La noche que los marcianos invadieron Cotocollao

Noticia de El Comercio de 1949

Noticia de El Comercio de 1949

Por: José Villamarín Carrascal

(Publicado originalmente en diario La Hora y luego reproducido en el blog de Gonzalo Benítez el 21 de septiembre de 2005)

El 12 de febrero de 1949, hace 54 años, Radio Quito dramatizó la obra de H.G. Wells, “La Guerra de los mundos”, que causó pánico entre la población y el consiguiente incendio de los diarios El Comercio, Ultimas Noticias y Radio Quito, que funcionaban en el mismo local.

Sábado 12 de febrero. Nueve de la noche. Con su entrega de siempre, el “Potolo” Valencia y Gonzalo Benítez, el mejor dueto de música nacional, comienza a rasgar las guitarras en los micrófonos de Radio Quito. Es un especial, pues su programa regular “Las canciones del alma”, se transmiten solo lunes, miércoles y viernes.

Apenas han comenzado a cantar su segunda canción, el pasillo “Para mí tu recuerdo”, cuando reciben la señal convenida y el locutor les interrumpe abruptamente para hacer un anuncio fatal: “Nos invaden los marcianos, nos invaden”. Y da a conocer de inmediato de la llegada de un ejército de platillos voladores que han aterrizado en Cotocollao, junto al campo de aviación.

Hace una pausa mientras sus compañeros le hacen gestos de aprobación. Ahora está al borde de las lágrimas. Continúa: “Las increíbles noticias que estamos suministrando provienen de calificadas agencias internacionales y los servicios regulares del diario capitalino El Comercio. Importante: los boletines informativos que están escuchando, señoras y señores, tienen el patrocinio exclusivo de Orangine, el insuperable refresco de naranja”..

Al instante salen al aire enlaces con radio Continental de Ambato, La Voz de Cochabamba de Cuenca, radio Zenit de Guayaquil, que tratan de comunicarse con Quito para advertir el peligro que se cierne sobre la Capital. Y se anuncia dramáticamente que Latacunga ha sido destruida con un gas letal que se aproxima peligrosamente a Tambillo desde el sur y que había sobrepasado por el norte la ciudad de Otavalo.

En los hogares del conventual Quito de entonces, la gente que no había escuchado que se trataba de una adaptación de la famosa obra de H.G. Wells, “La guerra de los mundos”, empezó a creer a pie juntillas lo que le informaba Radio Quito, una de las más prestigiosas de la Capital. A ello había que sumar los visos de realidad que tenía la dramatización. El punto culminante fue, quizá, cómo se desvaneció el reportero que narraba los acontecimientos desde Cotocollao, tocado por un arma letal marciana, nunca antes vista en la Tierra.

La gente en la calle empieza a huir despavorida. Es el fin del mundo. El fin de la civilización. La muerte irremediable. Nunca antes las iglesias se habían llenado tanto. Otros intentaban huir. ¿Huir a dónde si los marcianos acabarán con el mundo? Había que despedirse y morir en paz.

Los avaros entonces se volvieron manirrotos. Los bígamos empezaron a pedir perdón a sus esposas que perdonaron sin temor y también pedían perdón por sus deslices.

Interminables hileras de vehículos se dirigen en distintas direcciones. El locutor advierte una vez más que se trata de una dramatización que nada tiene que ver con la realidad. Unos no escuchan y otros no lo creen. Lo único que quieren es huir.

Los “invasores” invadidos

Cuando se confirmó que efectivamente nada era realidad, algunos fueron hasta la radio a pedir explicaciones, pero se les cerró las puertas. La gente se amotinó frente al edificio de la calle Chile, donde funcionaba El Comercio, Ultimas Noticias y Radio Quito. Junto a los gritos volaban piedras contra los ventanales. Se forzaron las puertas de hierro y ahí, en medio de tanto papel del diario, un fósforo inició el incendio. Los “invasores” eran invadidos por una muchedumbre que se sintió mofada, engañada.

Luis Beltrán Gómez, locutor oficial de la radio, en medio de las llamas pedía auxilio a la policía, a los bomberos. Las lenguas de fuego se propalaban en una danza macabra que llegaba ya al tercer piso. Los trabajadores de El Comercio, que estaban imprimiendo la edición del día domingo, y los de la propia radio Quito, que se encontraban en el cuarto piso, en la desesperación optaron por descender por una pared en construcción: seis se fueron al suelo. Otros huyeron por la calle Chile, donde para salir tenían que ser identificados previamente. La chusma quería solo a los responsables de la dramatización, pero en especial a Leonardo Páez, director artístico de Radio Quito y principal responsable de la dramatización.

