Crónicas de Quito del futuro

Quito night

Por Iván Rodrigo Mendizábal

No he querido ser indiferente a las fiestas de celebración de la fundación de la ciudad de Quito. Ciencia Ficción en Ecuador, por ello ha publicado cuatro relatos o crónicas –o como quieran tomarlo ustedes– que miran a Quito proyectado en el futuro. Se trata de cuatro visiones distintas acerca de cómo la ciudad puede ser… es decir, hipótesis ficcionales.

La proyección de imaginarios al futuro es un aspecto de la ciencia ficción. Uno de los más grandes escritores norteamericanos de éste género, Philip K. Dick, en el ensayo, “My definition of science fiction” (1981) –compilado por Lawrence Sutin en The shifting realities of Philip K. Dick, selected literary and philosophical writings (1995)–, donde trata de definir su punto de vista plantea que las historias de ciencia ficción no tienen que ver con viajes en el futuro –los cuales se definen como aventuras espaciales–, aunque aparezcan tecnologías fantasiosas hoy no conocidas. Lo que importa en ellas, en su opinión, es que aparezca una sociedad ficticia, no conocida pero que refleja nuestra sociedad. Así, tal reflejo actuaría como un salto, como una imagen mirada en sesgo, donde la sociedad mostrada es alterna.

Quizá los planteamientos de Dick se ajustan a lo que mostramos respecto a Quito: un tipo de sociedad ficticia, ideada por los escritores, pero que en cierta medida refleja también la realidad contemporánea. Está claro que la literatura, por más anclaje en la ficción, en mundos otros, con sus propias lógicas, siempre está conectada, de alguna manera, con algún aspecto de la realidad, aunque esta no necesariamente se muestre como tal.

Las cuatro visiones, en este sentido, operan como ficciones de futuro, de proyección de preocupaciones a algún futuro próximo o lejano. Este aspecto proyectivo nos pone en un mundo posible con intenciones incluso anticipatorias. La idea es trascender al tiempo presente y mirar al futuro, como si se tratase de una ventana que se abre hacia un horizonte que se sabe devendrá, pero del cual todavía no se tiene una certeza aunque posibilidades de imaginación. La “crónica del futuro”, para decirlo de otro modo, relata con un cierto esquema formal, tratando de ser “objetivo”, acerca de lo que el escritor cree que puede derivar un hecho desde el cual ha tomado su punto de partida. Incluso, sin seguir este último escenario, el escritor de ciencia ficción, “pareciera” que estuviere presente en ese futuro y nos hace un relato de lo que aparentemente ha visto, insertando además su opinión. Se podría decir que el escritor de ciencia ficción, en cierto modo, mediante la crónica del futuro, hace una especie de “periodismo interpretativo”, es decir, poniéndose ante el lector como un informador y como un intérprete de ese futuro que está ante sus ojos.

Pues bien, el reto de los textos presentados más o menos podrían verse de dicho modo.

Por ejemplo, “Sueño y pesadilla de Quito” de Alfonso Espinosa Andrade fue escrito en el contexto de una revista de divulgación cultural promovida por la pasada gestión municipal de Augusto Barrera. Su valor, independientemente que haya promovido la visión futurista que estaba también en el ideario de dicho alcalde de Quito, es literario, en la medida que postula dos entradas, al modo de un texto con dos resoluciones, que deja abierto a la imaginación y a la elección a lector.

El primer escenario es fundamentalmente utópico: el narrador se sitúa en el 2022 y desde allá hace una proyección a futuro. Se trata en este caso de una prospectiva que idealiza lo que será la ciudad hacia 2034, donde se muestra, en efecto, una ciudad activa, ultramoderna, de vivencia ciudadana, culturalmente ejemplo para el mundo, ecológica y sobre todo, incluyente. La visión prospectiva de la primera parte de “Sueño y pesadilla de Quito”, de hecho dibuja un mundo futuro utópico gracias a lo político, campo para el cual lo inmediato no está en lo próximo, sino en el horizonte de expectativas de largo plazo.

