Un “cómic” cuencano

Angelus2

Por Jorge Dávila Vázquez / (Rincón de Cultura)

Publicado originalmente en diario El Mercurio, Cuenca, el 2013/03/31)

Rafael Carrasco, permanente colaborador de esta página, como caricaturista, es un dibujante de notables características: dueño de un trazo fuerte, envolvente, de innegable dinamismo; capaz de engendrar mundos fantásticos con suma facilidad, acertado en la caracterización de personajes, hábil para mezclar lo cotidiano con aspectos de un utópico y desatado futurismo, totalmente inmerso en la ciencia ficción.

Acaba de salir a la luz ANGELUS HOSTIS (Bienal de Cuenca, 2012), una historieta con guión del excelente narrador quiteño Santiago Páez, que constituye material idóneo a que se desplieguen muchas de las capacidades creativas de Carrasco, que da rienda suelta a su rica imaginación.

Páez, en el prólogo del libro, asegura que se hubiese sentido dichoso de ser ilustrador, que cuando alguien celebra sus obras y le pide un autógrafo, piensa: “¡Diablos! Si de veras tuviera talento habría dibujado algo.” Y que la propuesta de Carrasco de trabajar en algún proyecto juntos, le desbordó, llenándole de satisfacción.

Explicará a los lectores el por qué de la elección de la Cuenca de un futuro lejano, como escenario de una historia fantástica, en la que se mezclan las más avanzadas tecnologías, los seres inverosímiles –los “androtrónicos, mitad humanos, mitad máquinas”, o los esperpentos como el cura Casals o el Cuscungo Gálvez-; las mujeres fatales, como la hermosa Nacha; las anécdotas extrañas, los crímenes espeluznantes y un misterio latente en torno a un supuesto ángel de la muerte, que no es más que un holograma, una proyección de los perversos poderosos de ese tiempo imaginario.

Dirá Páez sobre su cuencana opción: “Para Rafa escribí una historia que acontece en Cuenca, tanto porque él es de esa ciudad, como porque mi bisabuelo Manuel J. Calle, también era de allí.” Y entre tanta anticipación, crea un par de personajes tremendamente humanos, el teniente Córdova y el sargento Cruz, que aun viviendo en un cosmos deshumanizado, cruel y absurdamente mecanizado, son dos seres humanos, muy humanos, que viven y hablan como los cuencanos de hoy; hombres pensantes, capaces de amores, lealtades y deslealtades, que sufren pesadillas o deambulan por una urbe que guarda algunos rasgos de la villa patrimonial, pero que al mismo tiempo muestra la presencia de lo extraño a cada paso.

En cuanto a la visión vanguardista de la ciudad, dice Páez, el reconocido autor de “Profundo en la galaxia”, “La reina mora”, “Los archivos de Hilarión”, “Condena madre” o “Puñal”: “Carrasco ha creado de nuevo su ciudad, le ha dado un futuro audaz, duro y lleno de vigor. Creo que mi bisabuelo de ver las imágenes de Rafa, sentiría que el amor que tuvo por Cuenca está plenamente satisfecho.” No sé si tanto así, pero lo indudable es que una combinación de talentos, como la que engendra este libro, resulta muy prometedora para proyectos venideros, incluso sobre asuntos apenas esbozados en él, como la presencia de los renegados anarquistas de la Amazonía, héroes anónimos.

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