Los viajes extraordinarios del inmortal Julio Verne

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Por Alicia Ortega Caicedo

(Publicado en diario Hoy, Quito, el 03/Abril/2005; recuperado de Explored)

Cien años después de la muerte de Julio Verne -fallecido en marzo de 1905-, podemos afirmar que la popularidad del novelista francés persiste y que sus magníficos relatos siguen siendo leídos por jóvenes y adultos. Ahora, cuando muchos de los inventos y viajes anticipados por el novelista se han hecho realidad, ¿qué nos sigue comunicando su obra? Verne, dotado de un sentido profundo de las “anticipaciones científicas”, nos enseña que toda aventura, todo viaje, se vincula con lo extraordinario y con la posibilidad de escapar a la monotonía del reino humano. En el presente, cuando la ciencia y la tecnología han garantizado la conquista sobre el espacio y el tiempo, promoviendo en nosotros una extraña sensación de orgullo y desengaño, lo nuevo ha dejado de sorprendernos y maravillarnos, puesto que en verdad todo parece ser posible. Recuperar la capacidad de asombro, sensibilizarnos ante la presencia de lo extraordinario posibilitar la imaginación de mundos desconocidos es el legado de Julio Verne.

Verne describió múltiples viajes extraordinarios, en el sentido de narrar mundos que están localizados más allá de lo cotidiano y ordinario: de la tierra a la luna, al centro de la tierra, alrededor de la luna, veinte mil leguas de viaje submarino, la vuelta al mundo en ochenta días, etc. Viajes que emplean todo tipo de transporte: paquebotes, trenes, carruajes, buques, trineos, elefantes, submarinos, globos, proyectiles… El objetivo de estos viajes, cuyas aventuras están marcadas por una fantasía extrema, es el recorrido a un lugar privilegiado, donde es posible experimentar directamente una teoría científica o resolver un problema.

Experimentar eso que se llama lo maravilloso científico, ver lo que nadie ha visto, es una de las tantas enseñanzas del misterioso capitán Nemo: “¿Había usted oído hablar alguna vez del Nautilus? ¡No! Y sin embargo, existe. No se haga el sordo, pues, y no rechace las cosas con el pretexto de que no ha oído hablar de ellas”. En suma, se trata de mundos poblados por enigmáticos personajes, capaces de emprender atrevidos proyectos, como dar la vuelta al mundo en ochenta días y afirmar: “¿Qué había ganado después de todo? ¿Qué beneficio le reportó su viaje? ¿Nada? Quizás. A no ser una encantadora mujer, quien, por mentira que parezca, le hizo el más feliz de los mortales””

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