Contra la imagen utópica de Quito, está también lo distópico. Se trataría en este caso de una ciudad pesadillesca, producto de una mal habida apuesta política. Como un espejo invertido, lo pintura utópica expone a un mundo cuasi apocalíptico, en el que impera la violencia, hay polución, donde la burguesía se ha hecho cargo del devenir local –y nacional–, logrando el deterioro, social, cultural, educativo, etc. de Quito y Ecuador.

Es evidente el contraste. Espinosa Andrade, entonces, recurre a que el lector elija el camino de las historias. Este recurso integrado ahora en los relatos multimediales –como en ciertos videojuegos–, en efecto, produce una actitud cognitiva consciente que promueve la actitud crítica.

Cabe anotar que el relato de Espinosa Andrade tiene dos elementos gráficos futuristas que son dignos de analizar. El uno es del diseñador gráfico quiteño Kiko Rodríguez, titulado “2030”, un póster ilustrado, el cual pone en evidencia los dos tonos de “Sueño y pesadilla de Quito”: el claro y el oscuro; el primero en el horizonte donde está la ciudad, una especie de teleférico-globo; el segundo, la calle oscura de donde dos niños tratan de escapar en sus bicicletas. La visualidad del póster es interesante en tanto da pistas del sentido en el que se tendría que leer la crónica ficticia de Espinosa Andrade. El segundo elemento gráfico es también del diseñador gráfico y artista Fabián Patinho, muy conocido por sus historietas en un diario local. El gráfico de Patinho está realizado en blanco y negro, concordante con la segunda parte del relato: mundo atestado y dominado por saqueadores y delincuentes.

Quito 2030, ilustración para revista Quito; Kiko Rodríguez (http://www.kikoplastic.com/home.html=

Quito 2030, ilustración para revista Quito; Kiko Rodríguez (http://www.kikoplastic.com/home.html=

Ilustración: Fabián Patinho

Ilustración: Fabián Patinho

Diego Pérez, cronista y escritor, nos plantea en “Quito 2022” más bien una visión completamente pesimista, apocalíptica del futuro de Quito. Es posible que en el momento de la escritura del texto, publicado como opinión en un diario citadino, los niveles de delincuencia e inseguridad que se vivía hayan aleccionado a Pérez a escribirlo. En efecto, el contexto social, el probable desajuste que generaba la recuperación del espacio público, el control del parque automotor en Quito, etc., es lo que está detrás de este texto que ironiza a una gestión municipal, a una gestión de gobierno, a la manera en que los quiteños han tenido que adaptarse a estas y otras situaciones.

Pero si seguimos el juego literario proyectivo que tiene “Quito 2022”, nos damos cuenta que el relato es el de un mundo descontrolado. El “formato” que elige Pérez es el de una especie de informe de un guión de una película futurista. Entonces, la descripción de ese Quito futuro, mediante las imágenes narradas –tres escenas fundamentalmente–, son extremas. De este modo, Quito no ha “progresado”, y más bien se ha vuelto una ciudad invivible, los citadinos viven al borde la locura y, peor aun, su vida está además amenazada por el hampa que se ha hecho dueña de la ciudad. Pérez, decía, ironiza y con este término quiero decir que intenta poner de relieve los problemas más álgidos de gobierno, aunque de modo problemático. Se puede reconocer en ello, una visión desfuturizadora intencionada sin salida, una tesis sobre un Quito destruido social y políticamente al cual los quiteños asisten, cual espectadores, a observar sin tomar partido. Por lo menos el autor intenta ser, en este sentido, crítico y motivante, pero no por ello pesimista y severamente crítico.

“Viaje a la ciudad de los apestados” del escritor José Luis Barrera es menos intencionado, pero no por ello también picante, dado que explora el humor en el estilo esperpéntico. Estamos en un Quito de 2134 donde la peste se ha tomado la ciudad. Ésta ha sido abandonada por las autoridades y allá quedan los apestados de la risa. El narrador es una especie de periodista que llega a la ciudad tras conseguir los papeles necesarios. Luego todo deriva en el absurdo. Pues el periodista no logra pasar el control militar-policial porque los oficiales no se ponen de acuerdo y a la final también son reducidos por la peste.

