“Los improductivos”, una novela de Cristián Londoño

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Por Catalina Sojos

(Publicado en la web Descentralización Poética Latinoamericana el 29 de junio de 2014)

Cuenca, Ecuador, 1951. DISTINCIONES: Premio Nacional de Poesía Gabriela Mistral 1989. Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade. 1992. Otorgado por el Ilustre Municipio de Quito a su libro “Tréboles Marcados”

OBRAS PUBLICADAS: Poesía: HOJAS DE POESIA. FUEGO. TRÉBOLES MARCADOS.. FETICHES. CANTOS DE PIEDRA Y AGUA. LÁMINAS DE LA MEMORIA. EL RINCÓN DEL TAMBOR. Literatura para niños: ECUADOR Edición Alfaguara Infantil QUITO 2002. BRUJILLO. LA RANA NAVIDEÑA.

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La novela corta o cuento largo “Los Improductivos” de Cristíán Londoño Proaño llega a reforzarnos en la certeza de que la literatura ecuatoriana actual tiene representantes con un presente sólido y obliga a la expectativa de buenas y enjundiosas lecturas futuras.

Presentada con un formato sugestivo la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín
ofrece dentro de su colección Casa Nueva esta novelina para lectores aficionados a la ciencia ficción con una prosa ágil e inteligente que obliga a su lectura de un tirón.

En menos de dos horas el libro es devorado, gracias a su fondo y forma. Capítulos que se suceden como una cuenta regresiva, previas al lanzamiento de una cápsula que dirige su lectura a la productividad, en la sociedad del siglo XXII considerado como el preludio de la desaparición de la raza humana.

Cristián Londoño (autor de Los Improductivos), junto a Catalina Sojos y Eliécer Cárdenas, durante la presentación del libro en Cuenca.

Cristián Londoño (autor de Los Improductivos), junto a Catalina Sojos y Eliécer Cárdenas, durante la presentación del libro en Cuenca.

“Los Improductivos” revela la angustia soledad y alienación de una sociedad en la que los manejos bursátiles; la biotecnología y cibernética, han superado e invadido el planeta. La clonación humana, los hologramas y todos los componentes que hacen el trasfondo de la narración son tratados desde una escritura que intenta la nostalgia, ironía y sarcasmo como revelación de futuras generaciones.

El protagonista; sin nombre, sin identidad, es una ficha más en el engranaje de aquella máquina terrorífica de la cual nadie escapa, aparentemente. Los improductivos son aquellos seres que se atreven a soñar, a amar, a tener sentimientos. Esos centelleos que obstruyen la continuidad y el orden en el que la competencia, la productividad es la única meta.

Joven y ambicioso, el Operador 220 no duda en acudir a toda suerte de artimañas para lograr su arribo al poder. Hasta que un encuentro fortuito, un impensado traspiés sentimental, da al traste con sus planes y despierta su razón y su individualidad.

La recuperación de la palabra y de la relación escritor lector, es uno de los desafíos contemporáneos. La lectura además de ser un “noble ejercicio’’, como afirma Borges, es un proceso social.

La mayor expresión de la cultura es su lengua, y su máxima manifestación la literatura, ya que la palabra otorga permanencia al mundo que denomina. De allí que la selección de las obras y autores encaminadas a un público, en su mayoría joven, deben ser guiado por la necesidad de contribuir a la renovación y a la funcionalidad que estas puedan tener en la didáctica.

Consideramos un acierto la publicación de “Los Improductivos” de Cristián Londoño Proaño, un escritor que nos ha demostrado (pese a su juventud o precisamente gracias a ella) un trabajo tenaz dentro de la literatura y la cultura ecuatorianas.

En su hoja de vida constan algunas publicaciones aceptadas por la critica, las cuales gozan de Premios Nacionales, además de sus trabajos como guionista, productor y realizador audiovisual. En definitiva, un escritor, con nombre propio, un soñador “improductivo” que nos obliga a creer en la palabra y que el libro seguirá convocando con su magia y hechizo a todos aquellos que confiamos en la trascendencia del ser humano.

Más allá de todas las fronteras, más allá de los imponderables, la verdadera escritura/ aquella que no busca sino encontrarse consigo misma, sombra y espejo de su propia voz, nos convocará a estas citas que no son sino llamados de una utopía convertida en certeza. La buena lectura de un buen libro.

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