Imaginarios de la ciencia ficción: tomando la palabra a Zizek

Slavoj Zizek

Slavoj Zizek

Por Iván Rodrigo Mendizábal

En una interesante entrevista –con Héctor Pavón– a propósito de la edición de su libro El más sublime de los histéricos (2013), Slavoj Zizek, afirma:

“Según Lacan, a veces la ficción es más real que la vida real. A veces lo que es excluido o reprimido de nuestra realidad se formula más tarde disfrazada de ficción. Por eso me gusta la ciencia ficción porque podemos ubicar cosas que no podemos confrontar directamente en la realidad. Por ejemplo: Lincoln de Spielberg. Una película de la mitología liberal oficial donde Lincoln aparece como el maestro ejecutor de las maniobras necesarias. Pero, antes apareció Lincoln: cazador de vampiros, un filme de terror absolutamente loco en el que se cuenta que los verdaderos enemigos de Lincoln eran los vampiros que apoyaban a la Confederación de estados del Sur, que les proveían la sangre que necesitaban, de los negros y los muertos. Lincoln lo sabía y por eso en la batalla de Gettysburg utilizó balas de plata, porque entre los combatientes sureños había vampiros. Toda la violencia, la lucha para terminar con la esclavitud, llamémosla lucha de clases, está ausente en la película oficialista de Spielberg y se recrea, en una película de ficción”.

Para quien quisiera ir a encontrar en el libro en cuestión alguna seña sobre la ciencia ficción, cabe advertir que en este no se trata de nada parecido a este tipo de discurso literario. Más bien su abordaje es acerca de Hegel desde la perspectiva lacaniana, una especie de deconstrucción de las categorías hegelianas a partir del psicoanálisis.

Pasando por alto este hecho, sí vale la pena situarnos en la afirmación que hace Zizek respecto a la ciencia ficción en la entrevista.

De acuerdo a ello, que la ficción es más real que la vida real. Y quizá, en tono lacaniano, habría que pensar que, en efecto, la vida real requiere de ficciones para que ella no se constituya en una especie de pesada carga a llevar. Este tema de las ficciones cotidianas en Zizek es el Gran Otro el cual es asumido sin más por todos nosotros y se constituye, de alguna manera, en el sentido común que ordena las vidas de las personas. La presencia de las ficciones cotidianas –o también denominadas ficciones simbólicas– de cierto modo es necesaria en la medida que organiza la percepción de lo real, convirtiéndole en la realidad que cada individuo asume como parte de su vida social.

En el pensamiento de Zizek, siguiendo a Lacan, si la ficción supera a lo real, es porque también hay cuestiones que en la realidad se reprimen y que vuelven a cobrar presencia por medio de las ficciones otras, las que no siempre serán las del Gran Otro, sino aquellas que se manifiestan a través de diversos mecanismos, en particular el de los medios de comunicación. En cierto sentido, las manifestaciones literarias o las del cine operan como un contrapunteo de ficciones a las ficciones simbólicas cotidianas. Hacen inteligibles ciertas preocupaciones y ponen preguntas, aunque no sean del todo captadas como tales, acerca de lo reprimido. A mi modo de ver esto se da –y sigo los planteamentos de Zizek en otro texto muy aleccionador: The Matrix, o las dos Caras de la Perversión”– cuando desde el interior de ese Gran Otro se puede hacer una separación, una escisión: esto se puede realizar, si nos damos cuenta que el tal Gran Otro es apenas también una ficción, para establecer imágenes de fantasía o también de paranoia. El punto es que, la ciencia ficción aparece como una escisión a las ficciones convencionales a las cuales estamos acostumbrados. Y es acá donde probablemente el libro de Zizek sea una especie de espacio iluminador sobre todo para darnos cuenta acerca de las paradojas de la tesis-antítesis-síntesis hegeliana.

