El cómic nuestro de cada día

Portada para la novela gráfica “Vaidal, el Insurgente” de Fernando Naranjo E., precursora de las novelas gráficas de Ecuador

Portada para la novela gráfica “Vaidal, el Insurgente” de Fernando Naranjo E., precursora de las novelas gráficas de Ecuador

Por Fernando Naranjo E.

(Publicado originalmente en revista Rocinante, Quito, no. 75, enero de 2015; reproducido en el blog del autor, el 24  y el 25 de marzo de 2015. El presente ensayo ha sido cedido por el autor para Ciencia ficción en Ecuador)

Fernando Naranjo Espinosa nació en Guayaquil en 1954. Es narrador, arquitecto e ilustrador. Ha publicado “La era del asombro” (Quito, 1994), “Consta en la antología: 40 cuentos ecuatorianos” (Guayaquil, 1997), y “Cuídate de los Coriolis de Agosto” (2006). En el 2010 obtuvo el II Premio Nacional de Novela con “Guasmo Sur”, una novela policiaca. Ha explorado en la ciencia ficción —asunto poco tratado en la narrativa ecuatoriana— nuevas posibilidades. Es también el autor de la imagen que ilustra este cuento.

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La historia de la historieta nacional ha recibido singular cobertura en los últimos tiempos. Jaime Zavala hace una estupenda semblanza en el número del 14 de abril de Cartón Piedra, y hace pocas semanas en El Universo del 7 de noviembre aparece un artículo relacionado con el día de la historieta nacional, propuesta lanzada por el grupo Mono Cómic y que conmemora la aparición del primer cómic ecuatoriano, fechado el 7 de noviembre de 1885 (“El Perico”, por Francisco Martínez Aguirre).

Cien años después (1985) Fernando Naranjo publicaría en el diario El Meridiano de Guayaquil la historieta “Quil, la chica del futuro” sin pena ni gloria, justo es decirlo, puesto que no parece en ninguna de las crónicas arriba citadas. La historieta cuenta con su historia paralela. Por entonces trabajaba en el desarrollo de un personaje: “Vaidal, el insurgente”. El editor en jefe de El Meridiano era el poeta Fernando “el Ronco” Artieda, quien me puso en contacto con sus propietarios. No contento con la oferta que se me hizo por los derechos de Vaidal, propuse escribir la historia de la madre de Vaidal (que, por cierto era realmente Baidal, apellido cholo de la Península de santa Elena, pero que no tenía empatía con el concepto gráfico que me había propuesto realizar para la historieta) y así fue como salió a circular… Por poco tiempo. No guardo recortes de la serie, pero conservo el primer arte, a la usanza del ilustrador Druillet, que diseñé como portada para la novela gráfica Vaidal, el Insurgente, de donde surge el universo creado para La Era del Asombro (1994, Abrapalabra editores), y para algunos cuentos de Cuídate de las Corioliss de Agosto (2005, Quimera Editores).

Suele suceder. Yo no me quejo. Crear la historia de Quil, dibujarla, y después verla publicada resultó ser una experiencia tan gratificante, que ha compensado la injusta omisión de su existencia. Llegar a su realización precisó, sin embargo, de una esmerada y rigurosa formación que comenzó –como debe ser- en el hogar. Y en el idioma nativo. Estamos hablando de mi aprendizaje como lector, evento que ubico al comenzar los 60…

“Muchacho, estás elevado, ¿quién eres? Pareces Júpiter Pluvioso”.

La que habla es mi madre; el paciente, el pupilo, o el discente, por decirlo de algún modo, era yo. Y “Júpiter Pluvioso” era un personaje de cómic, seguramente argentino, de aquellos que disciplinada y periódicamente poblaban las páginas del “primer diario nacional” allá por los 60s del siglo XX. Conforme pasaba el tiempo y ya me alimentaba de cómics (light, les dirían ahora) descubrí que no sólo ella sino mis tíos y abuelos pasaban intercambiando frases y aforismos, como de igual modo lo hacen politólogos o científicos, acreditando la fuente y a sus autores para respaldar sus juicios. Para mi abuela era un pecado que me las pasara leyendo “esos Penecas”. Lo cierto es que yo no viví para leer esa publicación, pero era el genérico de entonces para el cómic. Tiempo después, si mi chica no era de su agrado, las comparaciones de su fisonomía con la de ciertas heroínas de cómic, garantizaba al menos una revisión concienzuda de su apariencia.

