Quito 2023” un par de torturas con música de fondo, lo que recuerda, directamente, al cuento ‘Escuchar a Mozart’, del escritor uruguayo Mario Benedetti.

En reportaje anterior publicado por este diario, Lorena Caicedo aseguró que produjeron la película con base en el consejo que les dieron productores estadounidenses, de que no buscaran alta financiación, sino que hicieran una película con los recursos que tuvieran. El resultado: una producción rodada en su totalidad en 3 habitaciones, con 7 actores principales y una docena de reparto y, sobre todo, basada en diálogos extensos que no obstante logran mantener la atención del espectador.

Maneja el suspenso, algo va a suceder, el espectador aguarda que los revolucionarios superen sus diferencias y tomen las armas para concluir con el proceso truncado en un anterior enfrentamiento. Lo extraño es que cuando al fin se logra derrocar al tirano, el personaje central decide irse en lugar de liderar la nueva época, únicamente para dar paso a un final que quiere demostrar que las cosas en la ciudad no cambiarán, pero que no deja de ser efectista.

Resulta interesante el concepto de la vestimenta; mientras los revolucionarios del año 2023 usan ropa de lana cruda, propias de una época, no tanto futurista como apocalíptica, los militares usan, al interior de una ciudad donde parece haberse detenido el tiempo, uniformes de reminiscencias antiguas como los que vemos a diario.

También las escenografías remiten a estos mundos. Los revolucionarios se mueven en un subterráneo de luces discretas, ante un mapa de papel de la ciudad y viejas radios y televisores, mientras que el dictador pena entre las paredes de un palacio quiteño de arquitectura barroca y usa un tocadiscos de acetatos. Esto resulta significativo si se considera que para elaborar la escenografía y vestuario se emplearon materiales reciclados.

Los personajes están bien caracterizados y son funcionales al filme: Marcos es el idealista empecinado con conseguir su objetivo; Santiago, la leyenda que ha ido perdiendo perspectiva; Daniel, el joven resentido por la muerte de su novia en manos de los militares; Lorena, la mujer más enamorada de los líderes, de los que ha oído hablar siempre, que de la causa libertaria; y un subcomandante maligno, pero cuyo comportamiento, aparentemente maniqueo resulta necesario para justificar el desenlace.

En medio de las preocupaciones y el dolor que les han causado las pérdidas, los líderes revolucionarios ofrecen grandes muestras de humanidad, recuerdos de tiempos más tranquilos e incluso una dosis de humor. Cuando Marcos dice a Santiago que debió llevar otra vida, ser ingeniero industrial, por ejemplo, este le dice: “No, prefiero esto”. Un guiño a la profesión del guionista César Izurieta.

Con respecto a la interpretación es necesario señalar que la sobreactuación en que caían nuestros actores es cosa del pasado.

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