Anotaciones sobre los cuentos de Equinoccio

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Por Iván Rodrigo Mendizábal

He publicado los cuentos premiados del I Concurso de Fantasía y Ciencia Ficción Equinoccio. El Concurso, como se sabe, el primero en su género en Ecuador, fue lanzado a finales del 2013 y recién a inicios de este año 2015 se tuvo los resultados. Seguramente el jurado ha debido tener una interesante discusión en relación a los concursantes que, tengo conocimiento, han sido muchos.

Los resultados mostrados, empero, son variopintos y merecen una cierta discusión en la medida que quienes fueron nominados y ganadores son en general jóvenes con poco oficio en el cuento, más aún de fantasía y ciencia ficción. Esto no desmerece en grado alguno las propuestas y más bien constituyen un escenario a considerar porque en el país la escritura de estos géneros sigue siendo un campo de promesas: no obstante una cierta tradición ya fundada por escritores, las actuales generaciones son cultores que exploran nuevas posibilidades de argumentos dignos a considerar.

El Concurso convocó cuentos de fantasía y ciencia ficción. Los nominados y premiados, en efecto, muestran que hubo cuentos de ambos géneros, aunque habría que indicar que, si bien puede haber hoy una cierta indistinción entre ambos, dado que se borran a veces los límites, no siempre los cuentos pueden ser considerados como tales. No basta la ideación de un futuro o la descripción de algún tipo de escenario o mundo posible. Como señala Umberto Eco en su “Los Mundos de La Ciencia Ficción” –en De los espejos y otros ensayos (Lumen, 2000)–, es necesario un tipo de extrapolación. Pero más que eso, como he ido sosteniendo en otros ensayos, al tono de Darko Suvin, en Metamorphoses of Science Fiction: On the Poetics and History of a Literary Genre (1979), es importante el distanciamiento cognitivo, hecho que produce el novum en la lectura.

Preocupaciones del tiempo actual proyectados a un momento futuro están en los cuentos de Gabriel Noriega Ormaza, “Hugo, nuestro rojo señor” y de José Luis Barrera, “El sueño de la suerte”. En ellos hay extrapolación pero no necesariamente distanciamiento cognitivo. Son reflexiones de una realidad actual política y una posible idea de acabamiento futuro en virtud de lo que sus autores podrían considerar, un tiempo inesencial, es decir, un tiempo que pudo haberse planteado como futurizador, pero que se ha detenido por efecto de sus actores, logrando imágenes grotescas de una forma de gobierno y de sociedad. Tales cuentos exhalan ironía y al mismo tiempo dolor. Empero, hay que decirlo con justicia, el de Barrera me parece más trabajado, más sugerente –sin llegar al novum–, en tanto el de Noriega Ormaza, no obstante el ejercicio de usar el modelo del cuento ensayo, es una disparatada propuesta de mal gusto.

Más sugerente, sin duda es el ganador del cuento de fantasía, “La travesía del alma” de Bryan Andrés Pico Mayorga. Sugerente en tanto usa la estrategia del archivo encontrado, documento donde se guarda un secreto del cual el narrador dará cuenta como alguien que abre dicho archivo a la luz. La apertura implica un haz de misterio que raya en lo esotérico: pues la figura y la tradición fundada por Medardo Ángel Silva, sobre todo, el sentido del texto poético que remite a los simbolistas franceses, en particular, Charles Baudelaire, hace que se quiera descubrir que entrambos no solo que hay conexiones, sino la reencarnación de almas. Recuerdo un film de Eliseo Subiela, No te mueras sin decirme adónde vas (1995) que, desde el plano fantástico, también se plantea este hecho, que las almas vuelven a corporizarse en tiempos distintos. Subiela sugiere que el coayudante de Thomas Alva Edison se habría corporizado ahora en un proyeccionista de cine obsesionado por inventar una máquina para captar los sueños. En Pico Mayorga, el relato transcrito en las cartas, supone que su abuelo paterno habría descubierto a Baudelaire en el cuerpo de Silva, y su encuentro para hacerle constar de ello es como tratar de volver a recordar ese paso transmigratorio. En Subiela, es un proceso poético de diálogo con los fantasmas que rodean a las imágenes. Con esto quiero decir que es evidente que a la dimensión fantasmática, a la del misterio, le faltaría la dimensión de lo poético en Pico Mayorga.

