Quito en llamas

Tapa de ¡Aquí Está! septiembre de 1949, dedicada al Beltrán Gómez, trágico imitador de Orson Welles

Tapa de ¡Aquí Está! septiembre de 1949, dedicada al Beltrán Gómez, trágico imitador de Orson Welles

Por Alberto Vázquez

(Publicado en blog Quinta Dimensión en febrero de 2011)

Un libreto radiotelefónico que no conviene repetir, la “Invasión Marciana” de Orson Welles, casi cuesta la vida al locutor ecuatoriano Beltrán Gómez.

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Hace semanas llegó a Buenos Aires un joven ecuatoriano al que pudiera considerársele como una víctima de nuestro tiempo. Se trata de Luis Beltrán Gómez, el locutor radiotelefónico sobre quien se desencadenó en Quito todo el peso, dramático y novelesco, de una audición de carácter fantástico, irradiada en esa capital al comienzo de este año.

El episodio, de impresionantes contornos, puesto que provocó un terrible incendio, seis muertos y momentos de angustia para toda la capital ecuatoriana, estuvo a punto de costarle la vida al propio Beltrán Gómez, que todavía se encuentra bajo asistencia médica. Y que, precisamente, llegó a Buenos Aires, invitado por el doctor Dellepiane Rawson quien, merced a su extraordinaria capacidad en cirugía plástica, está desarrollando una asombrosa tarea para borrar las huellas que el fuego ha dejado en el rostro y el cuerpo del locutor.

Según la historia que se difundió a su llegada a esta ciudad, Beltrán Gómez fue un desafortunado imitador de Orson Welles, pero la verdad que debe aclararse es otra, ubicando al joven locutor en su justo papel de víctima de las desorbitaciones que alcanza la radio cuando se trata de valorizar espacios con programas sensacionales…

– En Radio Quito – me cuenta – yo era el director de programas. Mi misión consistía en organizar esos programas y tomar la responsabilidad de su irradiación, una vez que eran aprobados por la dirección de la broadcasting…

Se trataba de un empleado que debía obedecer las órdenes de sus jefes. “- El sábado, a las 21 y 15, va una audición especial. Después la explicaremos…”

Esa fue la primera noticia que tuvo de la famosa transmisión. Luego, con mucha reserva y recomendaciones de secreto, se enteró del resto.

Beltrán Gómez, locutor ecuatoriano víctima de una audición sensacionalista

Beltrán Gómez, locutor ecuatoriano víctima de una audición sensacionalista

¡Otra vez marcianos!

– Se trataba – dice Beltrán Gómez – de la mismísima transmisión de Orson Welles. Había llegado, creo que de Venezuela, un actor chileno de apellido Alcaraz, que tenía el libreto de Welles. Parece que lo propuso al director de la broadcasting, y éste aceptó la idea, previa adaptación del libreto a la ciudad de Quito, entendiendo por esto la inclusión de nombres de parajes y poblaciones familiares a los oyentes, para que el realismo de la transmisión fuese mayor.

Después se hicieron los preparativos del caso: seleccionar los ruidos, designar los locutores, etc.

Cuenta Beltrán Gómez que todo eso se hizo dentro del mayor secreto, de modo que ni aun la gente de la radio sabía cuál iba a ser el programa. Es decir, se sabía, sí, que el sábado por la noche, desde las 21, se irradiaba uno de los programas más escuchados en el país, a base de la participación de los cantores ecuatorianos de mayor popularidad.

Fue el sábado 12 de febrero de 1949, y eran las 21 y 15 cuando la audición “secreta” comenzó a filtrarse paulatinamente.

– Me acuerdo – sigue contando – de que cantaba el dúo Benítez-Valencia, el más escuchado entre nosotros, cuando empezaron a oirse ruidos extraños alterando la transmisión. Parecían descargas atmosféricas…

Los oyentes trataban de ajustar la sintonía, creyendo que aquello era defecto de sus receptores, pero los inconvenientes se repetían. De pronto se interrumpió la transmisión, mientras la gente, fastidiada, movía los diales, hasta que volvió a oirse la voz del locutor que decía: “- Lamentamos esta breve interrupción determinada por alteraciones atmosféricas. Están ustedes escuchando a Radio Quito, que prosigue con su programa en la hora Tal, patrocinada por el famoso producto Tal y Tal, que les ofrece una nueva interpretación del dúo Benítez-Valencia, en …”

Prosiguió el programa unos instantes. Pero en seguida se repitieron los inconvenientes de sintonía, y cuando ya los oyentes se resignaban a escuchar de cualquier manera a sus cantores favoritos, se produjo una nueva interrupción.

“-¡Boletín urgente del noticioso de Radio Quito!… Volvemos a interrumpir este programa para hacerles llegar a ustedes una noticia que en estos mismos instantes se está difundiendo en el mundo entero, por su carácter excepcional… Se trata de informaciones procedentes de Sidney, Australia, donde los astrónomo del observatorio local denuncian la aparición de alarmantes manchas solares y perturbaciones nunca registradas en el espacio. A medida que tengamos nuevas noticias sobre estos inquietantes fenómenos celestes, las daremos a conocer… Prosigue el programa.”

Benítez y Valencia volvieron a cantar, pero no lo hicieron mucho tiempo. Porque hubo un nuevo corte en el programa:

“- ¡Boletín urgente, de carácter nacional! Existe inquietud por la situación creada en Ambato, cuyas comunicaciones con esta capital han quedado cortadas inexplicablemente. Las autoridades han tomado urgentes medidas para afrontar la situación… Prosigue el programa.”

