La barrera de cromo

Philip K. Dick

Philip K. Dick

Por Eduardo Varas

(Publicado originalmente en diario digital La República el miércoles 21 de septiembre de 2011 en Opinión)

Eduardo Varas (Guayaquil, Ecuador, 1979), es narrador y periodista. Actualmente reside en Quito. Estudió Comunicación Social en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil y fue miembro de los talleres literarios de Miguel Donoso Pareja. Ha colaborado en diversos medios, como los diarios El Comercio, El Universo, El Expreso y El Telégrafo, y en las revistas SoHo, Mundo Diners y Ecuador Infinito.

Desde el 2004 ha tenido experiencia en diversas áreas de la comunicación, incluyendo las salas de redacción, los sets de grabación de cine y tv y las oficinas de guionistas, también ha viajado a distintos parajes de Ecuador y realizado crónicas para prensa nacional y extranjera. En 2007 publicó el libro de cuentos Conjeturas para una tarde y en 2008 fue parte de la antología ‘on line’ «El futuro no es nuestro», junto a varios narradores latinoamericanos. Es autor de la novela Los descosidos (Alfaguara, 2010) y está a punto de publicar su segundo volumen de cuentos Freak to go.

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Desconfío de la gente que no confía en Philip K. Dick y en su capacidad de hacer de la ciencia-ficción y la paranoia el mejor vehículo para hablar de la humanidad y de los peligros que va creando para sí. Y no, no es una postura moralista; es más bien un pesimismo que alarma. Lo de Dick siempre fue la realidad y cómo verla a través de los ojos del temor, de una amenaza que no viene de mano de la tecnología, sino de eso que se hace con los logros del futuro. Ciencia-ficción de la buena.

Ciencia-ficción necesaria hoy en día.

“La barrera de cromo” (“The chromium fence”) es un cuento de 1955 en el que la humanidad está a punto de un referéndum planetario. Se va a decidir cómo vivir, si los terrestres deciden ser naturalistas o puristas. Y en este universo, las decisiones individuales están de más, siempre están de más. El personaje central, Don Walsh, está leyendo el diario al inicio del cuento y los titulares son claros: “El lunes se espera una gran concurrencia. Todo el planeta irá a votar (…) Esposa mata a marido tras discusión política (…) Una turba de puristas lincha a un naturalista en Boston (…) Una turba de naturalistas lincha a un purista en Chicago”. Alguien debe tener la razón.

No hay alternativa en la ficción de Dick. Para Don Walsh se trata de estar en medio de dos posturas enfrentadas. Los naturalistas son los que quieren permanecer tal cual “Dios” manda: con sus mismos dientes, olores y cabellos; así como han nacido. Los puristas se han extirpado las glándulas sudoríparas, se han injertado cabello y arreglado los dientes… son los seres del porvenir: “El futuro pertenece a los jóvenes – informó Jimmy a Carl -. Y los jóvenes del planeta son puristas de pies a cabeza. Ustedes están perdidos. La revolución purista se acerca”. Y el dato que hay que incluir en este punto es que el Consejo Federal del planeta está controlado por los puristas. Los naturalistas no tienen alternativa en el referéndum.

Don Walsh, el pobre diablo de esta historia, es aquel que no es ni lo uno, ni lo otro. Se ha arreglado el pelo y los dientes, pero por un asunto estético y no ideológico. Sus glándulas están intactas, lo que lo vuelve el ser atípico y único en esta historia.

El conflicto se da cuando triunfa una postura frente a la otra (y no voy a adelantar más del cuento para que lo busquen y lo lean) y esa dicotomía, creada por el poder y posiciones contrapuestas, que es una ‘falsa dicotomía’ en sí, no tiene punto de retorno. Walsh va a ser una de las dos cosas por negación de la que está en el poder. No importa su deseo, sus criterios, su individualidad. Lo que hay son ideas desde el poder, determinando realidad de las cosas. Un mundo polarizado es un mundo que pierde individuos y gana fanáticos.

Hoy, en este país polarizado, resulta necesario reconocer los factores que el poder utiliza (sin importar procedencia) para generar control y estructuras. No creo que la literatura ayude o permita ver mejor, porque esto siempre va más allá. La conciencia no surge de la lectura, no puede venir de lo literario; pero si uno es capaz de exponerse en algo que lee y conflictuar sus ideas por esa lectura de relatos, algo puede surgir. La escritura no sirve si las ideas se mantienen como yunques. Roberto Bolaño en “Nocturno de Chile” hace de Augusto Pinochet un personaje, nefasto; un dictador que escribió libros (algunos) durante toda su vida y que se jacta de eso: “Y además no me da miedo estudiar. Siempre hay que estar preparado para aprender algo nuevo cada día. Leo y escribo. Constantemente”. Y en ese Pinochet de nada sirve esa curiosidad intelectual, ¿no? Escribir un libro no vale para nada (ni aunque hagas tratados económicos que presentes en medio mundo), leer tampoco, si no estamos dispuestos a jugar nuestras perspectivas en eso.

Y esto lo sentencio como el escritor que soy.

Dos Walsh pierde mucho porque se la juega, porque es él, porque cuestiona las posturas ganadoras y asume que ser uno mismo es más saludable… pero para el poder eso es peligroso (siempre ha sido así y la ciencia-ficción magnífica de Dick es el espacio para reflexionar esto). Lecciones que preferimos no aprender.

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