El cuento fantástico y la imaginación

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Por María Eugenia Lasso

(Publicado en suplemento Educ@cción, diario El Comercio, Quito, 9 de mayo de 2012)

¿Qué es lo que convierte en fantástico al siguiente cuento?

-¡Que extraño! -dijo la muchacha avanzando cautelosamente-. ¡Qué puerta más pesada!

La tocó, al hablar, y se cerró de pronto, con un golpe.

-¡Dios mío! -dijo el hombre-. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos han encerrado a los dos!

-A los dos no. A uno solo -dijo la muchacha.

Pasó a través de la puerta y desapareció. (I.A. Ireland).

No hay duda: una suma de eventos racionales y otros  irracionales -para los cuales no tenemos una explicación plausible- forman parte de nuestra existencia. Cuántas veces nos hemos sentido desorientados ante sucesos que rebasan nuestro entendimiento y nos retan a aceptar que existen dimensiones en donde los mecanismos regulares que utilizamos para esclarecer la realidad, no son suficientes.

Hechos que cambian su modo habitual de presentarse: objetos que se mueven sin motivo, olores extraños que nos envuelven; visiones repentinas que nos desorientan, intuiciones y  toda clase de sensaciones que trastornan nuestro entendimiento.

El  minicuento fantástico, es un tipo de texto literario que capta la contundencia y a la vez la fugacidad de este tipo de incidentes. Estos relatos se esfuerzan por dotar de un efecto de realidad a los acontecimientos irreales;  inducen al lector a pensar que lo imposible es posible, que los límites de lo racional son meras convenciones que pueden romperse de un solo trazo; por eso suelen causar en el lector: incertidumbre, inquietud y hasta desasosiego.

Ítalo Calvino dice que el cuento fantástico tiene el objetivo de representar las realidades que surgen del pensamiento subjetivo del ser humano con la misma dignidad de la realidad objetiva.

Los minicuentos fantásticos son extremadamente breves, suelen estar escritos en aproximadamente cinco líneas. En ellos se hace gala de la economicidad del lenguaje; para constituirse en una unidad de pensamiento, casi siempre necesitan de la participación del lector, quien debe llenar con su imaginación lo que sugiere el texto. Su anécdota es comprimida: cuenta una sola acción, a menudo sugerida o elíptica: alguien o algo que se asoma, se arrastra, pasea o golpea… Como diría Chesterton: un hecho, en un lugar limitado, con un número limitado de personajes.

Pero, lo que sobre todo caracteriza a este tipo de cuentos es su  poder para inducirnos en la vacilación; ante sus historias no sabemos si dar una explicación natural o científica a lo que acontece o dejar lo sucedido al plano de lo sobrenatural. Esta vacilación inducida es lo que hace al cuento fantástico, un texto tan fascinante para el lector.

En el cuento ‘Espiral’ del escritor  Anderson Imbert, un hombre que se encuentra en un estado aparentemente normal llega a su casa a la madrugada y al entrar en su cuarto se ve a sí mismo sentado en su cama.

¿Es posible? ¿No lo es?

Si bien la temática del cuento fantástico varía, todos poseen entre sí el imperativo de la duda, de la vacilación; es tomar como realidad aquello que se considera imaginario, poniendo en duda, incluso, la propia consistencia mental del lector.

Cómo escribir un cuento fantástico

Aprende de  los grandes escritores del cuento fantástico: Anderson Imbert, Cortázar,  Bioy Casares, Arreola, Monterroso, Galeano,  Pizarnik, Ana María Shua, Marco Denevi, Silvina Ocampo.

  • Describe un entorno verosímil y cotidiano.
  • Invade el lugar con un elemento sobrenatural.
  • Inventa un personaje como sujeto  receptor del elemento sobrenatural.
  • Busca que alguno de tus personajes sea un ser como tú, pero situado súbitamente ante la presencia de lo inexplicable.
  • Determina el orden de las acciones.
  • Usa  el recurso de la tensión y del suspenso.
  • Piensa en tu cuento como en un momento irrecuperable, un mundo aparte, a donde las leyes naturales no lleguen.
  • No ofrezcas ninguna explicación de lo sucedido, deja  al personaje y al lector en un estado de duda y de perplejidad.

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