Vivir en la Luna

Moon-Background-Free

Por Carol Murillo Ruiz

(Publicado en El Diario de la ciudad de Manabí, el Viernes 18 Enero 2008)

Leía que durante la última década los científicos se han preocupado de llegar, a través misiones y sondas, al planeta Marte. Y que la próxima década estará dedicada a explorar de manera progresiva a la Luna.

Me encanta la ciencia y la ciencia ficción así que imagino cómo los hombres del hoy acudirían -por elección- a vivir allí donde todo es distinto, bicolor o terriblemente blanco, acaso. Por ejemplo: que la noche lunar dura dos semanas terrestres o que las casas estarán “bajo tierra” o, mejor, bajo polvo lunar, mientras se protege a los primeros astronautas (y a la primera gente) de la radiación de alta energía que llega al suelo lunar.

Me imagino a los seres de aquí a dos décadas pensando en la Luna no como una forma de evadir los pensamientos (los audaces pensamientos), la tristeza, la infertilidad, la risa, el sueño o la inexistencia de espasmos eróticos avanzados, sino como una residencia que aplaste o niegue los requerimientos que en Tierra son ineludibles para no ser extraños en una sociedad de extraños. En la Luna la temperatura puede subir a más de 100 grados centígrados y bajar a 150 grados bajo 0.

De ahí lo importante de las primeras bases y de los últimos condominios cavados que, imagino, serán para los cansados de una Tierra llena de conflagraciones, seca y destrozada por las desgracias naturales y sobrenaturales de los fantasmas de la ciencia ficción del mundo real. ¿Será verdad que vivimos un mundo real? ¿Y que en este mundo el anhelo de la felicidad mueve a ciertos hombres y mujeres a reconocer que vale la pena la vida aunque sea para reír un día y llorar dos? ¿Será verdad que la Tierra es un sitio para construir una filosofía que ensaye la constancia suprema del ser humano sobre los hechos que pasan, antes o después, mientras alguien piensa más que otro en la infancia del cerebro?

Me hago estas preguntas porque últimamente escucho que todo este sistema de vivencias humanas son sombras del vacío que transmiten desde su escondite atemporal la sustancia de pensamiento impalpables de seres idos, y que hemos de entender la vida humana (y la animal, supongo) como un juego de las fusiones galácticas que el universo expresa en asteroides, lunas, astros, estrellas, asteroides, polvillo rocoso, etc.

La Luna sería, entonces, fuera de la ficción, la plaza científica del progreso, el lugar para rayar el futuro. Si bien el hombre ha entendido poco su pasado, vadeando los saltos cualitativos de su evolución, parece que no puede imaginar el futuro si no es en esta misma Tierra de bosques y selvas naturales y espectrales. Parece que no puede pensar que el mundo, aparte de la Tierra, no es otro que un montón de hambre que se calma con esencias verdes y agua destilada.

Así, la urgencia de nacer es una apuesta al espacio-masa. Y, claro, todos, en inmensas tribus de modernidad sin ruido, sabremos que el futuro, todo futuro, es algo absurdo si no asumimos que la Luna es un sitio digno de vivir cuando el amor terreno haya terminado. ” La Luna sería, fuera de la ficción, la plaza científica del progreso”

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