Los cuentos de Solange

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Por Clara Medina

(Publicado en La revista dominical del diario El Universo, Guayaquil, el 7 de septiembre de 2014)

Solange Rodríguez no cuenta realidades, pero lo que cuenta es tan convincente que el lector inmediatamente hace con ella un pacto de credibilidad.

Expliquémoslo mejor. Cierto es que toda ficción es una construcción. Y ella escribe ficción. Sin embargo, su construcción ficcional se basa en lo fantástico, en lo improbable. En eso que desordena lo convencional, el aquí y el ahora. Y explora lo otro.

Aunque en la vida cotidiana, en esa que habitamos los lectores, lo que cuenta esta escritora no sea factible –o creamos que no lo es–, en las páginas de sus libros sí lo es. Todo es perfectamente creíble. Rodríguez configura unas historias asombrosas pero verosímiles e inquietantes.

Su nuevo libro de cuentos, La bondad de los extraños –una obra que publicaron recientemente La Caracola Editores y Cadáver Exquisito Ediciones–, tiene una muestra de aquello. Posee un toque fantástico. Hay mujeres diminutas que habitan en las patas de un sofá, o humanos que ocultan su apariencia en extrañas formas para no parecer humanos, o una mujer que se finge muerta para experimentar lo que es la muerte. O gente que habita en un tiempo indescifrable, apocalíptico, que entierra los libros como último resquicio de la civilización.

En los cuentos de Rodríguez todo parece un juego. Una lucha. Una apuesta. Un desordenamiento para buscar otro orden. Para configurar nuevos sentidos. Sus personajes se mueven en distintos tipos de libertades o de aprisionamientos y derrotas. Y el amor no es, necesariamente, una convención heterosexual. Cada historia deja una puerta abierta, que quizá lleve al lector a una autointerpelación.

La bondad de los extraños es el sexto libro de Rodríguez, autora nacida en 1976 en Guayaquil y máster en literatura hispanoamericana por la Universidad Andina Simón Bolívar. También ejerce el periodismo y la cátedra. Realizó su licenciatura en Literatura en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, en una etapa en la que compartió aula con estudiantes como Luis Carlos Mussó, Ángel Emilio Hidalgo, Mariela Manrique, María Fernanda Ampuero, María Paulina Briones, entre otros. Hoy, esos nombres, junto con el de Solange Rodríguez, configuran una parte del universo literario ecuatoriano.

El libro La bondad de los extraños, cuya pasta es de color verde oliva, ubica a esta escritora como una de las más originales representantes de la literatura que en estos momentos se escribe en esta parte del Ecuador.

 

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