Europa Report: videos del más allá (y un pulpo)

europa plano

Por Juan Manuel Granja

(Colgado en el blog Metamorfodromo de la publicación original en la Revista de Artes Escénicas El Apuntador, el 3 de diciembre de 2013)

Europa Report es un modesto paso para la ciencia ficción pero un gran paso para Sebastián Cordero. Modesto en un sentido positivo. En el filme, no existe la pretensión de reinventar el viaje espacial, como se ha hecho muchas veces, por ejemplo, desde el ángulo de la fantasía, sino de dotarlo de precisión científica y hacerlo despegar a partir de un elemento que suele ser usual (aunque no solamente) en el cine de horror: basar todo el filme en una “grabación encontrada”. Una forma fílmica –incluso podría decirse que se trata de todo un género– también conocido como falso documental y que dota a la propuesta audiovisual de un distanciamiento narrativo que, en el caso de este filme, termina siendo un artificio estructurador, un camino estético (y finalmente ético). ¿The Blair Witch Project en el espacio? Algo así.

El juego, o desplazamiento, del punto de vista permite, de hecho, condicionar al Cordero autor (el filme no cuenta con las obsesiones centrales de sus películas pasadas, condicionadas a su vez por otros contextos) y así desenvolver el relato desde el propio universo de una ficción científica de tipo hiperrealista. El productor, en EEUU, suele pesar más que el director y hay veces que eso le hace bien a un filme. Sin embargo, la ambición visual de la cinta –un trabajo realizado junto a Eugenio Caballero (quien trabajó en El laberinto del fauno)– se centra más en ilustrar el espacio y el realismo de la nave que en escenificar las señas de thriller que va adquiriendo la cinta hacia las escenas finales. En efecto, mucha de la tensión recae en los diálogos (los actores logran fluir muy bien entre la información científica y la conversación) y en una atmósfera ayudada por los sonidos graves y sinuosos de la banda sonora –sintetizador y cuerdas– a cargo de Bear McCreary.

Es posible ir más allá y relacionar el recurso de la grabación encontrada con la idea del “manuscrito hallado” en la literatura. En este grupo de obras encontramos nada menos que al Quijote y, en las letras contemporáneas, a trabajos de Paul Auster como City of Glass. Su uso permite posicionar al narrador en una lejanía o, de plano, eliminarlo o bien reconfigurarlo desde la posición (y estrategia) de quien recoge el texto/registro hallado. La película se presenta como el producto audiovisual recogido y reeditado por Europa Ventures; la empresa que ejecutó el lanzamiento de la nave espacial a Europa, una de las lunas de Júpiter, con el objetivo de investigar la posibilidad de vida extraterrestre. Europa cuenta con agua debajo de su superficie de hielo además de áreas con temperaturas propicias para la aparición de seres orgánicos.

Existe una voluntad, que podría ser leída como implícitamente crítica, al haberse elegido este punto de vista corporativo como eje de la narración. El mensaje final de la película, a modo casi de moraleja, es el poder ver por encima de la tragedia que implica la muerte de los tripulantes (uno por uno, al ritmo del suspenso) para destacar el logro científico y, por ende, económico, a favor de los proyectos de Europa Ventures, del hecho de haber hallado vida en la órbita de Júpiter. La visión corporativa vehiculiza un happy ending (agridulce pero happy ending al fin) que como tal, y según reflexiona Burch, en tanto final feliz opera como el “tesoro ideológico final”. Es decir, como la construcción y justificación de un orden social convencional, por más que la confirmación de vida extraterrestre haga tambalear muchas de las creencias ideológicas y religiosas humanas.

Este hecho, la existencia de una filmación que sobrevive a la excursión devenida en catástrofe (e interpretada como revelación científica), afecta y modela la totalidad de la película. Incluso deja entrever un exceso de certezas que le resta la ambigüedad que tal vez hubiera enriquecido al filme. Dicho registro audiovisual, complementado con entrevistas a quienes organizaron la expedición desde la Tierra, se transforma en la película que vemos en pantalla. Una película a la que no le basta mostrar sino que también cuenta y opina por medio de las voces de los astronautas, de los empresarios y de los científicos en la Tierra. La aparente limitación en los movimientos de cámara, pues se tratan de cámaras fijas dentro y en el exterior de una nave (además de extremos close-ups pro-suspenso gestual dentro de los cascos de los tripulantes), en realidad permite que sea la edición rápida y los planos contrastados los que dotan a este filme de su ritmo veloz e intermitente.

