La ‘Antilógica’ de Eduardo Villacís

Conocí a Eduardo Villacís en 1990. Yo no cumplía los 17 años y él apenas me llevaba un par de años. Nos conocimos en un estercolero de la 10 de agosto y Orellana que funcionaba como la oficina de la revista contracultural Traffic. El Eduardo publicaba ahí su saga de cómics de la T mutante y yo era el diseñador de la revista. Hasta entonces yo había crecido consumiendo ingentes cantidades de cómics y tenía la oculta intensión de volverme dibujante de historietas, pero para entonces ya había aceptado que me iba a resultar más fácil convertirme en astronauta o médico. Pensaba que las personas que se dedicaban a dibujar y escribir cómics eran seres a los que habían traído de otra galaxia, con la cabeza metida en un costal remojado de absenta. Hasta que le conocí al Eduardo y con eso terminé de verificar mi teoría.