Cine nacional

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Por: Cecilia Velasco (cevelasco@hoy.com.ec)

(Publicado en diario Hoy el 4 de marzo de 2014)

Cuando la película ecuatoriana 1809-1810 Mientras llega el día fue duramente criticada, su director Camilo Luzuriaga, abuelo del cine nacional, la defendió con la metáfora de que a un niño que está recién aprendiendo a caminar no se lo debe golpear, sino estimular para que siga su marcha. La idea no me convencía del todo. Era 2004.

Diez años después, mucho agua ha corrido. El fenómeno Sebastián Cordero, que ya se había podido advertir con Ratas, ratones y rateros, ha seguido y nos ha entregado películas de factura desigual pero niveles notables, hasta culminar por el momento con una ambiciosa Europa Report, un hito: un ecuatoriano que aborda un tema universal, el viaje a las galaxias desasido de todo rastro local.

A partir del año 2007, con la aprobación de la ley de cine y la creación de entes estatales de apoyo y difusión, muchas películas se han producido, lo que alegra pero no debería anular nuestra capacidad crítica. El bebé de otrora ya está crecidito.  Han constituido logros Mono con gallinas, del director Alfredo León: refrescante filme que aborda de modo conservador pero limpio el capítulo de la guerra ecuatoriano-peruana del 41, y la Balada Punk, de Mora Manzano. He evitado, de momento, tal vez por estar saturada del tema drogas-sexo-lenguaje sucio, la nominada al Óscar Mejor no hablar de ciertas cosas. Habrá que verla. Este 2014 se inicia con el estreno de Quito 2023, en el que es una lástima que participe una angelical Elvira Durango, proveniente de  la escuela de mimo del talentoso José Vacas. El filme sería soportable si se tratara de un proyecto estudiantil, pero proyectarlo en salas de cine constituye osadía mayor. Anunciada como de ciencia ficción, habría surgido como idea original de Lorena Caicedo , César Izurieta y Juan Fernando Moscoso y, de lo que se desprende de su página oficial, es parte de un proyecto de producción de 13 películas políticas latinoamericanas. Uno de sus actores es cabeza del exitoso “Enchufe TV”, en el que el humor fácil se riega a borbotones –tal vez por eso, y por la fuerte huella local, haya enganchado a millones de espectadores en el mundo-. Mientras la película transcurre, los pobrecitos espectadores tendrán que bancarse con gritos destemplados, madrazos e ignorancia pura y dura con la sintaxis del castellano –allí no hay actuación-; salsa de tomate en lugar de sangre, maquillaje y vestuario patéticos; actuación impresentable. Consolémonos. Debe haber costado no demasiado dinero.

¿Qué ideas tienen estos jóvenes que fungen de directores, guionistas, productores, actores y editores sobre la moral, la vida, la política? ¿Qué imagen caricaturesca han edificado sobre la historia? ¿Qué libros han leído a lo largo de sus años de formación universitaria? ¿Cuánto dinero ha invertido en sus estudios el Estado, la sociedad, ellos mismos? ¿Es para ellos el cine un arte? ¿Existe para ellos el arte?

Sería deseable que se invitara a una reflexión abierta sobre el cine nacional como industria. Quizás sea hora de analizar los presupuestos ideológicos y éticos que animan las películas ecuatorianas. Distante cercanía, Rómpete una pata, Tinta sangre tampoco saldrían bien libradas ¿O sí?

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