El hombre que bajó a Berlín

Homenaje a David Bowie en las afueras del edificio donde vivió durante su etapa en Berlín. Foto: Pablo Rojas/Alma Nachmann.

Homenaje a David Bowie en las afueras del edificio donde vivió durante su etapa en Berlín. Foto: Pablo Rojas/Alma Nachmann.

Por Alma Nachmann, periodista

(Publicado originalmente en revista dominical, Cartón Piedra, del diario El Telégrafo, el 24 de enero de 2016)

En el otoño de 1976 David Robert Jones y James Newell Osterberg se instalaban en el primer piso de un anodino edificio en la Hauptstrasse 155 de Schöeneberg, barrio lúgubre de una capital alienada: Berlín Occidental. “Me atraía esa ciudad como un santuario”. Allí crearía David Bowie, bajo el influjo del espíritu de esa urbe amurallada, tres álbumes de ruptura radical, extravagantes, indiferentes al glamour, experimentales, en los que vibra el conflicto, como la metrópoli donde nacieron: Low y Heroes (1977) y Lodger (1979), la trilogía berlinesa.

Berlín Occidental, la sombra omnipresente del muro, como el mar abrazando una isla, “esa isla formada por la explosión de un volcán”, diría Iggy Pop. “La tensión era tremenda” para David Bowie, el hombre que bajó a la Tierra, a esas callejuelas de Berlín donde subsistían la sangre y las ruinas1 de una guerra terminada hacía 31 años pero que seguía acechando tras los muros, con otro disfraz. Descendió la estrella del cielo estrafalario del rock, del glam, del pop, del arte conceptual; bajó a la Tierra un hombre con un historial de metamorfosis2. En Berlín reinventaría el juego junto a sus compañeros de aventuras3: Brian Eno y Tony Visconti, quienes sabían que para grabar un álbum con Bowie no bastaba instalarse en el estudio. Entusiasta, curioso, ser en continua transformación, adoraba la vida y exploró rabiosamente el alma berlinesa. Junto a Eno y Visconti. Con su esposa Angie y su hijo de 5 años, Duncan, de paso por el zoo de Berlín, esa institución literaria. Aunque su verdadero compinche sería Jimmy (Iggy Pop), ese ‘rockero nihilista’ que componía para descomponer/se.

David y Jimmy venían huyendo de Los Ángeles, feria de vanidades en la que estaban a punto de colapsar bajo el peso de los roles de David Bowie e Iggy Pop: las exigencias, la dependencia, la hipocresía y el desperdicio de energía necesarios para seguirle el ritmo a la coreografía del estrellato en Hollywood. A punto de sucumbir4 ante el poder implacable de las adicciones5: “Abandoné L. A. asediado por el presentimiento de que si no lo hacía, algo malo ocurriría”. Paranoia y delirio. En 1976, The Man Who Fell to Earth se estrenaba en las pantallas y durante su deslumbrante actuación Bowie esnifaría hasta diez gramos de cocaína al día. Orbitaba alrededor de una adicción ‘astronómica’ a ese polvo de estrellas veloces y fugaces.

“Fuimos a Berlín a desintoxicarnos. Sí, justamente a la capital de la heroína” (la vida es una ironía) con la idea de cambiar de vida. Los músicos aterrizarían nuevamente en la realidad para reencontrar lo esencial en esa ciudad donde se respiraba conflicto y cambio6, indiferente al glamour, excéntrica. Bowie abandonó su mansión en Bel Air para redescubrir el pensar sin drogas, reducir la burbuja de gente que le rodeaba para concentrarse en tres o cuatro personas con las que trabaja bien. “Berlín era una ciudad terapéutica, te permitía hacer las cosas por ti mismo”, te liberaba el anonimato. “Y tiene la extraña habilidad de hacerte escribir solo lo importante excluyendo al resto…, y al final produces Low”, el primer álbum de la trilogía berlinesa.

Recluido en su habitación de la Hauptstrasse 155, David Bowie daría rienda suelta a sus fuerzas creativas, se nutriría del atenazador espíritu de esa ciudad símbolo de las tormentas que se desatan en el encierro. “Siempre fui tímido, me fascina el aislamiento7, cortar todas las conexiones con el mundo”, repitió toda su vida David Bowie, tras distintas máscaras. Había decidido amurallarse en esa ciudad8 donde se respiraba la inminencia del peligro, en ese momento y lugar histórico marcado por la inseguridad, al borde del tránsito o de la catástrofe. “Inseguridad” es aquello que el artista requiere para crear, diría Eno décadas más tarde reviviendo el delirio creativo en los estudios Hansa en Berlín. El peligro teñía el precoz crepúsculo causado por la sombra del muro. Berlín Occidental, en el ojo del huracán, desamparado, viviendo día a día la proximidad de una nueva guerra, atraía como un imán a aquellos que existían en la periferia de la vida. A los solos, los raros, los que no tenían nada que perder y vivían al margen9 de la normalidad. En Berlín Occidental moraban los sobrevivientes de catástrofes políticas e individuales10. Desde la ventana de los estudios Hansa “by the Wall”, ubicados a ciento cincuenta metros del puesto de control de frontera entre Berlín Occidental y Oriental, David Bowie, Tony Visconti, Brian Eno e Iggy Pop contemplaban el muro, los guardias armados. Se preguntaban sobre el miedo mientras Bowie lo transformaba en delirio y posibilidad. Ser héroes, aunque sea por un día, amarnos a la sombra del muro, sí, como Tony y su amante Antonia, a quienes pilló besándose11 desde la ventana del estudio, mientras fumaba.

