Los dados de Dios

God-dice

Por Juan Montaño

(Publicado originalmente en diario Hoy, Quito, el el 03/Noviembre/2007; recuperado de Explored)

Para escribir poesía y aprender matemática hay que conocer el idioma’. La conversación con Antonio Preciado fue en Radio Antena Libre de Esmeraldas y ya tenía bastantes minutos de vuelo cuando aterrizamos en la matemática y en la poesía. Fue cuando el actual ministro de Cultura dictó sentencia. De eso hace algunos años. Es posible que hablara la voz de la experiencia, porque para producir excelente poesía (y la suya lo es) ha debido consumir siglos de lectura. Matemática y literatura son mellizas y es la única bigamia admisible. La matemática tiene su principio literario en los teoremas, a los cuales se simplifica en elementos convencionales para la mecánica resolutiva de la incógnita planteada. Pero no entender la formulación literaria es andar al tanteo con los ojos abiertos.

Dios no juega a los dados”. Resulta que para llegar a esta metáfora, Albert Einstein debió resolver enigmas abigarrados de notación matemática solo entendibles mediante la prosa. En 1965, Stephen Hawking leyó el teorema de Roger Penrose y parafraseó: “Dios detesta la singularidad desnuda”.

Una singularidad “es un punto en el espacio en el cual la curvatura del espacio-tiempo se hace infinita”. Y se desnuda “cuando no está rodeada por agujero negro”. Lo que el teorema de Penrose intenta demostrar, entre versos de trova y elementos alfa-numéricos, es el origen del universo. Belleza literaria y matemática.

José Antonio Marina y María de la Bálgoma escribieron un maravilloso alegato titulado La magia de leer. Ellos aconsejan, para empezar nada de clásicos y sí mucho Emilio Salgari, Julio Verne y comiquitas. Caramba, tienen razón: este jazzman es producto imperfecto de los escritores antes mencionados, de leer revistas ilustradas, de escuchar a los decimeros esmeraldeños y las oportunas consejas de lectores curtidos en el oficio. Después vinieron los clásicos. Ambos autores explicaban que se debe leer para ser más inteligentes y para derrotar a los fascismos. En este cambio de época, la mayor derrota a los pelucones será en el cacumen popular, ellos viven de las esperanzas que no hay ligazón entre mente y corazón en los ecuatorianos, y pronto la revolución verde limón será parte del cementerio de las buenas intenciones políticas.

Aquí viene el swing bravo de esta jam-session. En este rato de posmodernidad, la política está subordinada a la cultura. Y dentro de la cultura, la lectura “amplía el universo, el repertorio de imágenes y de habilidades y es el verdadero biocombustible para hacer del funcionar el texto como una máquina mágica”. Es una traducción libre de unas líneas de Gilberto Gil Moreira, ministro de Cultura del Brasil. Sin dudas, que la comunidad ecuatoriana de lectores es escuálida y sin querer podría ser aliada de la contrarrevolución pelucona. ¿Qué hacer? La lectura como política de Estado para consolidar el proceso revolucionario. Axê.

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