“Esa muchacha que te gusta tiene la misma boca de Ulanita”… Ulanita, novia de Trucutú, el troglodita:

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Por entonces Jorge Luis Borges había publicado ya su cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”. Pero el destino, mis hados particulares, o la Divina Providencia, cuyos caminos han sido, son y serán inescrutables determinaron que no conociese al tan mentado sujeto sino una década después. Nada podía decir entonces de la fantástica conspiración Tlöniana, que consistía en penetrar a las instituciones, organismos y países mundiales, como si se tratara de una infección lenta e irreversible, hasta que todo se hubiese transformado en ese planeta forjado en las páginas de una enciclopedia inencontrable.

Lo que me consta es que esa conspiración de tipo Tlöniano se ha infiltrado y propagado en la mente de muchos ecuatorianos en estos 130 años que median entre la publicación de “El Perico” y nuestros días. El éxito de tal efectividad radica, sin duda, en la toma por asalto de la naturalidad cotidiana por parte de textos, personajes y aforismos pertenecientes al mundo de la historieta. ¿Ha sucedido lo mismo a nivel mundial? También sin duda. ¿Es temible el asunto? Para nada, esa es mi postura. De hecho, el mundo del cómic puede ser más franco y directo que el mundo convencional.

Ejemplos al canto:

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Este sujeto a ratos odioso es Avivato. El diccionario de la RAE no registra la palabra “avivato” como sinónimo de sabido, audaz, sinvergüenza, pretencioso, vividor, o inescrupuloso, de modo que se puede colegir que cuando algún político nuestro despotrica contra algún colega “avivato” está aludiendo directa o indirectamente al personaje de la historieta, original de Lino Palacio, nombre obtenido a su vez del lunfardo argentino.

Este otro personaje es Fúlmine (Guillermo Divito), eterno posesionario de la mala suerte y las desgracias, una caja de Pandora ambulante. A pesar de que el personaje ha desaparecido de la página de cómics de nuestros diarios, generaciones que jamás lo vieron persisten en bautizar con ese mote a cuanto salado se cruza por sus vidas.

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Y si presumes de ser querido por todos, pues todo lo opuesto (por ladino, oportunista, hipócrita, estafador, aparte de elegante y sonriente) está reencarnado en Falluteli, también criatura de Divito, que es el tipo de burócrata dos caras que más que un inepto es un predicador y divulgador de las ineptitudes ajenas, lo cual lo convierte en una enconada semejanza de Fúlmine.

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Y siguen los ejemplos, como si se tratara de desfile de pasarela: Pochita Morfoni, Bombolo, Pomponio (y su consumista mujer), los mortificantes personajes de Disney con sus sobrinos sin papás, noviazgos infinitos, y agentes confesos de la Guerra Fría, además todos los héroes Marvel, etc.

Yo sé que el mundo del cómic es predominantemente gringo, pero en aquellos tiempos yo no ejercía discrimen alguno entre los cómics americanos, mexicanos o argentinos… Con tal que me dieran insumos para defenderme en la vida de forma adecuada y “culta”. Menos recordados son, pues, los héroes y anti héroes de creación mexicana… Pero todo es cuestión de removerles el ánima. De muchacho, en plena Era de la Radio, cuando aún no llegaba la TV al Ecuador planetario, existían los puestos de revistas de alquiler y existía Editorial Novaro. Igual que las futuras tiendas de VHSs o de venta de CDs, donde habría para todos los gustos, cuando iba de fin de semana a casa de mis primos alquilábamos historietas de amor, acción, drama social, caricatura, ciencia ficción, etc. Las novelas gráficas de romances, dibujadas en alto contraste, con aquella tipología de mujer de enormes y puntiagudos senos, mirada siniestra, labios frondosos y entreabiertos, cintura de avispa y trajes de raso que brillaban a lo largo de toda su escultura, creada por Franz Frazetta y que fuera replicada por todos los ilustradores del mundo, buscaban (¡y lo conseguían!) despertar la líbido de los inocentes muchachos de entonces.

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Para el drama social con humor negro, metafórico y literal, teníamos en Memín Pingüín (Yolanda Vargas) a su más atildado y conmovedor representante; para el humor Viruta y Capulina (Morales y Macedo), una versión completamente original y latinoamericana del Gordo y el Flaco, que fue llevada al cine en varias ocasiones. No tiene parangón en el mundo del cómic, esa especie de “terror grotesco” del que hacen gala Hermelinda Linda o Aniceto (en el caso de Hermelinda sus autores al parecer son varios, en cuanto a Aniceto, no hay créditos en las publicaciones). Para aventuras tipo Tarzán o Jungle Jim, el contrapunto perfecto y originalísimo lo constituye las andanzas de Chanoc (Lucenay, Zapiain, de la Torre) y su padrino y camarada Tsekub Baloyán, también Tawa (el hombre Gacela, rey absoluto del mundo de Av-les) y Rolando el Rabioso (la analogía va de vuestra cuenta). Muchas de estas historietas eran originalmente versiones locales de otras historietas norteamericanas, pero como en el caso de Rolando, el personaje y sus historias tomaron personalidad propia y rumbos más vivenciales y actuales.

