Barrera Valverde, Alfonso (1929-2013)

Por José Ramón Fernández de Cano

(Publicado originalmente en La web de las biografías, s.f.)

Poeta, narrador, jurista y diplomático ecuatoriano, nacido en Ambato (capital de la provincia de Tungurahua) en 1929 y fallecido el 6 de septiembre de 2013. Autor de una interesante producción literaria que progresó con idéntica fluidez por los géneros de la poesía, el ensayo y la narrativa de ficción, alcanzó celebridad mundial por su novela El país de Manuelito (Quito, 1984), considerada ya un clásico de la Literatura infantil en lengua castellana.

Hombre de vasta formación humanística, cursó estudios de Letras y de Derecho, al término de los cuales desplegó una intensa actividad profesional como jurista en su país natal. Ingresó luego en la carrera diplomática, en la que, entre otros cargos de gran responsabilidad, ejerció como embajador de Ecuador en Argentina y en España. A su regreso a su tierra, se interesó vivamente por la política nacional y acabó desempeñando el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Jaime Roldós Aguilera.

En su faceta de escritor, se dio a conocer como poeta a los veintidós años de edad, por medio de la publicación de un primer volumen de versos titulado Floración del silencio (1951). Por aquel tiempo, el joven Alfonso Barrera Valverde era uno de los integrantes del grupo poético Umbrales de Quito -aglutinado en torno a la revista homónima-, en el que sobresalieron, junto a él, otras jóvenes promesas de la poesía ecuatoriana de mediados del siglo XX, como Alicia Yánez Cossío, César Dávila Torres -autor de obras tan significativas como Los hijos de la tierra (1955) o La sangre gozosa (1957)-, y, entre otros, Eduardo Villacís Meythaler (1932- ).

Precisamente fue éste último quien compartió los honores de la fama con Barrera Valverde en 1953, a raíz de la publicación de un volumen poético que, bajo el título de Latitud unánime (Quito, 1953), divulgaba composiciones de ambos jóvenes poetas y compañeros de grupo literario. Posteriormente, el escritor de Ambato enriqueció su obra lírica con otros cancioneros tan aplaudidos por la crítica y los lectores como Testimonio (Quito, 1956), Del solar y del tránsito (Quito, 1958), Poesía (Quito, 1969) y Tiempo secreto (Buenos Aires, 1977), este último considerado unánimemente por la crítica especializada como su obra maestra. Se trata, en efecto, de un poemario en el que la hondura y profundidad de los conceptos, expresados siempre en un lenguaje de asombrosa sencillez, quedan perfectamente subrayados por la perfección de las formas, como fácilmente puede apreciarse en este fragmento de la composición titulada “Poema para concurso”:

Vengo, señores, toco vuestros nombres / y digo mi poema, a mi manera: // Maldito y perdonado sea el hombre / que compra la palabra y la hace célebre. // Maldito y perdonado sea el hombre / que tiene pan, lo niega y no lo muerde. // Maldito y perdonado sea el hombre / que sin vivir su vida habla de muerte. // Maldito y perdonado sea el hombre / que vive sin vivir su propia muerte. // Maldito y perdonado sea el hombre / que muere sin morir lo suficiente […]”.

Mucha más tardía fue la eclosión de la vocación narrativa de Alfonso Barrera Valverde, plasmada, en una primera instancia, en la narración extensa titulada Dos muertes en una vida (Buenos Aires, 1971). Esta obra, que le dio gran celebridad entre los escritores ecuatorianos del último tercio del siglo XX, narra, con demorada complacencia en la sencillez de lo cotidiano, los hechos rutinarios de las clases populares de una ciudad de provincias. Idéntico fondo temático y estilístico -sencillez de la vida cotidiana y claridad en el lenguaje, la estructura narrativa y la exposición de los hechos- se advierte en la segunda entrega novelesca de Alfonso Barrera, publicada al cabo de siete años bajo el curioso título de Heredarás un mar que no conoces y lenguas que no sabes (Madrid, 1978).

Seis años después de la aparición de su segunda novela, el escritor ambateño probó fortuna en el complicado género de la literatura infantil, por medio de una novela titulada El país de Manuelito (Quito, 1984). Tras su excepcional acogida no sólo en Ecuador, sino en buena parte de Hispanoamérica, esta novela puso de manifiesto la singular capacidad literaria de Barrera Valverde a la hora de trasponer, al siempre enigmático universo de los jóvenes lectores, las mismas claves temáticas de sus novelas anteriores (preocupación por la vida sencilla y cotidiana, que acaba revelando unos orígenes comunes y unas pautas de comportamiento que confirman la existencia de una identidad nacional).

De forma sorprendente, tras muchos años de silencia narrativo el escritor de Ambato volvió a ocupar las primeras planas de la prensa cultural de ambos lados del Atlántico al publicar, ya bien entrado el siglo XXI, una curiosa novela titulada Sancho Panza en América (2006). En ella, Barrera Valverde parte de un suceso ficticio de dominio universal -la muerte de don Quijote- para urdir un rocambolesco viaje de su escudero por el Nuevo Mundo.

Alfonso Barrera Valverde también cultivó el ensayo, género al que aportó obras como El derecho internacional público en América (1962), Manual de extranjería (1966), La occidentalización de la poesía japonesa contemporánea (Quito, 1968) y Hombres de paz en lucha (Quito, 1984).

Bibliografía

  • RODRÍGUEZ CASTELO, Hernán. “Alfonso Barrera Valverde”, en La lírica ecuatoriana contemporánea (Bogotá: Ed. Círculo de Lectores, 1979).
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