Pasando a la ciencia ficción, tanto “Botones rotos” de Dumany Omar Chapi Enríquez cuanto “Ya nadie cree en superhéroes” de Daniel F. Benavides Cornejo, tienen ese halo de misterio, la presentación de mundos posibles, etc., que los sitúa nuevamente más en la dimensión de lo fantástico, no obstante las alusiones a tiempos distintos y a tecnologías otras puedan ser parte de sus caracterizaciones en el tono de la ciencia ficción. En “Botones rotos” el misterio está tras un ascensor que en realidad es una especie de tecnología de transportación interdimensional. Su novum es precisamente este aparato del cual el narrador, como alguien descreído, no toma conciencia de la dimensión de aquel y su uso científico. Se sugiere y ahí está, como una ventana a la posibilidad. Probablemente está ahí su valor como texto literario. Lo mismo con el cuento de Benavides Cornejo, “Ya nadie cree en superhéroes”, que paradójicamente es el relato o el diálogo existencial entre dos seres rivales, quizá los últimos de ese mundo posible, que a pesar de haber luchado en ligas diferentes, son producto del tiempo y de las circunstancias; pues sus actos heroicos no pueden ser considerados como tales. Producto de ello, son ahora parias para lo cual sus propias máscaras no tienen la dimensión que les podría caracterizar. Es interesante el sugerente final, pues ellos son perseguidos, hecho que les devuelve a la dimensión de lo oscuro. ¿Un homenaje al cómic urbano decadentista?

Pasando por alto los juicios de quienes organizaron este evento, pienso que “El mecánico” de Antonio José Zapater Cardoso es el más logrado y el más rico en imágenes poéticas; es decir, se trata de una pieza que abre a muchas posibilidades de lectura. Por lo menos lo intuyo así. Se inspira o toma como referente el jugador autómata de Wolfgang Von Kempelen, pero es la historia de un mecánico inventor que diseña una máquina que poco a poco va “succionando”, si se quiere, el ser del ayudante, introducido dentro de aquella; la consecuencia es que la máquina va produciendo ahora nuevos seres. El distanciamiento cognitivo está en el hecho de que una vida anodina, de un inventor de poca monta, es visto desde la dimensión de un artificioso ser que poco a poco va siendo objeto de su propia invención. El detalle con que Zapater Cardoso describe el tiempo pasado y el tiempo presente, hace que leamos en cuento como si nos trasladáramos a dimensiones diferentes, como si estuviéramos dentro de la máquina. El novum, a mi modo de ver tiene que ver con eso que en su momento Gilles Deleuze y Félix Guattari –tomando además en cuenta las tesis de Antonin Artaud– planteaban como el cuerpo sin órganos. En Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia (Pre-Textos, 2002), ellos hablan de un cuerpo indeterminado que quiere reorganizar la vida, es decir, un cuerpo con una organización aorganizada que funciona por horadar lo organizado establecido; de este modo, su operatividad, su horadamiento se plantea como otra forma de vida, como otra potencia. ¿No es acaso este el destino de la máquina y los diminutos seres que a la final termina domesticando en el cuento de Zapater Cardoso?

Nota final hay que decir de ciertas ilustraciones que hiciera Fernando Naranjo Espinoza, escritor de ciencia ficción, parte del jurado del I Concurso de Fantasía y Ciencia Ficción Equinoccio, encargado de difundir los cuentos y quien hizo llegar a Ciencia Ficción en Ecuador cada uno de ellos para que los podamos publicar por entero. Naranjo Espinoza, además, es uno de los primeros creativos que hiciera ciencia ficción en historietas. Él se había propuesto ilustrar cada uno de los cuentos ganadores. Cuando me escribió me señaló que los pocos y ya publicados en su blog Panóptico Galería Naranjo, eran la base los próximos. Entiendo que se ha enfrascado a su profesión y que no le dio tiempo hasta ahora para completar la serie. Ello no implica que sus ilustraciones no puedan ser comentadas. Al contrario, me parecen como síntesis de lecturas.

"Ruco" por Fernando Naranjo Espinoza

“Ruco” por Fernando Naranjo Espinoza

Para “El sueño de la suerte” nos propuso al durmiente: en gris, trazado en lápiz, líneas gruesas, denotan la sensación de lo pesadillesco, más aún cuando el ser plasmado estaría dominado por unas líneas verticales que asemejan a los de los títeres: otros se hacen dueños de los sueños de cualquiera.

Para “Hugo, nuestro señor rojo”, la imagen deificada de Hugo Chávez. Naranjo Espinoza nos cuenta que tal ilustración –y cuento– provocó críticas y tensiones. Pues bien, la ilustración recoge la ironía del cuento: los trazos gruesos y el anclaje textual dentro del dibujo muestran el cambio de los tiempos, donde la iglesia es constituida por los fanáticos. ¿No sería esta una lectura también del fenómeno Maradona hace algunos años?

"Botones rojos", ilustración de Fernando Naranjo Espinoza.

“Botones rojos”, ilustración de Fernando Naranjo Espinoza.

Para “Botones rotos” Naranjo Espinoza nos hace aparecer a la fantasmática mujer que supuestamente desaparece en el ascensor. Es una imagen que evoca sensualismo como una especie de sugerencia de un ascensor a otra dimensión a partir del fantasma visto como algo sensual.

Digamos una observación final: hay quienes, interesados por este Concurso, han preguntado sobre su continuidad. La respuesta está en sus organizadores, sobre todo la Tertulia Guayaquileña de Fantasía y Ciencia Ficción.

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