Aritmogénesis

experimental_black_white_numbers_by_geoffmyers

Por Oswaldo Encalada Vásquez

(Cuento perteneciente a Bestiario razonado e historia natural, recuperado de Revista electrónica de poesía: Círculo de Poesía, publicado el 25 de diciembre de 2009)

Oswaldo Encalada Vásquez nació en Cañar, Ecuador en 1955. Doctor en Filología por la Universidad de Cuenca. Profesor de la Universidad del Azuay y del colegio Manuela Garaicoa de Calderón. Escritor, crítico y ensayista. Ha publicado hasta el momento 18 títulos que incluyen cuentos, novelas, ensayos en el campo de la lingüística. Sus últimos diez libros son las siguientes: Diccionario para melancólicos, Quito, 1999. Crisálida, Universidad de Cuenca, 2000. Diccionario de toponimia ecuatoriana (cinco tomos), 2002. Bestiario razonado & Historia natural, 2002. Imaginario (relatos en edición conjunta con Eliécer Cárdenas), 2002. Diccionario de la artesanía ecuatoriana, 2003. Palabra derramada (breve antología personal), 2004. El jurupi encantado (literatura para niños), 2004. La fiesta popular en el Ecuador, 2005. Diccionario de la vista gorda, 2007.

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

En medio de este golfo de palabras nací, en medio de oleajes y tormentas que amenazaban a cada instante con la fractura de la nave, con la ruina y el abismo. Por eso debía buscar a cada paso una ocupación que llenara los espacios que iban quedando vacíos en el calendario y en el alma. Por eso continúo y digo:

Es tradición celebrada entre los doctores del Talmud, que Dios creó también otros mundos, diversas manifestaciones de lo sensible y lo inteligible. Se asegura -aunque no se citan documentos ni razonamientos adornados con certezas superfluas- que Pitágoras conoció estas tradiciones.

Lo cierto es que el Gran Hacedor creó un día los números. Hizo en primer lugar el uno, que era todavía como un universo de oscuridad. Luego, en otro día, dividió el uno en dos partes y dijo que sea el dos el tiempo de la luz y el dominio del sol. Que el uno sea el reino de la noche, el dominio de la luna y su corte de estrellas. Más tarde fue creado el tres. Luego vio el Señor que todo era bueno y muy bueno por lo que decidió continuar con su obra. Creó el cuatro y el cinco para que cada uno de ellos fuera la compañía del otro: el dos con el cuatro, el cinco con el tres. El cuatro y el dos formaron una hermosa pradera de pasto ameno y fuentes abundantes. El seis fue creado para que se alimentara de sus pastos y bebiera de sus aguas. El tres y el cinco también formaron pareja y construyeron un hermoso bosque poblado de frutales. El Señor creo el siete para que fuera el habitante de ese bosque y comiera de esos frutos.

Pero aún la creación no había alcanzado la perfección deseada. El seis y el siete no podían levantar la cabeza del suelo ni remontarse en el aire. Por eso otro día el Señor creó el ocho, para que fuera el señor de los cielos de las praderas, y creó el nueve para que fuera el dominador de los espacios de los bosques y el contemplador de las estrellas.

Y finalmente cuando todo estuvo creado, el Señor vio que había sido bueno y muy bueno; pero que le faltaba algo. Se dijo: “Hagamos al cero a imagen y semejanza nuestra para que sea el amo de todos los números y congregue en su ser todas las perfecciones de la sabiduría”.

 

Anuncios

Un pensamiento en “Aritmogénesis

  1. Pingback: El bestiario de Encalada Vásquez | Ciencia Ficción en Ecuador

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s