La ‘Antilógica’ de Eduardo Villacís

Conocí a Eduardo Villacís en 1990. Yo no cumplía los 17 años y él apenas me llevaba un par de años. Nos conocimos en un estercolero de la 10 de agosto y Orellana que funcionaba como la oficina de la revista contracultural Traffic. El Eduardo publicaba ahí su saga de cómics de la T mutante y yo era el diseñador de la revista. Hasta entonces yo había crecido consumiendo ingentes cantidades de cómics y tenía la oculta intensión de volverme dibujante de historietas, pero para entonces ya había aceptado que me iba a resultar más fácil convertirme en astronauta o médico. Pensaba que las personas que se dedicaban a dibujar y escribir cómics eran seres a los que habían traído de otra galaxia, con la cabeza metida en un costal remojado de absenta. Hasta que le conocí al Eduardo y con eso terminé de verificar mi teoría.

Historia del cómic ecuatoriano

“¿Leyendo cómics? ¡Pero si ya eres longo viejo!”, bromea mi tía mientras asienta la bandeja con el té y las galletas María frente al sofá. Minutos antes, yo había curioseado su biblioteca y rescatado —destripados entre Isabel Allende y Jung— 2 ediciones setenteras del Libro de Oro, de Condorito. Me encantó leer los de esa época porque se siente mucho más la pluma original de Pepo así como su humor más irreverente y surreal: cocodrilos salen de las alcantarillas, sonámbulos caminan a la luz del día y el clásico “que muera el roto Quezada” aún decora las paredes de Pelotillehue.

El rampante conejo de indias de Miguel Antonio Chávez

Para comprender textos como el de Miguel Antonio Chávez (Guayaquil, 1976), Conejo ciego de Surinam (Mondadori, 2013), vamos a suponer que existen 2 tipos de novelistas —hasta hace poco pensaba que esta teoría funcionaba con cuentistas y novelistas pero creo que no tiene nada que ver con el aliento sino más bien con la actitud frente al asunto de contar—, unos frondosos, obsesionados por decirlo todo y que no pasan por alto ningún pormenor, profundos, serios, cronológicos, herederos de los patriarcas del boom y de la novela total; y otros que relatan historias mínimas, fragmentadas en diversos registros, en los que subsiste un profundo sentido del humor y de la ironía, y cuya pretensión es divertir, recrearse, ser versátil y demostrar que las narraciones pueden ser también una experiencia ligera, pero no por ello trivial.

Eduardo Villacís – Ant(i)lógica: Entrevista

Eduardo Villacís es un artista cuyo lenguaje artístico transita a través de diferentes medios y reflexiona sobre la trascendencia de nuestra realidad y nuestra historia en nuestra percepción del mundo. Sus obras son tan diversas como sus motivaciones artísticas y esto demuestra su gran versatilidad como artista. Su exposición Ant(i)lógica presentada en el Centro de Arte Contemporáneo es un viaje a través de la manera en la que él experimenta el arte y materializa ideas como la mortalidad del tiempo, la alteración de la historia, y la incertidumbre de nuestra realidad.

Verne

Por: María Rosa Crespo (Publicado en diario El Mercurio, Cuenca, el 29 de enero de 2014) Quien, en nuestra generación, cuando los libros eran compañeros inseparables, no se ha deleitado leyendo las obras de Julio Verne. Recuerdo la primera que leí y no quería que se acabe “La isla misteriosa”, luego vendrían “Veinte mil leguas […]