La luna quedó en el olvido en la carrera espacial

luna

Por Marcos Vaca M. / Editor Digital

(Publicado en diario El Comercio, Quito, 26 Julio 2014)

Doce astronautas caminaron en el satélite entre 1963 y 1973, en plena Guerra Fría, y desde entonces desapareció el interés. Ahora los científicos buscan planetas habitables.

Neil Armstrong se negó a ser un superhéroe. El astronauta que, a nombre de toda la humanidad, dio el primer paso sobre la superficie lunar; optó por ser granjero en Ohio, EE.UU. Dejó la NASA, adquirió una propiedad y se dedicó al campo. Él mismo quiso poner fin a la fama que le trajo su viaje espacial. Armstrong se convirtió en una leyenda por su hazaña, pero eso no le hacía gracia.

La proeza, como era lógico en una sociedad de espectáculos, hizo que todo el mundo quisiera verlo. Pero él -cuando daba clases de Aeronáutica en la Universidad de Cincinnati- tapó la ventana de su aula de clases para evitar que los estudiantes curiosos se subieran en sillas para verlo. La descripción de esa personalidad tranquila la hizo  su amigo Jay Barbree, quien escribió una biografía del ya desaparecido Armstrong.

Con los años, el alunizaje perdió interés y él perdió las ganas de ser el héroe americano. Su personalidad tímida (entre otras cosas) permitió las especulaciones sobre si en verdad Estados Unidos llegó a la Luna. Los más radicales aseguraron que él no quiso contar lo que realmente vio. Las teorías de la conspiración hablan de que todo fue un montaje audiovisual .

Los terrícolas, o las potencias económicas, dejaron su deseo de mostrar su supremacía con viajes al satélite. La llegada del ser humano a la Luna fue un ejercicio político-militar en un contexto científico.

Hace 45 años, la Guerra Fría enfrentaba a los Estados Unidos y la ex-Unión Soviética y ambos estaban en una carrera por alunizar. El afán era mostrar su poderío político, económico y militar. Esa idea incluso fue  reflejada a manera de sátira en la obra literaria de Julio Verne ‘De la Tierra a la Luna’.
Verne intenta hacer una descripción de la sociedad estadounidense de mediados del siglo XIX y su deseo de enviar un objeto a la Luna luego de la Guerra de Secesión. Las coincidencias, más allá de la anticipación de Verne, involucran a la política y a la ciencia para demostrar la hegemonía de EE.UU. en el planeta. Las similitudes, además, se expresan en la posguerra y la necesidad de reivindicar el imaginario del poder y la recuperación tras una crisis.

La Luna, como escribe el propio Verne, siempre ha compartido con el Sol, desde los primeros días de la humanidad, la atención de los habitantes de la Tierra. “Pero el Sol ofende los ojos al mirarlo, y los torrentes de luz que despide obligan a cerrarlos a los que los contemplan. La plácida Febe, más humana, se deja ver complaciente con su modesta gracia; agrada a la vista, es poco ambiciosa y, sin embargo, se permite alguna vez eclipsar a su hermano, el radiante Apolo, sin ser nunca eclipsada por él…”. Entonces ese magnetismo entre el ser humano y la Luna era “fácil” de capitalizar políticamente con una alunizaje, aunque los réditos no eran duraderos.

Una vez cumplido el objetivo, la carrera espacial hacia la Luna pasó a segundo plano. Hubo recortes presupuestarios, pero principalmente ya no era necesario llegar al satélite porque ahí no hay recursos naturales explotables. La atención de las potencias (y de sus científicos) está centrada en otros horizontes del espacio. La curiosidad científica es posiblemente el argumento para explorar el universo. Pero, hay razones que aún suenan a ciencia ficción apocalíptica.

Los reportes científicos que causan sensación en los medios son aquellos que anuncian el descubrimiento de planetas parecidos a la Tierra o la posibilidad de vivir en Marte. En la explicación simple se puede decir que perdura un afán de colonización, pero también está en el debate la necesidad de buscar más recursos para la supervivencia del ser humano. La mayoría de científicos está convencida de que el planeta enfrenta la sexta oleada de extinción. La última fue hace 65 millones de años, tras la caída de un meteorito en la península de Yucatán, con lo cual desapareció el 75% de las especies (entre ellas los dinosaurios).

La exploración espacial puede atribuirse al temor de que la vida en la Tierra peligra. La revista Science publicó recientemente un especial en el cual se dice que la actividad humana aceleró el fin de varias especies animales, es decir que la alta densidad humana provoca elevadas tasas de defaunación.
El encanto con la Luna quedó para el turismo espacial o para alimentar las teorías de conspiración. La semana pasada, en el aniversario 45 del alunizaje, la NASA presentó gráficas simbólicas de lo que será la llegada del ser humano a la Luna. En las ilustraciones se usa la huella de Armstrong en el suelo lunar y se mezcla con la superficie marciana. La NASA aún utiliza las imágenes del alunizaje, a pesar que su exploración cayó en el olvido.

La búsqueda de otros planetas habitables es otra alerta sobre la autodestrucción del ser humano. Los esfuerzos están encaminados a llegar a Marte, pero por la necesidad de tener un plan b cuando la Tierra entre en la etapa final de su oleada de extinción.

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