A propósito del Cuento del Mes

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Por Iván Rodrigo Mendizábal

En febrero de 2014, a los pocos meses que inauguramos este blog dedicado a la ciencia ficción ecuatoriana, inauguramos la sección “El cuento del mes”, el cual ha tenido hasta la fecha seis publicaciones.

La sección de hecho no estuvo pensada para este blog pero en la medida que comenzamos a recibir feedbacks de nuestros lectores, fue abierta para mostrar el trabajo creativo de escritores de ciencia ficción del país. Es así que abrimos con una colaboración del escritor cuyo seudónimo es Henry Bäx, “Adán XI”, cuento con el que se vislumbró una veta que hasta el momento seguimos aprovechando. Luego este aporte aparecieron en nuestro blog: “Madre e hija” de Fernando Naranjo Espinosa; “El peor escenario” de Pablo Terán; “La lección” de Juan Pablo Castro; “Utopía” de Eduardo Péndola; y, “Una chica como tú, en un lugar como este…” de Solange Rodríguez Pappe.

Hablar del cuento de ciencia ficción en Ecuador es una tarea nueva. A diferencia de la novelística sobre ciencia ficción en el país, donde hay claros ejemplos en este género, el cuento ha sido el que más se ha explorado por diversos escritores, con logros interesantes.

Los primeros cuentos o relatos podemos situarlos en el siglo XIX, particularmente escritos por Juan León Mera, quien, ahora para la historia, abre el camino de la ficción científica –el proto-género que anticipa a la ciencia ficción como literatura sobre el futuro– con tres trabajos: “Aventuras de una pulga contadas por ella misma” (1886), “Los prodigios del Doctor Moscorrofio” y “El alma del Doctor Moscorrofio” (ambos de 1887). Le siguen a éstos los cuentos de Francisco Campos Coello, “Viaje alrededor del mundo en 24 horas”, “Fata Morgana” y “La semana de los 3 jueves” (los tres de 1894). La vena verniana es recogida en algunos de estos trabajos.

De ese tiempo al siglo XX hay un gran salto en el espacio. Es evidente que hay que realizar una mayor investigación acerca de la producción cuentística del siglo pasado, cuestión que queda pendiente. Por ahora doy cuenta lo que se tiene, a sabiendas que lo que citaré también es algo parcial.

De acuerdo a lo anterior, son los cuentos de Carlos Béjar Portilla, en la década de 1970 cuando se retoma la ciencia ficción en Ecuador en el campo del cuento. Tres obras suyas hacen referencias a mundos del futuro: Simón el mago (1970), Osa mayor (1970) y Samballah (1971). Son libros de cuentos acerca de explotaciones mineras en el espacio exterior, relaciones con las computadoras y los robots, experimentación con genes, o sociedades donde el ser humano convive con otros seres extraterrestres.

Hacia la década de 1980 se debe situar el trabajo de Abdón Ubidia con sus cuentos Divertinventos o Libro de fantasías y utopías (1989). En este libro el tema es el tiempo, donde las tecnologías de rejuvenecimiento, de manipulación de imágenes, de fabricación de la realidad y experimentos con los libros, etc. son las predominantes. Le sigue un segundo volumen de cuentos, El palacio de los espejos (1996) que, entre otros, trata sobre la telepatía animal, los robots, los clones, la memoria. Un tercer volumen de cuentos continuando la línea fantasiosa y de ciencia ficción es La escala humana (2009) en torno al ser humano y la virtualidad.

Santiago Páez es otro escritor ecuatoriano quien ha cultivado la ciencia ficción desde la década de 1990, empezando con cuentos. Profundo en la galaxia (1994) es así un libro de cuentos donde se mezclan los viajes en el tiempo, el mundo utópico, el mundo mítico indígena y los elementos de la novela negra. Mientras que las historias se relacionan con las tecnologías que permiten cambiar la realidad o los viajes en el tiempo, el autor se enfoca en la dimensión humana inscrita en la historia y la sociedad. Aparte de su trabajo en novela, de Páez podemos citar también otro libro de cuentos, Aneurisma (2009) donde se encuentra “Magnutrón, superhéroe”.

Una de las escritoras más representativas de la literatura con sello femenino, Alicia Yánez Cossío también incursionó en la ciencia ficción con un libro de cuentos, El beso y otras fricciones (1999). El tema de los cuentos es la tecnología y la deshumanización en un mundo futuro; sus personajes tratan de encontrar la fórmula de la supervivencia en el amor.