Heroes, héroes de un día, el himno de las generaciones desencantadas. Bowie confesaría que los héroes le aburrían. De ahí ese circo de engendros, mutantes, alienígenas, raros que pueblan su música, y de ahí también esos ‘héroes’12 entre comillas (ironizada la palabra también con su voz, ese talento sobrehumano para los matices). “Es aterrador estar solo”, confesó el artista en una entrevista. El muro se eleva entre nosotros y el mundo. Por eso los héroes del muro son amantes y los niños heroinómanos de Bahnhof Zoo veían en la música de Bowie un rayo de luz en el desierto gris del Berlín estancado de la posguerra. Lo confesaría el propio David Bowie: “Tony, Brian y yo creamos un lenguaje de sonidos poderoso, angustiado y a ratos eufórico. Capturamos de alguna manera esa sensación de anhelo de un futuro que todos sabíamos que no sucedería…”13.

Y sin embargo sucedió, el muro cayó14 una década después de que David Bowie abandonara Berlín Occidental para continuar su exploración por aquellos universos místicos que se camuflan en esta Tierra. En 2013, 3 años antes de su muerte, regresando la mirada a lo que fuera la explosión cósmica de su vida, a los acontecimientos históricos sobre los que reflexionara, se preguntaba dónde estamos, dónde estoy, dónde estás: ‘Where are we now?’. Andamos sobre los muertos, sobre la esperanza angustiada de los veinte mil que cruzaron el puente de Boese ese 9 de noviembre de 198915. Recordaría la época berlinesa, tan cerca y tan lejos de la Tierra, de la realidad, sin limusina ni chofer, tomando el tren en Potsdamer Platz, cerca de los estudios de grabación, esa ventana donde vio besarse a los amantes en esa posibilidad “heroica” y fugaz, o eterna, que es el amor16. Recordaría la discoteca Dschungel en Nürnberger Str., el club mítico de Berlín, epígono mamarracho del Studio 54 en Nueva York. Volverían a su mente los escaparates del KaDeWe17, la galería comercial fundada por una familia judía a inicios del siglo pasado para traer modernidad y mundo al Berlín que crecía imparable hasta que lo asolara el nazismo. El Kaufhaus (K) des (D) Westens (W), literalmente: casa comercial del Oeste, existía —y existe aún— cuando Bowie andaba por Berlín dándose un baño de realidad, haciendo él mismo las compras de los víveres que desaparecían mágicamente del refrigerador del piso compartido. Hasta que llegó el día en que el admirado ‘rockero nihilista’ Iggy Pop se tuvo que mudar a su propio departamento en el edificio trasero de Hauptstrasse 155.

Desayunaban café y cigarrillos al mediodía, cócteles en La otra orilla: “Das andere Ufer”; hoy La nueva orilla: “Neue Ufer” en la calle misma de su casa, en ese el primer bar gay de Alemania. David Bowie recordaría durante toda su vida las historias isherwoodianas que le atrajeron a Berlín y que allí vivió: el Mercedes coupé del 55 que recibió por su cumpleaños, cuando sus amigos andaban tan quebrados y el auto estaba tan oxidado que el piso se abría bajo sus pies, como la boca de la noche que se los tragaba y los escupía borrachos al filo de la madrugada: Jauppptstraisei junderrrrt fiunf und fiundzig, vocalizaba el cantante anónimo tirado en el asiento posterior de un taxi, y mágicamente aparecía en su casa. Décadas después todavía relataba estas historias con el humor de todo genio. Como cuando Iggy Pop regresó alucinando de una discoteca punk, donde habían conmemorado un aniversario de la construcción del muro con un pastel que culebreaba por todo el club. A las doce de la noche se lanzaron sobre el postre y simbólica y salvajemente se lo comieron. David Bowie se perdió esta fiesta pero participó en una más desmedida. En 1987 proyectaba el sonido de su concierto al otro lado del muro, donde los jóvenes de la República ‘Democrática’ Alemana (‘democrática’, con la ironía con que Bowie cantaba ‘héroes’) habían salido a las calles sedientos de libertad. La violenta represión estatal arrastró varios presos, pero sobre el castigo, en ese cielo intocable, flotaba la música de Bowie.

