Cuento del mes: Utopía

"El europeo calvo"

“El europeo calvo” de la exposición Antilógica de Eduardo Villacís

Por Eduardo Péndola

(Especial para Ciencia ficción en Ecuador)

Publicamos el relato de Eduardo Péndola, joven escritor ecuatoriano, a propósito de un recorrido que hiciera durante la exposición Antilógica de Eduardo Villacís en abril de 2014. “Utopía” es un relato que mezcla la crónica al igual que lo fantástico, logrando un efecto interesante por cuanto nos pone a jugar en dos tiempos.

∞∞∞

Sinceramente no me gusta ir a las exposiciones. Recuerdo que una vez fui con mi colegio al Museo de Anatomía Humana que está cerca del antiguo aeropuerto de Quito y la pasé fatal. En primer lugar detesto todo lo referente a la biología pero también odio tener que escuchar a los guías que hablan como si fueran grabadoras, con el mismo tono de voz.

Pero mi amigo Luis, amante de los comics y las mangas, me invitó a una exposición sobre Eduardo Villacís, un supuesto conocido creador de comics. Yo estaba cansado, muerto del sueño, por culpa de un trabajo de manualidades que había olvidado hacer toda la semana. Y es que siempre iba yo por ahí olvidándome de las cosas. No es que no les daba importancia, porque también se me olvidaban los cumpleaños de mis hermanos, sino que simplemente se me escapaban. Por eso me consideraba yo del tipo memoria-corto-placista.

Quedamos en vernos en el Museo de Arte Contemporáneo. Yo llegué tarde porque me olvidé de los veinticinco centavos para el trole así que tuve que, literalmente, pedir dinero en la calle. Con respecto a esto me he dado cuenta de que la gente es más generosa de lo que parece. Luego de saludarnos me contó lo emocionado que estaba por ir a esta exposición. No me sorprendió en absoluto, él solía ser el tipo de personas que se emociona por cualquier cosa.

Entramos y pedimos por un guía. No había. Es que justo se habían ido a almorzar todos respondió la señora rechoncha que llevaba el logo del museo en el pecho. Así que nos tocó entonces hacer el tour por nuestra cuenta. A penas entramos caí en la cuenta de cuánto sueño tenía, me comenzaba a tambalear. En otra ocasión Luis hubiera pensado que me encontraba bajo la influencia del alcohol, pero conocía bien mi condición.

—Mira —dijo Luis— allí hay una tele. Me parece que está explicando la historia, ¡tienes que venir!

Y así es como terminamos los dos sentados en frente del televisor que nos explicaba la historia detrás de la obra de Eduardo Villacís.

“… entonces, por culpa de los vientos, Cristóbal Colón terminó desembarcando en México. Es ahí donde los aztecas conocieron la existencia de otras civilizaciones que cruzaban el Atlántico. Luego de deshacerse del viajero comenzaron a copiar y mejorar su embarcaciones y armas para que, luego de diez años, iniciara el proceso de invasión…”

—¡Qué curioso! Según Todorov, esto sería fantástico porque hay una relación entre lo real, que es la existencia de Colón; y lo imaginario, lo del mejoramiento de las armas… ¡Mira esas pistolas! ¿Qué te parece?

—No lo sé, creo que bien —le respondí con un bostezo.

Mis ojos cargados de sueño perdieron su aguante y se rindieron. Pero escuchaba todavía con claridad el audio del video.

“… como los soldados de la División del Águila llevaban alas, las civilizaciones europeas las confundieron con los ángeles. Es por eso que el proceso de colonización fue más rápido y…”

—Aunque pensándolo bien —continuó Luis con una voz que se oía cada vez más lejana— el alemán ese del que te hablaba el otro día, creo que era Hoffman, diría que para que exista lo fantástico el héroe tiene que ser consciente de la contradicción entre lo real y lo fantástico. Y en este caso todos son conscientes que de lo que sucede es real. Además si hubiera…

“… henrys… esclavitud… templos… ¡Despierta!”

Me levanté de golpe como si me hubieran echado un balde de agua encima. Vi a una chica con vestimenta exótica que me veía enojada.

