Gabriela Alemán: Los finales felices no son muy interesantes

Gabriela Alemán firmando libros

Gabriela Alemán firmando libros

Por Lucía Lemos

(Publicado en la revista Rocinante #71, Quito, de septiembre de 2014, pp. 24-25)

Gabriela Alemán es una de las escritoras ecuatorianas con mayor producción, tanto en novela como en cuento. La muerte silva un blues es su último libro de cuentos, a propósito del cual conversamos sobre el tema.

¿Desde tus primeras publicaciones, sientes que tu estilo ha cambiado?

Yo comencé a publicar en 1996 y cada nuevo libro ha traído un estilo distinto.

¿En qué sentido?

Los dos primeros (Maldito corazón y Zoom) estaban muy ligados al relato fantástico y el estilo era acorde a la narración. Aunque lo fantástico sigue siendo un elemento importante en lo que narro, ahora también me muevo por otros terrenos.

¿Crees que la escritura de mujer ha avanzado desde el estadio de queja, a tratar temas universales?

Creo que los textos escritos por mujeres han abordado distintas temáticas desde muy temprano. Mary Shelley ya rozó la ciencia ficción y el horror a inicios del siglo XIX, Frankenstein o el moderno Prometeo no podría ser más universal.

Siendo el cine y la literatura géneros diversos, ¿cómo haces tú para unificarlos en tus relatos?

Hay ciertas historias que ganan con un relato visual que las acerca al cine, otras no. Dependiendo de lo que cuento, me acerco o me alejo a algo que podría funcionar no solo como texto sino como guión cinematográfico.

Luego de dos novelas, ¿por qué volver al género corto, al cuento?

Me encanta el género. Llevo siete libros publicados y cinco de ellos son colecciones de relatos. Nunca he dejado el cuento. El libro anterior, Álbum de familia, es también una colección de cuentos.

Tus cuentos del último libro dan mucha importancia a los escenarios geográficos, ¿tienes algún motivo especial?

Porque esos escenarios geográficos eran relevantes para la historia que contaba.

Quito y New Orleans son algunos de estos escenarios, ¿podemos decir que son parte de tu propia vida?

Son ciudades que conozco y en las que he vivido, pero si aparecen en los cuentos es por alguna razón especial. Quito es el centro de la historia tras el siniestro, a causa del “aterrizaje de los marcianos” y Nueva Orleans aparece en la historia de un hombre moribundo tras el paso del Huracán Katrina.

Ningún cuento tiene un “happy end”, ¿cuál es el motivo?

Los finales felices no suelen ser demasiado interesantes.

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