Descendió a la Tierra para proyectar la fuerza de su música al otro lado del muro, de los muros, reunificar dualidades, reforzar el culto al híbrido y a la transformación. Y se volvió a ir. ¿Dónde estás ahora?18, le preguntamos, acostumbrados a su respuesta, transitoria, irónica, hechizante. Mesiánica. ¿Dónde estás ahora?, ahora que en la otra orilla conoces ya el secreto19. ¿Somos héroes de un día o héroes por toda la eternidad? Se fue, pero nos dejó su música, con sus preguntas-respuestas, abierta al pasado y al futuro20, a lo físico y lo metafísico.

¿Dónde estás ahora?, le preguntan los berlineses al pie del ya mítico departamento de la Hauptstrasse 155, y lo buscan en el cielo sobre Berlín, poblado de ángeles y demonios21, donde hoy vive, como uno más, ese ángel-demonio a quien el ángel de la muerte venía llamando22 desde hace décadas, y finalmente se salió con la suya.

NOTAS

  1. “… just walking the death…”. ‘Where Are We Now?’, The Next Day (2013)
  2. Major Tom, Ziggy Stardust, Alladin Sane, The Thin White Duke, etc…: “I’m a collector. And I’ve always just seemed to collect personalities, ideas.” London Weekend Television Program (1973)
  3. “Dress my friends up just for show/ See them as they really are.” ‘Andy Warhol’, Hund Dory (1971)
  4. “I walk through a desert song/ when the heroine dies.” ‘The Secret Life of Arabia’, Heroes (1977). Cocaína para David, heroína de Iggy, ambos eran esclavos de sus -inas.
  5. “Something’s in the way/ there’s slaughter in the air.” ‘Beauty and the Beast’, Heroes (1977)
  6. “The sons of the silent age… sit in back rows of city limits/ lay in bed coming and going on easy terms/ pacing their rooms like a cell’s dimensions…”, ‘Sounds of the Silent Age’, Heroes (1977)
  7. “Deep in your room you never leave your room/ something deep inside me-yearning deep inside of me/ Talking thru the gloom”, ‘What in the World’, Low (1977)
  8. “Nothing to do/ Nothing to say/ I will sit right down/ Waiting for the gift/ of sound and vision/ […] Drifting into my solitude”, ‘Sound and Vision’, Low (1977)
  9. “Oh you/ you walk on past”, ‘Blackout’, Heroes (1977)
  10. “We can beat them/ just for one day.” ‘Heroes’, Heroes (1977)
  11. “I, I can remember …/ Standing, by the wall…/ And the guns shot above our heads…/ And we kissed, as though nothing could fall”, ‘Heroes’, Heroes (1977). Como Angie y David, amantes atormentados, él alcohólico, héroe de un día, ella estrambótica… Al borde del colapso, del divorcio que llegaría en 1980.
  12. “We can be heroes just for one day/ we can be us/ just for one day.” ‘Heroes’, Heroes (1977)
  13. “Sometimes you get so lonely/ Sometime you get nowhere/ I’ve lived all over the world/ I’ve left every place/ Please be mine/ Share my life/ Stay with me.” ‘Be my Wife’, Low (1977)
  14. “We’re nothing/ and nothing will help us”, ‘Heroes’, Heroes (1977)
  15. “You’ll never know the real story/ just a couple of dreams”, ‘Joe the Lion’, Heroes (1977)
  16. “Twenty thousand people/ Cross Bösebrücke/ Fingers are crossed/ Just in case”, ‘Where are we now?’, The Next Day (2013)
  17. “Baby I’ve been breaking glass in your room again… See you’re such a wonderful person/ But you got problems oh-oh-oh-oh/ I’ll never touch you.” ‘Breaking Glass’, Low (1977)
  18. “A man lost in time near KaDeWe”, ‘Where are we now?’, The Next Day (2013)
  19. “Where are we now? The moment you know, you know, you know…” ‘Where are we now?’, The Next Day (2013)
  20. “As long as there’s sun, as long as there’s rain, as long as there’s fire, as long as there’s me, as long as there’s you”. ‘Where are we now?’, The Next Day (2013)
  21. “’You know who I am,’ […] The speaker was an angel […] ‘It’s time we should be going’ […] (Waiting so long, I’ve been waiting so, waiting so) […] driven by the night/ Till you come…”, ‘Look Back in Anger’, Lodger (1979)
  22. “It’s time we should be going”, ‘Look Back in Anger’, Lodger (1979)
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