Zizek acude en su declaración a mencionar las dos versiones cinematográficas de Lincoln, la una de Steven Spielberg –Lincoln (2012)–, y la otra de Timur Bekmambetov –Abraham Licoln, cazador de vampiros (2012)–. Ambas curiosamente producidas en el mismo año; la una que responde, de acuerdo a Zizek, a la mitología oficial liberal, frente a la otra, una especie de versión revisionista de la historia oficial. En otras palabras la versión de Bekmambetov aparece como un intersticio en la discursividad oficializada y enseñada mediante todos los sistemas, incluido el cine, a los ciudadanos norteamericanos, donde Lincoln se constituye en un referente histórico. Lo importante del caso es que la versión de Bekmambetov no es historicista y más bien es de terror o de ciencia ficción híbrida. Los vampiros viajan en el tiempo y han servido, en el caso de dicho film, en la guerra de secesión. Zizek naturaliza el hecho de que se usaron balas de plata para combatirlos realmente. Lincoln debía proteger la unidad de la patria americana frente a esa amenaza del sur; al final de la película, tal amenaza sigue latente, además de que forma parte de la vida cotidiana de las personas, pues los vampiros del sur conviven y se codean con la gente del norte. El tema, en cierto sentido, parece ser ideológico o dicho de otra manera: el Gran Otro que es lo establecido, es lo ideológico, siempre está expuesto a la amenaza de ser horadado desde su interior por lo que le podría escindir, Lo Otro.

Alrededor de la ciencia ficción como discurso literario y cinematográfico siempre hay una tensión. O quizá la hubo más antes que en el presente cuando en el mundo posmoderno ha sembrado la posibilidad de que Lo Otro esté expuesto. Las imágenes o los imaginarios de la ciencia ficción en cierto sentido tenían que ver con el futuro, con la promisoria estabilización de la sociedad con las tecnologías; posteriormente impuso las imágenes de los invasores, de las presencias de los otros como mundos que alterarían el stablishment. La posibilidad de otros mundos como pregunta directa a pensar hasta qué punto la civilización humana es la que se quiere o ha logrado ser, probablemente es otro de los retos que está detrás de la ciencia ficción; inclusive cómo el ser humano puede terminar sojuzgado por sus propias invenciones y su propia inteligencia, etc. En realidad hay muchas formas de imaginar otras formas de sociedad y esto lo ha hecho la literatura, pero sobre todo la de ciencia ficción. Así, quizá habría que decir que si la ciencia ficción es la metáfora de lo que horada la realidad, colocando cosas “reales” que no se pueden confrontar claramente con la realidad –parafraseando a Zizek–, entonces nos encontramos con un tipo de literatura cuyos imaginarios son en realidad desafíos que a veces molestan, hacen a que a mucha gente les parezca inverosímiles, etc.; en otras palabras tales imaginarios hacen que muchos individuos vuelvan a clamar la estabilidad del Gran Otro porque la ciencia ficción, en cierta medida, es desestabilizadora. Este es un problema más constante hoy cuando la posmodernidad ha hecho caer las categorías organizadoras de lo social.

Y acá quizá valdría acudir nuevamente a Zizek y otro de sus planteamientos, esta vez de The Matrix, o las dos Caras de la Perversión”:

“Hasta la llegada del posmodernismo, ‘utopía’ era el esfuerzo por romper con el tiempo histórico y entrar en otra dimensión atemporal. Con la coincidencia en la era posmoderna del «fin de la historia» con la total disponibilidad del pasado en memoria digital, en esta época en que VIVIMOS la utopía atemporal como una experiencia ideológica diaria, la utopía se convierte en una añoranza de la Historia Real en sí misma, de la memoria, de retazos del pasado auténtico. La utopía es pues el esfuerzo por salir de la cúpula cerrada al hedor y la decadencia de la cruda realidad”.

Vale la pena pensar ahora estas palabras, sobre todo cuando uno de los horizontes de la ciencia ficción era la utopía. En el contexto actual la utopía no tiene el mismo sentido que en la antigüedad. Y quizá la respuesta, la escisión más rápida que haya dado la ciencia ficción es la distopía. Empero, habría que dar cuenta de otras maneras de topoi que están en juego, que nacen de las imaginaciones inquietas de los jóvenes para quienes las tecnologías son parte de su vida cotidiana.

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