¿Libros ecuatorianos?… Al fondo

MrBooks

Por Leonardo Valencia

@leonardvalencia | correo@leonardovalencia.com

(Publicado originalmente en diario El Universo, Guayaquil, el martes 11 de agosto de 2015)

En mi columna anterior, quince días atrás, planteé una pregunta desde el mismo título (“¿Cómo llegan los libros a nuestras manos?”), comentando la variedad de factores que se suman para convocar nuestro interés o disposición por un determinado libro. Ese engranaje es tan complejo y sutil que construye la ilusión retrospectiva de que los libros llegan espontáneamente a nuestras manos. Concluí mi artículo diciendo que intentaría responder cómo ocurre ese fenómeno en Ecuador.

Hay tres puntos que son evidentes: en Ecuador los libros llegan caros, llegan tarde, y si es que llegan alguna vez. Por supuesto, nunca llegan directamente a las manos del lector. Este tiene que ir a comprarlos a las librerías. Y aquí es donde empieza la complicación y empiezan las preguntas: ¿por qué son tan caros los libros en las librerías ecuatorianas? Y de manera más precisa: ¿por qué es tan difícil encontrar libros ecuatorianos en una librería?

Parecería que en Ecuador hay una fatalidad contra la que el único argumento es el acoplamiento y la resignación que se resume en la peor frase para el destino de una comunidad: “así funciona este país”. Y en cuestiones de lectura y cultura la frase se vuelve de un fatalismo que mantiene las cosas en su sitio. Si en Ecuador el índice de lectura es sumamente bajo –medio libro al año– entonces la lectura queda relegada para un nicho de lectores especializados (y con recursos) a los que no les importa pagar 40 dólares o más por un libro, digamos que publicado en España, donde su precio de venta al público es de 15 o 20 dólares). ¿Por qué la diferencia en librerías ecuatorianas? ¿Hay elevadísimos impuestos de importación? No, no los hay. Entonces, ¿qué ocurre? ¿Será acaso que se espera que un libro, al no cumplir la misma velocidad de rotación de un producto masivo, tiene que compensarlo con su elevado precio, duplicándolo? ¿Puede el libro cumplir la misma dinámica de circulación de un producto comercial como un litro de aceite o un jabón?

En la particularidad ecuatoriana, se presenta un tema adicional. ¿Por qué no se consiguen títulos ecuatorianos en las librerías? Y más grave aún, ¿por qué no son visibles? Pregunte usted por la sección de literatura ecuatoriana en una librería nacional y la respuesta será siempre la misma: vaya al fondo, o allá arriba, o a una esquina. Si es que directamente no le dicen: no tenemos literatura ecuatoriana, o lo remiten a ediciones escolares. Ya he comentado en una ocasión anterior que resulta inverosímil que en alguna librería una sola editorial española tenga más anaqueles y exposición que toda la literatura ecuatoriana.

Y no es una cuestión de orgullo nacional. Nuestra literatura tiene grandes deficiencias, y no puede competir frente a la megaoferta global de la literatura, pero no se trata de dejar que la situación siga bajo el lema: “Así funciona este país” y todos debamos leer best sellers dictados por Fráncfort o Nueva York. Los escritores y editores ecuatorianos, no solo los literarios, se exigen cada vez más. Tanto es así que muchos autores ecuatorianos son editados y traducidos en el extranjero. Las librerías ecuatorianas deberían también aportar en este cambio, no sabotearlo. Es comprensible que, como empresa, las librerías necesiten vivir –los escritores y editores también, ¿no?–, pero también debe ser comprensible que, al igual como ocurre con esos escritores y editores, cuando no se puede obtener una gran rentabilidad hay que ingeniárselas para compensar un oficio que depende en gran medida de una condición vocacional y cultural.

Tampoco se trata de empezar a exigir la intervención estatal. Los gobiernos ecuatorianos se han mostrado ineficientes. Actualmente, la situación es realmente crítica. Aquí también sufren los editores independientes. Si los libros ecuatorianos no son visibles desde la misma entrada de las librerías, ¿de qué manera los lectores se van a enterar? Y es que además los libros ecuatorianos precisamente no tienen costos tan elevados. De hecho, tienen casi el mismo valor que tienen los libros importados en su lugar de origen. ¿De qué se está perdiendo entonces el lector ecuatoriano? Y, sobre todo, ¿qué responsabilidad cultural tienen las librerías ecuatorianas frente a la edición nacional? Me comentaba un joven editor quiteño que uno de sus dilemas es tener que responder a un escritor ecuatoriano que quiera publicar bajo su sello, qué distribución le puede ofrecer si es que las librerías optan por marginar o no recibir libros ecuatorianos.

Ahora que la cadena de librerías de Mr. Books ha adquirido la otra gran cadena de librerías, Libri Mundi, pasando a ser el grupo librero más importante de Ecuador con casi una veintena de librerías –a lo que se suman los puntos de venta en cadenas de supermercados–, es un momento ideal para replantear qué política cultural se va a aplicar respecto al libro nacional en el tejido vivo de las librerías. Y, por supuesto, evitar el riesgo de convertirse en un monopolio cultural. Porque la responsabilidad cultural, insisto, ya no es una cuestión meramente de mercado. El libro representa un capital simbólico que, paradójicamente, el mismo mercado debe contemplar a riesgo de asfixiarse a sí mismo. Y por lo que he indicado tampoco es una cuestión de control estatal, que se ha mostrado inoperante, o puede llegar a ser excesivamente injerente, y eso también destruye ese tejido vivo de la circulación de los libros. Creo que los lectores, escritores y editores ecuatorianos están en su derecho de pedir, no solo al grupo librero de Mr. Books, sino a todas las librerías ecuatorianas, que favorezcan y estimulen la exposición de la producción ecuatoriana del libro.

Así, cuando mañana los lectores pregunten por literatura ecuatoriana en una librería, ya no sea necesario ni siquiera preguntarlo: la evidencia estará allí, a la vista del público, en la misma entrada de las librerías, visible no solo con uno o dos títulos sino con varios, y con distintas editoriales ecuatorianas, como ocurre en otros países con sus respectivas literaturas y sellos editoriales. Así los libros llegarán a nuestras manos. (O)

Los escritores y editores ecuatorianos, no solo los literarios, se exigen cada vez más. Tanto es así que muchos autores ecuatorianos son editados y traducidos en el extranjero. Las librerías ecuatorianas deberían también aportar en este cambio, no sabotearlo.

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