Reivindicación de la fantasía

Dragos y otros relatosPor Carlos Ferrer

(Publicado en la revista Rocinante no. 61, noviembre de 2013, págs. 60-62)

En una buena narración debe haber acción, diálogo y reflexión, y en repartir equitativamente estos tres aspectos reside buena parte del oficio de novelista. Además, una narración no será literalmente significativa si no sabe arrancarle a lo que plantea algún modo de trascendencia, sobre todo por la eficacia de su estilo. De igual modo, debe combinar en su dosis justa la complejidad, la sutileza y la emoción. La ficción convencional nace muerta, busca entretener, llenar un tiempo, no genera preguntas, ni conmueve ni estimula al lector, y la lectura acomodaticia no cala sin reflexión ni voluntad de estilo. Por ello, la variedad léxica suele ser el complemento que da valor añadido a las narraciones, convirtiéndolas en interesantes o atractivas. El lojano José Rodrigo Sánchez Puertas ha indagado en los limites entre la realidad y la ficción, en su independencia o autonomía y su interferencia y, en Dragos y otros relatos, no trata de suplantar la vida por la ficción, sino de convertir la realidad de la vida en una ficción imaginaria, evidenciando una reivindicación de la fantasía.

En “Dragos”, el primer relato, el autor maneja con acierto los resortes de la intriga de manera dosificada, proporcionándole al lector raciones de terror ambientadas en la Valencia (España) contemporánea. Un texto donde la realidad narrada supera la ficción literaria y en el que el lector espera agazapado el giro argumental y la sorpresa intrigante, que le den un sentido al esfuerzo y la dedicación del autor. Y la encontrará, porque lo que le sucede al protagonista hará́ sobresaltarse a más de uno. Estamos ante un libro de ficción, por eso se califica de «visionario y mundial» al arquitecto Santiago Calatrava.

En “Las chancletas”, una versión en prosa del verso de Cesare Pavese, “vendrá la muerte y tendrá tus ojos”, una misteriosa y atractiva enfermera y un senil militar acompañan al protagonista en su estancia en el hospital, pero la muerte ronda por los pasillos y nada es lo que parece merced al aliento de lo enigmático o en apariencia inexplicable. Estamos ante el encanto de lo imprevisible a partir de unos hechos en apariencia normales (una estancia en un hospital) y ese grávido contraste entre realidad y apariencia donde reside el interés del relato: un hecho usual se convierte en sorprendente y genera un halo de perplejidad mediante un pellizco de magia disfrazada de realidad. El horror no siempre se oculta en la oscuridad y el beso de la serpiente puede resultar bello.

El tercer relato se titula «La carta» y está protagonizado por Genaro Rodríguez, quien mantiene una peculiar relación epistolar con la muerte y un enfrentamiento para decidir cuándo ha de acabar su vida. El duelo entre Genaro y su antagonista sustenta la arquitectura de las tensiones del texto y su final burlón contiene una moralina en consonancia con el tono del relato. En el siguiente cuento, «Ascenso», la psicología del personaje se torna fundamental para que el lector pueda identificarse con él y con su comportamiento, sin vetas de ingenuidad. Narrado en primera persona, el personaje aletea con las alas quemadas sin saberlo y, cuando se percata de ello, «ya es demasiado tarde para todo».

«Jugo de coco» es la historia del Negro Bembé, dueño haitiano del quiosco Coco Loco, un afable vendedor de refresco de coco, de ajetreado pasado pero de presente amable y jocoso. Sin embargo, esa buena imagen se torna por causas misteriosas en todo lo contrario hasta el punto de que a Bembé se le considera un maldito. El quid de la transformación está en la magia negra de Bembé y en dos delincuentes de medio pelo, que ahora trabajan como dos «cadáveres vivientes» en el Coco Loco. Esta es una peripecia poco común que somete a la realidad a un saqueo del que solo quedan despojos, con personajes bien trazados, que actúan, sienten y piensan, porque la voz de los personajes es la que introduce sus matices y los hace creíbles. Sin embargo, el cuento sabe a poco, porque el lector se queda con ganas de saber más del paradero de Bembé y de sus andanzas, de su pasado oscuro, pero Sánchez concluye este texto sin cerrar totalmente la historia y deja al lector con la miel en los labios.

En «La mecedora», una niña, rodeada por un halo de misterio, y su inseparable mecedora atraen la atención de un niño durante los momentos previos a una función escolar hasta el punto de convertirse en una obsesión. Esa obsesión, tan urgente como la vida, se cristaliza en una historia, que rescata un pasado turbulento y truculento, olvidado por la tragedia que conllevó. La lectura de este cuento no puede hacerse como quien pasea por un jardín vienés, porque la mecedora y su siniestro movimiento regresa al entorno del protagonista para, y eso tiene que corroborarlo el lector, no irse jamás. Por su parte, «La elegida» es una crítica a los precoces certámenes de miss, que hacen de las jóvenes objetos carnales sin personalidad, las cuales viven solo para ser las más guapas, descuidando su interior y su formación. Una miss, que muere cinco minutos después de recibir la ansiada corona de belleza, es el ejemplo de esta historia con moraleja final, puesto que la obsesión traspasó los límites de lo racional y se adentró en arenas movedizas de difícil escapatoria. El riesgo conlleva un peligro que a veces se materializa en calamitosa realidad y lo que parece ser una tabla de salvación puede convertirse en una sentencia mortal.

Finalmente, en «Los objetos perdidos», con un lenguaje cadencioso, el protagonista, en lugar de atrapar a un vulgar ladrón, emprende un viaje de ciencia ficción por una dimensión desconocida y extraña en la que los objetos cotidianos cobran relevancia, puesto que son materia de coleccionismo para unos extraños seres, que deparan más de una sorpresa. En definitiva, inquietud y desasosiego, curiosidad para ir un paso más allá́ y misterio son los ingredientes de este libro. Buen provecho.

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