Nótese, agrego por mi parte, que en esta farsa se mencionaba a Ambato como primera víctima del extraño episodio fantástico, y que ha sido Ambato, justamente, la ciudad martirizada como ninguna, en el reciente y trágico terremoto…

Después de esta interrupción, el programa continuó con otro número, mientras persistían en la recepción los ruidos extraños. Y no cabe duda de que a esa altura de la audición, con esos ruidos, las “noticias” de Sidney y la “incomunicación” de Ambato se había creado entre los oyentes un estado de imprecisa inquietud, que era terreno fértil para sembrar cualquier disparate.

Beltrán Gómez, mientras se repone de sus quemaduras y golpes.

Beltrán Gómez, mientras se repone de sus quemaduras y golpes.

El drama

De pronto, en Quito estalló la verdad: ¡era Radio Quito! ¡No se trataba más que de una invención radiotelefónica!

Entonces comenzó el drama. Una multitud enfurecida se agolpó frente al edificio de “El Comercial”, donde estaba instalada Radio Quito, perteneciente a la misma empresa. Hubo gritos, pedradas y, desgraciadamente, alguien descubrió un camión de gasolina estacionado cerca de allí.

Con esa maña que se da la multitud para organizar catástrofes, en pocos minutos el edificio de “El Comercial” se vio invadido por centenares de enfurecidos ciudadanos, que rompían todo lo que encontraban a su paso. Otros, con trapos empapados en nafta, prepararon la faz más trágica del episodio, a los pocos minutos, en el segundo piso estallaba un voraz incendio.

Beltrán Gómez, a todo esto, estaba en el cuarto piso, en el estudio principal de la broadcasting. Un rato antes ya había comprendido el terrible equívoco determinado por la transmisión y, con la esperanza de enmendarlo, comenzó a explicar:

“- Radio Quito advierte que su reciente transmisión ha sido de carácter fantástico y que no hay ninguna invasión marciana. Se trata de una audición semejante a la que hizo Orson Welles en California…”

Y habló, habló, pasando discos de vez en cuando, para darse un respiro. Al correr la voz de que se incendiaba el edificio, huyó el personal de control, y Beltrán Gómez quedó solo…

– Seguí pasando música – cuenta – hasta que se me fundieron los discos a causa del calor… Recién cuando comencé a sentirme sofocado, resolví ponerme a salvo…. Me acuerdo que miré el reloj del estudio: eran las 10 y 42 de la noche. Tenía que escapar por un corredor de unos cincuenta metros que ya había sido alcanzado por el fuego…

Sonríe como si esa parte de su aventura también pudiera parecer fantástica, y agrega:

– Lo demás fue una pesadilla…

En esa dramática huída, el fuego se enganchó en su carne: las manos, las orejas, el cuerpo, la vista del ojo derecho, todo eso fue semidestruído por las llamas; y luego se fracturó una pierna en una caída. Pero, al llegar a la calle, más muerto que vivo, todavía estuvo a punto de ser linchado. Y supo que le perdonaron la vida porque en medio de una bruma cálida, oyó que alguien sugería que era mejor dejarlo morir tranquilo…

Beltrán Gómez alternaba su labor de locutor con un empleo en una compañía de aviones, a la que, prácticamente, debe su salvación. Fueron sus compañeros de labor, por intermedio de las autoridades de la compañía, quienes lo sacaron de ese hospital, trasladándolo rápidamente en un avión especial a la clínica Mayo de los Estados Unidos. Allí salió de peligro y, semanas más tarde, siempre mediante el apoyo de la compañía, se trasladó a Balboa, en Panamá, para completar su curación en el hospital militar de la zona norteamericana, donde se le prestó asistencia. No obstante, el clima dificultaba el cierre de sus heridas y fue entonces cuando recibió de Buenos Aires la invitación del doctor Dellepiane Rawson, que conocía el caso por referencias.

Orson Welles, un día alarmó a varias ciudades norteamericanas con una "primicia" radiotelefónica: ¡los marcianos invadían la Tierra!

Orson Welles, un día alarmó a varias ciudades norteamericanas con una “primicia” radiotelefónica: ¡los marcianos invadían la Tierra!

– Esta es la historia – finaliza Beltrán Gómez -. Siento, sobre todo, que en Quito hayan descargado sobre mi la responsabilidad de un suceso en el que sólo tuve parte accidental y que, además, soy el primero en lamentar, por las desgracias que ocasionó. Y creo que tengo cierto derecho a decir esto porque, después de todo, soy un sobreviviente casual…

Lo que es verdad, ni más ni menos. Con el agregado de que si hay un responsable, aunque indirecto, en toda esta historia de transmisiones fantásticas, es Orson Welles, que las puso ruidosamente de moda.

Esperemos que el ejemplo de lo que sucedió en Radio Quito sea aleccionador, y que estas “invasiones marcianas” no se repitan. Porque los embustes siempre dan mal resultado y, a la postre, si un día los marcianos llegan de verdad, nadie lo va a creer. Lo mismo que en la fábula del pastorcillo embustero y el lobo…

Nos despedimos con esta versión teatral de la dichosa emisión de Orson Welles (como para demostrar que no hay ninguna maldición tras semejante libreto).

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