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Para los policíacos figuraban como representantes Fantomas, Kerry Drake, Dick Tracy o el Agente X09. Para los amantes de la CF (entre los que me alineaba con mucho entusiasmo) aparecen los cómics anglo sajones como “Roldán, el temerario” (nombre heredado seguramente de la II Guerra Mundial cuando Flash Gordon tuvo que cambiar de pasaporte para ser admitido entre españoles e italianos y cruzar la igualmente escabrosa barrera político-ideológica de entonces), Súperman (con el españolizado nombre de Clarquén) , Batman, Linterna verde y la siempre destapada Mujer Maravilla.

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Especial mención merece la constante aparición de personalidades en el mundo del cómic mexicano… Aquí vemos al querido Carlos Monsiváis en una escena de Chanoc. En otro cómic de “Santo, el Enmascarado de Plata” Monsiváis aparece luchando al catch as can con el enmascarado. “Que la Literatura imite a la Historia, ya era suficientemente pasmoso”, dice Borges, “que la historia copie a la literatura es inconcebible”, nosotros añadimos: “que la cultura popular imite los cómics es pan comido”. En uno de los números más célebres de Fantomas “La Inteligencia en llamas”, aparecen Cortázar, Octavio Paz, Alberto de Moravia, Susan Sontag, entre otros escritores, y luego el mismo Cortázar narraría una historia donde Fantomas es el protagonista… La gran conspiración del cómic tiene, por lo tanto, alcance mundial, sus creadores no están articulados (¿o sí?) ni trabajan de común acuerdo (¿o sí?), y no hay quien escape. Obviamente, cuando en la vida se entremete limpiamente el cómic, es que ya se topan instancias políticas en su accionar.

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En una de las más irónicas facetas del bombardeo de Bagdad por parte de los Estados Unidos y sus aliados, el periodista Amaro Gómez Pablos entrevista en la víspera a una familia iraquí. El muchacho –que hablaba correctamente el castellano, aprendido en la universidad de Bagdad y que cantaba canciones de Manolo Otero, si no recuerdo mal-, vivía con su familia de manera modesta y completamente aterrada. Recuerdo que las mujeres de la casa pusieron la mesa y sobre ella un mantel declaraba el tipo de sociedad que los “aliados” se prestaban a reducir alegremente a escombros. Sobre un fondo verde estaba la imagen inconfundible, con una zanahoria en mano, de Bugs Bunny preguntando, seguramente… ¿Y qué hay de nuevo, viejo?

Como ven, al parecer hay muy pocos ciudadanos inmunes a esta suerte de conspiración mundial.

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Astérix (Uderzo-Goscinny), por su parte es responsable de los latinajos de muchos amigos míos (desde cane vanem: cuidado con el perro; hasta lo de Delenda Cartago), de los detalles de interiorismo romano, época republicana, de la arquitectura de sus palacios, del foro y de la entera ciudad de Roma, de trajes y costumbres, y del sin número de pueblos y culturas que habitaban en los confines imperiales, “y que se negaban obstinadamente a desaparecer”

 

El Cómic y otros creadores

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Las ilustraciones que preceden a estas líneas corresponden a “La hermandad de la lanza”; una serie adscrita las aventuras de Tarzán de los Monos. Es recordada en particular por nuestro amigo y escritor Jorge Dávila. Él, desde niño adquirió la infección del cómic, no la ha podido ni querido erradicar y reconoce la fortaleza del cómic en su formación.

A fin de comprobar el éxito de la conspiración de tipo Tlöniano por parte del mundo cómic en nuestro pobre mundo, hice varias consultas. Descubrí que el 30% de los consultados son o han sido inmunes a esta plaga. Pero hay visos esperanzadores de que puedan ser inoculados satisfactoriamente con este virus, principalmente cuando de ilustrar libros se trata.

Del 70% restante, el 30% son poetas que, si bien han explorado el cómic, este no ha sido tan gravitante en sus vidas ni en su creatividad… ¿Contará la poesía con anti cuerpos capaces de disminuir el –llamémosle- efecto cómic tanto en su vida como en su creación?

La mayoría restante, por su parte, se ha “entregado” sin reparos a la conspiración Tlöniana sin discriminar cómics, sean estos políticamente sensibles, humorísticamente agrios, o dramáticamente cursis. Todos los seguidores del cómic tienen la esperanza de encontrar entre sus ilustraciones y textos alguna genialidad perdida cuyo hallazgo los vindique y justifique.

