La literatura y la política en clave de humor

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Por Santiago Estrella G. / Redactor

politica@elcomercio.com

(Publicado en diario El Comercio, Quito, el 9 de noviembre de 2013)

Dos autores Luis Eduardo Vivanco estudió periodismo en la UDLA, además realizó una maestría en el diario español El País. Ahora es jefe de información en el diario La Hora y profesor en la UDLASantiago Páez es profesor de Comunicación y Literatura de la Universidad Católica de Quito. Ecuatox® es el decimoséptimo libro que Páez publica después de ‘Profundo en la Galaxia’. También tiene estudios en Derecho en la PUCE y Antropología, en España.

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Dos libros que testimonian desde la política los tiempos que se vive en Ecuador acaban de llegar a las librerías. Santiago Páez, uno de los referentes en el país de la novela policial y de ciencia ficción, publicó ‘Ecuatox®’; y el periodista Luis Eduardo Vivanco, con una antología de columnas de opinión: ‘Que te vaya bonito’; ambos impresos por el sello Paradiso Editores.

Son volúmenes de distinta naturaleza. El de Páez pertenece a la literatura; el de Vivanco, al periodismo. Pero tienen un punto en común: el humor.

Ya desde el título, con el símbolo de marca registrada, Páez coloca al lector en un tiempo aún desconocido, pero no por ello irrealizable. En el año 2227, el viajero Segon González, diácono de la Iglesia Universal Chavista Absoluto (IUCA, por sus “sagradas siglas”), llega a un país llamado Novo Ecuador, que vive bajo el régimen de la Revolución Estacionaria. Y si de IUCAS se trata, la portada del libro de Vivanco es lúdica: un dedo medio cercenado, recuerdo de ese incidente, que ya ha perdido vigencia mediática, entre el Presidente de la República, Rafael Correa, enojadísimo por la “bayoneta” del cantautor Jaime Guevara.

Libros que pertenecen a diferentes géneros bien pueden tener un origen común: los dislates de la política, sus generadores y sus seguidores. La idolatría a un líder omnispresente devuelve al lector al universo que presentó George Orwell en su novela ‘1984’, en donde se puede experimentar las paranoias que viven aquellos que ostentan el poder. Novo Ecuador es un país que tiene a un presidente, por llamarlo de alguna manera, que en realidad tiene una diversidad de títulos: Amadísmo Primer Mandatario, Líder Esplendoroso, Guía Sapientísimo y Ejemplar “y, por encima de todo, Brazo Rabioso Exterminador de todos los Caretucos”. Pero en realidad, ese líder es un cyborg, porque ese país no podía perder a un hombre tan preclaro que supo cambiar aquel país que en otro tiempo se llamó Ecuador. Elementos para reír a carcajadas sobran en la novela de Páez, aunque también deja ese desconcierto que se supone vivir con una Policía Pedagógica, que da constantes cachetazos a quienes se atreven a desviarse de los principios de la Revolución Estacionaria.

El dólar, obviamente, no es la moneda nacional, sino el Yuan. A todos se los instalan chips de una nueva conciencia histórica; la academia manipula los textos históricos y hay un “boulevard de los falsarios” para recibir los títulos sin tener que pasar por la universidad.Nada más hilarante que las explicaciones científicas de cómo la explotación petrolera del Yasuní en realidad purifican el aire, según cables de la Agencia de Noticias Dictadas, Impuestas y Suscritas (Andis).

Novo Ecuador supo descubrir que a los europeos les gusta el agua mineral embotellada. De ahí nace el emprendimiento Ecuatox®. Pero está destinado al fracaso porque no es agua mineral sino proveniente de la minería a cielo abierto, para disgusto de los europeos por sabor, color y olor.

Por su parte, Vivanco es uno de esos felices descubrimientos que da la prensa. Sus artículos de opinión provienen de un joven que desde siempre se interesó en la política. Se ríe constantemente de las amenazas presidenciales, de los juicios a los periodistas, del considerar a los comunicadores como parte de una conspiración. “Me pongo a mirar y veo que solo somos unos llamingos. ¿Cómo podría hacer yo si el Presidente decide enjujiciarme por USD 40 millones o por un millón? No solo que soy un tipo que apenas llego a fin de mes (con el salario), como casi todos los periodistas, sino que apenas irían a apoyarme en el juicio mi madre y unos dos amigos que tengo”.

Vivanco hace un periodismo que quiere convocar a los jóvenes para que piensen la política; que no se ubica, como muchos quieren creer, en el lugar de la oposición, sino que debe ser siempre crítico. Y se critica todo y a todos: desde la prohibición a la parranda los domingos, a Jaime Nebot, la apropiación de la figura de Eloy Alfaro, hasta las “encuestas de taxi” en donde el correísmo perdería todo, pero siempre sale ganador. Pero el poder es efímero, recuerda Páez, con el soneto ‘Ozymandías’, de Percy Shelley, sobre la estatua del poderoso rey al que todos temían, cuyas obras contemplabarían por siglos y que, con el paso del tiempo, solo quedan ruinas.

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