La bondad de los extraños de Solange Rodríguez

bondadex

Por Alicia Ortega, Crítica literaria

(Publicado en el suplemento Cartón Piedra del diario El Telégrafo, Quito, el 15 de septiembre de 2014)

El reciente libro de Solange Rodríguez, La bondad de los extraños (Antropófago/ Cadáver Exquisito ediciones), reúne diecisiete cuentos que pueden ser definidos como fantásticos, en tanto conducen la trama narrativa hacia episodios que colocan de lleno a los personajes en contacto con aquello que se conoce, de la mano de Cortázar, como “el territorio de lo otro”, un mundo en donde tiene cabida lo insólito, lo extraño, aquello que se intuye oculto tras una puerta cerrada. Lo fantástico, sin embargo, no excluye lo real: crea mundos posibles como espacios alternativos. De allí que los cuentos escritos en clave fantástica suelen poner énfasis en la posibilidad de transitar entre ambos mundos: entre aquel fácilmente aprehensible con la razón y un dominio no entendible por medios racionales. Es así que la representación del umbral —una puerta, un armario, un espejo, un orificio— garantiza justamente el tránsito de un ámbito a otro. ‘La profundidad de los armarios’ es un ejemplo en el sentido anotado. El narrador protagonista experimenta ‘el llamado’ a explorar el territorio escondido: entrar al armario y dejarse perder a través de pasadizos. Mirar bajo la cama o abrir la puerta de un armario para cerrarla desde adentro se revelan como actos que simbolizan la posibilidad de tocar el otro lado, de atisbar mundos posibles y paralelos, de experimentar formas alternativas de percepción y conocimiento: la irrupción de lo desconocido ocurre así casi sin ser advertida, en el transcurso del tiempo doméstico y desde una abertura cualquiera. La experiencia del ‘llamado’ cifra quizá un atávico deseo humano de dar con el aleph, llevar una vida secreta o asir la promesa de recuperar el paraíso perdido.

1.- Mujeres

Todo hombre con pinta de bueno (esos que usan corbata los domingos, por ejemplo)

tiene a una loca de amor bajo la cama, en el clóset, en la estufa; o dos, como mínimo.

‘El pabellón de las locas de amor’

En ‘Autodiagnóstico’, la narradora en primera persona, luego de perder la movilidad de sus piernas, convaleciente aún en el hospital, invierte su energía en “echarle ganas a la muerte”. El diálogo entre pacientes difumina las fronteras que distinguen salud y enfermedad, vida y muerte, realidad y sueño, para devenir en un coro que atraviesa diversos estados del existir. ‘Pequeñas mujercitas’ pone en escena el mundo de los pequeños seres. En varios rincones se acumulan cosas que con el paso del tiempo devienen basura. Se trata de un mundo de objetos que pasan de la colección a la ruina. Frente a una cotidianidad hecha de objetos desechables, sobresale a menudo una narradora protagonista dispuesta siempre a espiar y hurgar. Así, esta descubre bajo un sillón de la casa paterna una ciudad poblada por diminutas mujeres hedonistas. ‘Calamidad doméstica’ es una reescritura del clásico ‘Barba azul’ que propone una percepción del espacio en términos duales: el mundo de arriba y el de abajo, el sótano, prisión de las mujeres del amo, quienes introducen la pregunta por el deseo en clave femenina.

Sabemos que el trabajo con lo fantástico, lejos de suponer una ruptura con lo real, articula una mirada crítica sobre él. En la escritura de Solange se advierte la irrupción de lo fantástico en medio de una realidad con marcas de una subjetividad femenina; construye personajes femeninos atravesados por la certeza de no poder ser mujer de una sola manera. Dado que los cuentos fantásticos son portadores de un sentido metafórico, intuimos que la pregunta por la condición femenina, en clave fantástica, se convierte en instancia dinamizadora de este proyecto de escritura.