En el cuarto piso los sucesos eran dramáticos. “Estábamos con el Potolo en al bar – recuerda Gonzalo Benítez-. Cuando oímos incendio, ahí si fue “¡Sálvese quien pueda!”. Me acordé que en el urinario había una claraboya. Fui para allá. Ni me acordé del Potolo. El tumbado era de zinc. Taita Dios me dio fuerzas y logré retirarle y por allí salí. De ahí me boté al techo de la otra casa. Ese sí era de tejas, así que se enterraron los pies en las tejas”.

Sus compañeros andaban en las mismas acrobacias. “En el filo del techo le veo a Páez y otras gentes -dice-. A él le necesitaban para hacerle fritada. Abajo todo estaba rodeado de gentes y policía. Imposible poder huir. Le aconsejé que vaya por el techo a La Providencia; así hizo y de allí pasó al Conservatorio antiguo. Ahí se bajó y en un camión le salvaron. Dicen que le llevaron a una hacienda cerca de Ibarra, a esconderle”.

Los bomberos recién llegados luchaban contra las llamas. A las tres de la madrugada lograron controlar el fuego. Pero este había consumido ya los tres medios de comunicación. Como dice el propio Leonardo Páez en su libro-testimonio Los que siembran viento: “Vaina seria son la noche y la radio aliadas”.

¿Un escenario bien montado?

Al parecer, hubo advertencias previas sobre la dramatización, pero no las suficientes, según se desprende de las declaraciones de Eduardo Alcaraz. En una entrevista a El Día, dice que insistió a Páez que anunciara con anticipación la dramatización, tal como se hizo en Chile, pero que había recibido como respuesta que aquello le haría perder interés a la obra y que él tenía una mejor idea.
Lo que hizo, dice, fue escribir una información sobre la aparición de platillos voladores en la zona norte del país, que salió publicada en Últimas Noticias. Inclusive, envió a hacer un reportaje al Director del Observatorio sobre esta aparición extraña, pero que no consiguió nada, pues nada había que decir al respecto.

Quizá por todo esto fue que la empresa del diario El Comercio, propietaria también de Radio Quito, desaprobó esta dramatización, pues dijo que se hizo sin autorización ni conocimiento de sus directivos.

El saldo final: incendio de tres medios de comunicación, seis personas muertas, decenas de heridos y un pueblo que se sintió burlado. Hoy, en pleno tercer milenio signado por un racionalismo en decadencia ¿qué pasaría si se reeditara una nueva versión de La guerra de los mundos?

Nueva York: “No fue un marciano, fue noche de brujas…”

En 1938 se presentó un radioteatro similar en Nueva York. A las ocho de la noche, el famoso actor Orson Wells, como regalo de la noche de brujas, presentó esta obra, en formato de noticia: se leía información sobre la llegada de los marcianos a Nueva Jersey, seguido de música, más noticias, entrevistas a “astrónomos”, la voz del presidente Roosevelt y el dramático anuncio de que había que evacuar Nueva York ante el inminente ataque marciano. Los efectos sonoros eran de primera.

A las ocho y media, miles de oyentes de la CBS habían abandonado ya sus receptores y sus casas. Unos huían y otros iban a enfrentar a los invasores. Se conoce incluso de suicidios ante el inminente fin del mundo. Esto provocó que en las calles se produjera la misma aglomeración de gente de la cual informaba ficticiamente la radio.

Ante el problema suscitado, se tuvo que suspender el programa: “Les habla Orson Welles fuera de personaje para asegurarles que La guerra de los mundos no fue más que un obsequio de noche de brujas… Ya pueden quitarle los cerrojos a puertas y ventanas… Sentirán un alivio al saber que no fue en serio. Si alguien toca la puerta, abren y no hay nadie, no fue un marciano. Es noche de brujas…”

En 1944 se hizo lo propio en Chile. Según el actor chileno Eduardo Alcázar (preso y enjuiciado en Quito por participar en el radioteatro), este programa fue el éxito radial del año en el país del sur. “No se registraron desgracias personales. Hubo escenas tragicómicas como la de un Gobernador de Provincia, que telegrafió al Ministerio de Guerra, avisando que había puesto en pie de batalla a la tropa con el emplazamiento de cañones, para oponerse a los invasores marcianos”, cuenta en una entrevista realizada a El Día (16-II-49).

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