En el nuevo siglo, el XXI, Ney Yépez Cortés aparece con sus libros de cuentos, Mundos abiertos (2001) e Historias ocultas (2003), los cuales se ocupan de temas míticos y fantásticos mezclados con el esoterismo. Igualmente Máximo Ortega Vintimilla con El hombre que pintaba mariposas muertas (2004), el cual contiene cuentos fantásticos acerca de personajes ultraterrestres, alucinaciones, historias fantasmagóricas que ligan dos tiempos, el del presente y el del futuro.

Otro autor que se consolida en el género del cuento es Jorge Valentín Miño. Es con Begonias en el campo de Marte (2005) donde es reconocido por su trabajo, además de los premios que ha conseguido. El escritor, por otro lado, publica periódicamente cuentos en forma independiente en blogs de su autoría.

Fernando Naranjo Espinosa, aunque se inicia en la década de 1990 con la novela de ciencia ficción, en el campo del cuento escribió Cuídate de los coriolis de agosto (2006), un libro acerca de las tecnologías que permiten los viajes en el tiempo y de los viajes interplanetarios, la maduración de una niña en el mundo postapocalíptico, la posibilidad de la comunicación con otros seres, la identidad.

Más recientemente J.D. Santibáñez compila el libro de cuentos Utópica penumbra (2013), publicado en Cuba, el cual mereció una nueva edición en Ecuador el presente año (2014). En él se encuentran los cuentos “Neblina” de Santiago Páez; “¡Despierta, es hora de trabajar!” de Leonardo Wild; “Las espinas son para usted; puede tirar las rosas al sanitario, si lo desea” de Jorge Valentín Miño; “Conozco a los seres humanos, y no me gustan cómo son” de Julie Jibaja; “Después” de Renata Duque; “Elecciones” de Alexandra Dávila; “Grado cero” de Gabriela Alemán; “El guardián y el mago” de J.D. Santibáñez; “Autorretrato” de María Leonor Baquerizo; “¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste?” de Solange Rodríguez; “El otro” de Fernando Naranjo Espinosa.

También se deben citar: Leonardo Vivar Ayora con La rebelión del silicio (2010) el cual es una colección de relatos de robots mezclados con lo místico, cuyo trasfondo es la exploración de la cordillera andina; Henry Bäx (seudónimo de Galo Silva B.) con El inventor de sueños, relatos de ciencia ficción (2011), sobre las tecnologías robóticas, el mejoramiento de la calidad de vida y sobre todo la posibilidad de engendrar vida.

Habría que decir que, aparte de los mencionados, se encuentran cuentos individuales de autores como los siguientes: Pedro Jorge Vera en ¡Jesús ha vuelto! (1978), publica “Los dioses”; Alejandro Carrión en La pavimentación del infierno (1983 y republicado en 1991), presenta “El espía”; Erwin Buendía publica en el suplemento Semana del Diario Expreso en 1985, “El reloj del fin del mundo”, el cual aparece en su libro póstumo Si alguna vez llegamos a las estrellas (2012); Isabel Izquierdo en Vivos, muertos, marcianos y otros cuentos (1987), “Manuel y los marcianos”; Ubaldo Gil en Trama sin utopía (1993), “Mujer poeta rarezas”; Ramiro Bascompte en Cotopaxi y otros cuentos (1998), “El último descubrimiento”; Alcíbiades Vega Malo en Labris (2000), “Proteínas”; Ramiro Arias Barriga en Un ángel entre los hombres (2000), “El misterioso hidalgo en la galaxia”; Miguel Donoso Gutiérrez en Imaginario para reinventar el tiempo (2001), “Sin final”; Luz Gabriela Rodríguez en Más allá de los sueños (2002), “Clon” y “Androide”; Juan Valdano en Juegos de Proteo (2008), “Jonathan Jus”; Pablo Cuvi en ¡Roba, Mantequilla! (2008), “El apostador”; Gabriela Cabezas Borja en Tus cuentos (2009), “Máquina del tiempo”; Augusto Rodríguez en Los muertos siempre regresan (2012), “El planeta XYZ”; José Rodrigo Sánchez en Dragos y otros relatos (2012), “Los objetos perdidos”.

Pues bien, lo anterior es un preámbulo a lo que iremos presentando esta semana. Se trata de una serie de aportes que algunos escritores ecuatorianos nos han hecho llegar. Creo que agosto, mes de fiestas, se merece una sección ampliada del “Cuento del mes”. Eso es lo que publicaré en esta parte para el disfrute de nuestros caros lectores.

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