2.- Postapocalipsis

En más de una oportunidad la crítica ha señalado que ninguna fantasía o utopía puede forzar los límites de su mundo y de su tiempo, pues toda invención está necesariamente referida a una realidad inequívoca. ‘¿Qué hace una chica como tú en un lugar como este?’ participa de la denominada ficción prospectiva, afín con las preocupaciones de la autora, literatura postapocalíptica. En este cuento, luego de una ‘gran peste’, los seres humanos están lejos de ser la especie más querida de la Vía Láctea. Disfrazados de vegetales o minerales, los humanos se ven forzados a camuflar una naturaleza percibida como peligrosa para la supervivencia de la vida, pues en su dimensión más carnal delata su presencia, hecha de olores, salivas, bacterias, lágrimas, risas, que cifran diversas modalidades de pasión, concebida como el peor defecto humano por los cultivadores de la asepsia social en el nuevo orden. ‘La culpa está en la mano izquierda’ imagina también una sociedad altamente maquinizada que ha logrado expulsar la espontaneidad de los gestos cotidianos y afectivos en favor de una tecnología del cálculo y la precisión. En este relato, un temblor de manos traiciona al vendedor de fantasías, un falso ‘arcadista’ que simula gozar de los ‘ritos viejos’, en un mundo que ha olvidado toda posibilidad de contacto humano real. Estos cuentos —a los que habría que añadir ‘Confeti al cielo’, ‘Arte natural’, ‘El peor apocalipsis’— hiperbolizan situaciones de nuestra ‘modernidad líquida’, tal como ha definido al mundo de hoy el filósofo Zygmunt Bauman. Esta metáfora de la liquidez corresponde a un mundo cambiante, signado por la licuefacción del lazo social, la extrañeza de los otros, el predominio de los mecanismos de vigilancia y control, el miedo como un modo de habitar las ciudades contemporáneas, donde la tecnología desterritorializa día a día afectos, saberes, identidades. Afirma uno de los personajes de ‘La culpa está en la mano izquierda’: “somos millones de humanos y estamos solos, buscamos desesperadamente gente amable en redes de citas, en cabinas de sexo, en amigos de alquiler”.

3.- Erotismo

En otros cuentos, la experiencia con ese otro lado responde a una matriz diferente: lo prohibido y la transgresión responden al deseo erótico. Georges Bataille ha reflexionado acerca de los vínculos entre erotismo y conciencia de la muerte: “Es evidente que el desorden sexual no nos produce lágrimas, pero siempre nos trastorna, a veces nos devasta y una de dos: o nos hace reír o nos compromete en la violencia del abrazo. (…) es a causa de que somos humanos y de que vivimos en la sombría perspectiva de la muerte, que conocemos la violencia exasperada, la violencia desesperada del erotismo”(1). ‘El juego del monstruo’ interroga los no límites del juego erótico que, en la arbitrariedad de sus propias reglas, cuida bien de su cumplimiento. Toda práctica de transgresión tiene sus ritos, su momento y su lugar. Este cuento trabaja el motivo de la caza erótica, la necesidad del desorden en el deseo aun a costa de la muerte. A partir de ‘Cuarto oscuro’ nos preguntamos cuándo el encuentro erótico deviene juego de violencia y muerte: el cortejo animal entre extraños nos permite indagar sobre el desasosiego frente al mal y la placentera entrega al dolor.

En suma, La bondad de los extraños es un libro de relatos fantásticos, de amplio registro y diverso aliento. La autora revela un oficio que sorprende y cautiva al lector en el encuentro con lo inesperado. El libro cifra muchas cosas: mujeres subterráneas, ciudades postapocalípticas, pequeñas mujeres que trepan fascinadas por un falo, extrañas colecciones, cacerías sangrientas, viajeros de armarios, locas enfurecidas de amor; un fascinante y rico universo que invita a perderse en él.

Notas:

1.- Bataille, G. (1968). “La conciencia de la muerte”, en Las lágrimas de eros. Córdoba: Ediciones Signos, p. 18-19.

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