Es un relato sencillo en el que el conflicto está en que la peste de risa nos sitúa en una ciudad de Quito aislada, determinada o controlada por un poder dictatorial. Por paradoja, es en esta ciudad donde todo el mundo se mata de risa de lo que pasa. En esta vuelta de tuerca está precisamente el humor, pues se trata de mostrar un Quito que ha sido destruido moralmente pero que, gracias al giro, más bien tal situación se presenta como una fortaleza: el quiteño, con su humor, incluso en el futuro, seguirá siendo el artífice de su propio destino, no obstante cualquier tipo de gobierno prevalecienet. Barrera, de este modo, cree en el poder del chiste y del humor como modo de existencia y de enfrentamiento de problemas.

El texto de Barrera de cierto modo recuerda a uno de los primeros relatos de anticipación científica o ficción científica ecuatoriana del siglo XIX de José Antonio Campos, “La isla de los locos” (1893). En éste un viajero llega a una isla donde todos lo que están allá son calificados de locos: oradores, profesionales, sabios, etc. Como el texto de Barrera, el de Campos, es una anti-utopía, donde el contraste loco-ignorante es interesante; pues quienes ignoran de las ciencias y las técnicas difícilmente podrán comprender a los letrados y peor gobernar.

Finalmente está el relato del escritor ecuatoriano Abdón Ubidia, una de las más importantes plumas del país, quien en su momento incursionó también en la literatura de ciencia ficción con ciertas series de cuentos.

En “Quito 2050 (texto fantástico)”, Ubidia es también anti-utópico como José Luis Barrera. Se trata de una especie de testimonio de cómo Quito se ha transformado: la mala copia impera, afeando la ciudad; todo se ha mimetizado en el suelo y la montaña, haciendo que se estropeara la característica urbana de la ciudad antigua y moderna; el Pichincha que luce como abandonado, como despersonalizado, como negado en el corazón de los quiteños; la primacía del trabajo robótico mecanizado por sobre el trabajo natural del ser humano, contribuyendo, paradójicamente a un cambio medioambiental de proporciones problemáticas; construcciones artificiales en el seno de la ciudad…

“Quito 2050 (texto fantástico)” como testimonio del futuro advierte que el sueño sobre Quito no se emparenta con los artificios de la planificación socio-política: de cierto modo, todo proyecto erigido desde instancias institucionales, sean las que fueren, siempre traicionan los sueños de sus habitantes. ¿Se trata de una visión también pesimista? Probablemente Ubidia nos esté alertando la necesidad de reintegrar a la ciudadanía en la discusión, en la planificación, en la ideación de la ciudad.

En resumen, los textos futuristas sobre Quito son anti-utópicos. Y esto me lleva a la pregunta: ¿Qué circunstancias han hecho que las imágenes de lo posterior de la ciudad de los quiteños se hayan visto contaminadas por la desfuturización?

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2 pensamientos en “Crónicas de Quito del futuro

  1. Buenos dias, si en algo concuerdo es en la vision anti-utopica de Quito, aunque yo le agregaria, los elementos sugeridos por un post anterior que aparecio aqui en mi e-mail que toma en cuenta el calentamiento global. Hago la proyección de esto en base al analisis de lo que estan haciendo los gobiernos mundiales manejados por políticos democratas, ya que en el último informe del comite internacional de cientificos y tecnicos se hace una seria advertencia sobre el limite que hemos alcanzado en cuanto a que aun podemos revertir este cambio, pero parece que no hay gobernantes a la altura del desafio y parece que los duenios del capital no les interesa y muestran una avaricia extrema para afrontar el cambio. Aqui falta una dimension muy importante la produccion y el manejo de la energía. Nada se habla al respecto, muy pocos gobiernos se han interesado en ello. Pues el petroleo como sabemos tiene los días contados. Paradójicamente los que han destruido y robado e inclusive eliminado a los inventores y tecnicos que han buscado fuentes alternas de energía son los que quieren evitar que se democratice su produccion, en el fondo es cuestion de poder economico y de seguirnos manejando al antojo de esa elite de magnates que por ellos mientras seamos mas ignorantes mejor y en especial sobre esta cuestion fundamental de vida y para el futuro de la humanidad.

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