—¿Por qué siempre que quedamos en vernos te olvidas de mí? —me preguntó desafiantemente.

Yo no le podía prestar atención todo parecía tan extraño. A mi derecha veía unas construcciones en forma piramidal llena de colores chillones y a mi derecha unas piscinas de agua cristalina en las que unas personas de raza indígena se bañaban casi al desnudo. Y, por supuesto, al frente mío tenía a una linda muchacha de la misma raza con el rostro pintado y con las manos en la cintura en señal de impaciencia.

—¿Dónde rayos estoy?

—En Améxica, la ciudad eterna. ¿Es que has olvidado eso también? Por el gran Colibrí Oscuro Huitzilopochtli, esto se pasa de ser el mayor de los colmos. Tú y tu memoria.

Mi memoria… ¿cómo la chica sabía de mis problemas de memoria? ¿Quién es? ¿En dónde estoy? Y más preguntas comenzaron a bombardearme en la cabeza.

—Hoy si estás un poco especial, Itzcoalt, vamos a distraernos un rato al museo.

Se me acercó y me ayudó a levantarme. Sus manos eran tan suaves y delicadas, pronto comencé a intuir de que la conocía. Corrimos por un paraíso terrenal, esta ciudad llamada Améxica estaba repleta de árboles que parecía casi una ciudad bosque. Las construcciones eran tan distintas las unas de las otras como nunca las había visto y estaban hechas de rocas amarillentas. La variedad de pájaros también me asombró junto con el delicioso ambiente que sentía mi piel.

Entramos por una puerta con forma de trapecio que se abría hacia arriba.

—El museo es lo que más te gusta, ¿no? —me dijo la chica sonriendo— Aquí se te despejará la mente.

Caminaba lleno de asombro y me dirigí hacia la primera mesa, ella me seguía por detrás. Vi unas ropas extrañas, un palo de madera lleno de polvo y una especie de figura humana cubierta de alas.

—¿Por qué tu cara de ignorancia? Esta es la vestimenta que usaban los paganos para sus rituales, lo de polvo es el Dios sacrificado pagano y la imagen es la diosa contra la que lucha nuestro dios Quetzacoalt, la serpiente. Tú los conoces muy bien…

Vestimenta… Dios sacrificado… diosa que lucha contra la serpiente… pensaba en mi interior.

—¡Pero si es la vestimenta de los sacerdotes, es Jesús, es la Virgen María!

Entonces recordé que yo no debería estar aquí sino en un museo acompañando a un amante de comics y mangas. ¿Pero qué significa todo esto? ¿Un sueño? ¡Claro, los sueños lúcidos! Pero esos son controlables. Entonces intenté controlar mi sueño, intenté que esa chica se transformara en un dinosaurio gigante.

—Itzcoalt… ¿te sientes bien? Estás poniendo unas muecas terribles —dijo mientras se acercaba y luego me abrazó- Ya lo entendí, son tus sueños raros, esos que me cuentas que son de otros mundos en donde hay corrupción, temor y hambre. No te preocupes, estás bien aquí en Améxica.

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Un pensamiento en “Cuento del mes: Utopía

  1. La imagen que acompaña al texto carece de correspondencia, no se sabe uno qué hace ahí. Pero felicito al autor por el intento de transformar la realidad de una visita a un museo en una narración prehistórica.Pero, curiosamente, me parece que le hace falta más realismo, una vinculación más rigurosa de elementos que pueden surgir del hecho que haya- por ejemplo- una presentadora del museo que tenga rasgos mayas o aztecas, que las voces no se alejen del presente mediante el instrumento de grabación, sino que la historia se vincule a la voz misma de la presentadora o los guías. Y lo más difícil, los sesgos y la connotación de ciencia ficción solo pueden lograrse con un tratamiento adecuado del lenguaje, que sea al mismo tiempo de hoy y de ayer, ingenuo y sabio, que le sorprenda al propio autor, y, para terminar, no estaría demás una lectura del Poplvuh o el Libro de los libros de Chilam Balam, y leyendas de esas culturas…

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