Gabriela Alemán y su nuevo puzzle gótico

Gabriela Alemán

Por Gabriel Flores Flores / Redactor

(Publicado en diario Hoy el lunes 21 de julio de 2014)

Literatura: La escritora ecuatoriana presenta: La muerte silba un blues, su reciente libro, editado bajo el sello de Penguin Radom House es un colección de nueve cuentos.

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¿Cómo fue el proceso de construcción de los personajes en La muerte silba un blues?

Quizás la mejor manera de hablar de estos personajes sea a través del hilo conductor que encontré en el trabajo del director de cine español Jess Franco. Lo que él hizo fue usar la idea de Sergei Eisenstein de no contratar actores, sino buscar tipos humanos y los reprodujo en producciones de bajo presupuesto. Contrataba a alguien y lo usaba en cuatro o cinco películas. En lo emocional, la línea común entre estos personajes tiene que ver con la presión que ejerce la sociedad sobre las personas y se remite a libros como Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y a esta idea de que todos tenemos que estar conformes, y aunque no lo estemos presentarnos con una máscara de felicidad, cuando la verdad es que estamos parados al filo del abismo. Antes de que aparezca Franco, la sensación de vacío, ansiedad, soledad y desesperación armaron la idea de este libro.

¿Estos seres que siempre están al límite tienen la capacidad de burlarse de su vida, ¿cuál es el papel del humor negro en estas historias?

Cuando terminé el libro y lo leí de corrido sentí que la angustia que se transmitía era demasiada. Creo que el humor es una buena válvula de escape para muchas cosas y pensé que el lector iba a necesitar un respiro para meterse en las historias. No fue algo que estuvo desde el inicio, sino que lo introduje en el trabajo de edición. Creo que este matiz también tiene relación con lo que hago desde mis primeros libros, que es un acercamiento a lo gótico desde la actualidad. Lo gótico para mí tiene que ver con esa noción de habitar los espacios oscuros y los abismos y no negar su existencia, de arrojar luz sobre la oscuridad. Me pareció que la luz que podía arrojar en estas historias era a través del humor.

¿Por qué su interés por lo gótico?

Las primeras cosas que leía de niña fueron novelas y cuentos góticos. Leí Drácula, El hombre lobo, Frankenstein… los leía porque eran libros que estaban en mi casa como los de los hermanos Grimm o Hans Christian Andersen. Para mí nunca fueron libros prohibidos u obras que se remitían solo al terror. Ahora creo que lo gótico representa nuestros miedos más grandes. Es todo lo que tratamos de negar frente a la sociedad. Así como en la edición fui introduciendo el humor, también lo hice con lo gótico, como una especie de cable de alto voltaje que está ahí, que molesta, que saca a la luz todo eso que está negado.

¿Cómo evolucionó su relación entre el cine y la literatura en este libro?

Me encanta el cine, lo disfruto y de cierta manera puedo teorizar sobre él. Pero creo que en el cine tienes la visión que te presentó el director, en cambio, en la literatura cada lector compone su propia manera de entender el mundo que le plantea el escritor. En el primer cuento que tiene que ver con lo que ocurrió en el 49 con radio Quito y La guerra de los mundos, de H.G. Wells, hay elementos visuales fuertes. Hay una ciudad incendiada, hay gente corriendo por todos lados, hay desesperación y suspenso.

La muerte silba un blues es el nombre de una de las historias, ¿cuál es la importancia de este texto en la narrativa de la obra?

Ese cuento inicia con la historia de una mujer que va todos los días al correo en busca de una carta que no llega. Un día se cuestiona que ya no debería volver, porque lo único que recuerda de esa persona es que silbaba una melodía tan cruda que un gallinazo se lo hubiera devorado de inmediato. Me parece que esa es una buena forma de describir al blues, porque no es una música que pasa por la cabeza sino por las entrañas, es una música que te parte, que produce esa sensación de tener una llaga abierta y eso aparece en muchos de estos cuentos. El blues es otra corriente subterránea que une a todas las historias, sobre todo a la última que cuenta los últimos días de vida de un anciano en Nueva Orleans antes de que pase el huracán Katrina. La música me sirvió para cerrar el círculo narrativo de este libro.

¿Cómo jugó con el trabajo de edición- posproducción en estas historias?

Son textos que fui destripando. Todos las historias tenían otros nombres. Cuando estaba lista la colección los cambié por nombres de las películas de Jess Franco. Quería que haya una clara impronta de él en este libro.

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