Las mujeres viajeras no escuchamos cantos de los hombres sirena

solbonex

Por Miguel Lupián

(Publicado en el blog Penumbria.net el 1ro. de octubre de 2014)

Miguel Antonio Lupián Soto. Ex alumno de la Universidad de Miskatonic, feligrés de la iglesia Cthulhiana y devoto de San Lemmy. @mortinatos

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La bondad del internet es que puedes tener contacto con extraños de cualquier parte del mundo. Extraños que comparten tus gustos y obsesiones. Extraños con los que tienes más cosas en común que con tus primos. Extraños que te hacen ver que no eres el único extraño…

Uno de esos extraños es Solange Rodríguez Pappe: “(Guayaquil, 1976). Master en literatura hispanoamericana que ha encontrado en lo fantástico y lo extraño una línea de interés para sus investigaciones y su escritura. Periodista y docente dada a los experimentos creativos. Seis libros de cuentos publicados desde el año 2000. Tiene un gato llamado Mackroll. Cree que pronto vendrá el apocalipsis”.

Si has leído las antologías de cuento de Penumbria, seguramente te sonará su nombre. Solange publicó los cuentos “Pequeñas mujercitas” (Penumbria 16) y “La profundidad de los armarios” (Penumbria 18), ambos incluidos en La bondad de los extraños.

De primera instancia, el título del libro -La bondad de los extraños- no promete situaciones fantásticas, pero si pones atención, detrás de “extraños” (esa palabra-espejo) encontrarás los ojos refulgentes de una criatura que aguarda el momento preciso para hincar sus colmillos en tu cuello.

Una vez superada esta primera impresión, encontrarás que lo fantástico tapiza todas las paredes de los cuentos-habitaciones que conforman la casa sin puertas que construyó Solange.

Casa amueblada con un estilo claro y preciso, con una prosa bella y elegante y, sobre todo, con una honesta perspectiva de género. Así, la voz femenina de Solange retumba en nuestros pechos con historias como la minificción que le da título a esta reseña (“Primera hoja de la bitácora”) y “El pabellón de las locas de amor”, brevísimas historias seriadas que me hicieron recordar la Casa de geishas de Ana María Shua:

Del pabellón de los hombres locos de amor no tenemos noticias; se dice que es una fábula, un imposible, un mito o un espanto.

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Mi favorito (aunque tengo que recalcar que el nivel del libro se mantiene muy alto) fue “Calamidad doméstica”, una gran historia contada en pequeños cuentos. Una micronovela, como suelo referirme a este tipo de experimentos. Así como Emiliano González se preguntó ¿qué sueña la bella durmiente? para crear su extraordinario libro Los sueños de la bella durmiente (1978), Solange se pregunta ¿qué pasó con las mujeres de “Barba Azul” (Charles Perrault, 1697)?, entregándonos un puñado de historias maravillosas con un mensaje claro y contundente:

Hay mujeres que no se ven, mujeres en los aljibes, mujeres bajo las camas, mujeres bajo la tierra, mujeres subterfugias, mujeres en los cajones, mujeres topo que han nacido así y no tienen idea de cómo ir hacia la superficie, mujeres chapoteando en las alcantarillas, ratas que tienen caderas y sexo de mujer, mujeres enterradas que, como yo, se descomponen lentamente… (La vida en las cisternas)

De eso siempre se ha tratado el querer a alguien, lo aprendí. De poner tu cuello entre sus dedos y esperar que asfixie para desfallecer sobre su pecho. De poner un cuchillo entre sus manos y esperar que no te corte. De eso se trata el amor. (Descripción del amo)

Las mujeres del sótano tenemos problemas con nuestra temperatura, estamos frías, somos muy blancas, poseemos el instinto de los topos y el pelo muy negro. En todo hogar respetable suele haber una mujer arriba y dos o tres mujeres en el sótano para los malos tiempos. Así son los hombres de frágiles. (Condición de la habitante)

La ciencia ficción tiene una habitación reservada en el ático con cuentos como “¿Qué hace una chica como tú, en un lugar como este?” (que me hizo recordar a Estación de tránsito de Simak y cuyo epígrafe de Óscar Hahn me sonó a “Metro Balderas” de Rockdrigo González) y “La culpa está en la mano izquierda” (dedicado a nuestra compatriota Cecilia Eudave).

Las historias apocalípticas (encerradas bajo llave en el sótano, por supuesto) no podían faltar: “Confeti en el cielo”, “El peor de los apocalipsis”…

El hombre y su espacio sufrirán de un apocalipsis donde el estado de las cosas permanecerá tal cual lo percibimos, sin progresión ni contraste, inamovible por los siglos de los siglos.

Los gritos de terror reverberan por los pasillos abovedados con cuentos como “Arte natural” (que podría ser un gran cortometraje) y “El juego del monstruo (que me hizo recordar a “Lucy y el monstruo” de Ricardo Bernal).

Y más habitaciones que no dejarán de sorprenderte.

Ojalá la editorial tenga la bondad de publicarlo en formato de ebook, pues este libro merece ser leído por todos los extraños del planeta.

***

Como dato anecdótico, en el 2011 participé en el “Encuentro nacional de narrativa” (Tlaxcala), donde se hicieron postales que incluían, de un lado, el fragmento de un cuento del autor invitado (en mi caso se trató de “El regalo”), y del otro, una ilustración inspirada en el cuento (por Octavio Juárez). Este fue el resultado:

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La semejanza con la portada de La bondad de los extraños (Alberto Sánchez Argüello) es fantástica. Intuición y coincidencia, diría Emiliano González.

Por último, las CEO de Penumbria, La Cobra y Lolita, se unieron a la campaña de difusión de La bondad de los extraños con esta foto:

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