Esta actitud, aunada a la falta de crítica especializada, provoca que la situación actual de la historieta nacional, a pesar de su calidad, no sea tan prometedora como sus creadores pudieran esperar. Lo cual parece extraño, porque la penetración de la historieta en el mundo es tan incisiva y encantadora, que resulta difícil sustraerse de tal encantamiento. Faltan buenas historias y personajes plausibes.

Otros indicadores revelan que, de acuerdo a su juventud, la lectura de cómics disminuye ante la presencia apabullante no sólo de la Televisión, sino de los inventos electro magnéticos de replicación de imágenes y sonido (VHS, DVD, Blue ray, celulares, PADs, etc.). Efectivamente, entre los escritores jóvenes consultados, han sido menos afectos a la lectura de cómics, entre otras razones porque vinieron al mundo cuando ya estos habían incursionado con mayor éxito en el cine y en la televisión. Para estos, su contacto con el cómic es más bien tardío y gobernado por la seducción del Manga japonés, por la ironía social de Mafalda, por el stress de Lorenzo (y Pepita), o por el candor de la Pequeña Lulú.

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Muchos amigos se jactan de hacer emparedados a la usanza de Lorenzo…

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o reniegan del maniqueísmo Disney encarnado en los Chicos Malos vs. los eternos sobrinos y nietos de Mac Pato.

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Ninguno de los entrevistados reveló conocer de la existencia del libro Para leer al Pato Donald del dueto Dorfman/Mattelart, escrito en Chile a comienzos de los setenta, y en plena revolución Allendista. El libro desmantelaba con mucha precisión el fenómeno de penetración ideológica desde el centro del poder hacia América Latina a través de los cómics más difundidos del mundo. Dicho esfuerzo editorial no debió ser tan extenuante si se mira que los textos Disney nunca fueron ambiguos; todo lo contrario, eran muy explícitos en sus posturas políticas de guerra fría y, como se podrá entender, su mensaje realmente era mundial.

Las encuestas que realicé también han revelado otra influencia innegable del cómic. Entre mis amigos generacionales de Guayaquil, la costumbre de leer el diario por su página final está muy arraigada. ¿Motivos? Los comics siempre estaban en la última página, precedidos de la página deportiva. Había un ritual que consistía en echarse boca abajo en la cama, extender el periódico en el piso y comenzar a leerlo, de atrás para adelante, en el peor de los casos. Como se era joven, comenzábamos de atrás para la mitad, y pare de contar.

 

Mea culpa

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Estas son ilustraciones de Joaquín Serrano para la Era del Asombro. La costumbre de ilustrar mis cuentos me llevó a encontrar en Joaquín un refuerzo notable para el concepto de ciencia ficción que escribía por entonces. Hoy nos enfrentamos con otras novedades fruto de las tendencias lectoras: la Novela Gráfica. ¿Qué la vuelve posible en nuestro medio? Las facilidades que la tecnología ofrece para el levantamiento de textos y pureza de los rasgos dibujados o iluminados, la emergencia de nuevos escritores e ilustradores, y la emergencia de una buena cantidad de lectores. Umberto Eco dice que la juventud de hoy escribe y lee más que nunca (por gracia de las redes sociales) y que le falta dar el salto cualitativo en esa lectura. Esta parte es la más complicada.

No sé si persistan en los alcances de esa noble tarea, pero muchos de los Fondos Concursables del Ministerio de Cultura incluyeron cierta vez la novela gráfica. Si no hubo muchos participantes, es hora de que los unos persistan en los concursos y los otros se pongan a trabajar, pero planificando unas adecuadas líneas de distribución y de difusión. Hay las condiciones para llevar a cabo campañas masivas de distribución del cómic nacional.

No siempre sabemos aprovechar los momentos creativos, que suelen ser tan elusivos cuando más los necesitamos. Esto debe cambiar. Se trata, naturalmente, de una jornada intensa que demanda tenacidad y calidad de trabajo.

Para corroborar la sospecha de la gran conspiración tipo Tlöniano que es el cómic, termino con la frase de Borges:

“Ahora tenía en las manos un vasto fragmento metódico de la historia total de un planeta desconocido, con sus arquitecturas y sus barajas, con el pavor de sus mitologías y el rumor de sus lenguas, con sus emperadores y sus mares, con sus minerales y sus pájaros y sus peces, con su álgebra y su fuego, con su controversia teológica y metafísica. Entonces desaparecerán del planeta el inglés y el francés y el mero español. El Mundo será”

… ¡un gran cómic!

 

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2 pensamientos en “El cómic nuestro de cada día

  1. Pingback: Anotaciones sobre los cuentos de Equinoccio | Ciencia Ficción en Ecuador

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