La película despliega el fuera de campo como un elemento fundamental, inclusive se puede decir que se trata de un fuera de campo constitutivo pues lo que pasa allá afuera, y que no sabemos qué es, resulta ser lo que provoca las situaciones que viven los personajes dentro de la nave. Una declaración casi metafísica y, por ende, muy Sci-Fi: lo que desconocemos es lo que nos condiciona. Y, sin embargo, la verdad del video (inevitable relacionarla con el formato del reality de tv, como justamente lo menciona uno de los personajes) evita que las limitaciones tecnológicas que vuelven frágiles a los astronautas –además del temor a lo desconocido y su aislamiento en la pequeña nave– desenvuelvan la posibilidad poética de que la conclusión final (la existencia en video del monstruo alienígena: una especie de pulpo o calamar bioluminiscente) haya podido ser quizás un producto de una alucinación. Un posible efecto del miedo o la angustia cósmica que tal vez hubiera permitido que el monstruo sea algo aún más siniestro que el terrible monstruo espacial. Es decir, algo humano.

Europa Report es una película de algún modo híbrida pues por momentos parece que estuviéramos viendo un noticiero, en otras escenas más se asemeja a un documental de televisión y, cuando el suspenso cósmico acecha, es como si de plano nos hubieran trasladado al terreno del horror. Y, no obstante, una temática clásica desenvuelve el metraje pues, con la vastedad espacial como antagonista, el conflicto de fondo es el del ser humano versus la naturaleza. Un título alternativo para la película bien podría ser “Ley de Murphy” pues, en efecto, todo lo que podría salir mal en el viaje interestelar acaba justamente saliendo mal. Es un ingrediente, el de falla humana o previsión imposible, que Cordero comparte con otro cineasta latinoamericano, Alfonso Cuarón y su filme Gravity. En ambos casos la progresión de la “mala suerte” hace de sus argumentos un tanto predecibles. No se trata, sin embargo, de un motivo inédito sino que es muy propio de la ciencia ficción, sobre todo de tipo fílmica. Se trata, como vemos, de una película muy directa, con alcances precisos: que sea la ciencia ficción y el motivo del viaje los que narren la historia. El resto viene dado por las posibilidades de lectura y asimilación que permite la estructuración narrativa –e ideológica– de la grabación encontrada.

Efectivamente, en Europa Report toda la diversidad de elementos encuentra su sitio dentro del amplio marco temático y estético de la ciencia ficción. La película de Stanley Kubrick, 2001: Una odisea del espacio, es el gran referente para este tipo de cinta. Sebastián Cordero recurre al universo de Kubrick en su película, a su visualidad, pero no a la profunda reflexión en torno a la tecnología y la inteligencia artificial. De hecho, hay un homenaje explícito cuando se escucha El Danubio azul dentro de la nave de los astronautas luego de que el despegue ha sido exitoso. Si bien la lectura que se hace del espacio exterior, es decir de lo desconocido, no se desmarca de lo ya visto, es la perspectiva de la película de la que depende su valor. En efecto, la filmación encontrada bien puede servir como metáfora de la conciencia humana, como su imposibilidad de ser precisa y de no ser autorreferencial (esa conciencia, además, no puede revelarse si no es por un canal comunicativo: la señal de video que la nave envía a la Tierra). El filme nos dice algo sobre la imposibilidad de ver y entender lo otro, pues todos nuestros instrumentos y formas de percepción son humanos, demasiado humanos.

Una de las primeras escenas del filme muestra este hecho: cuando uno de los tripulantes toma una cámara para hacer una especie de tour por la nave y se acerca a una ventana para filmar el paisaje del espacio sideral, lo primero que se ve es su reflejo con cámara en mano. Biocentrismo, antropocentrismo.

Incluso en el más allá parece no haber más allá.

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