“Sancho Panza en América” de Alfonso Barrera Valverde

Por Freddy Tumbalobos

(Publicado en el blog Literatura Ecuador el 13 de marzo de 2010)

Título: Sancho Panza en América o la eternidad despedazada

Autor: Alfonso Barrera Valverde (Ambato, Tungurahua, 1929)

Año de publicación: 2005

Edición: Alfaguara, primera edición, octubre 2005

Páginas: 222, 31 capítulos + epílogo

A la muerte de Don Quijote, Sancho se ha quedado sin caballero y sin escudo. Emprende, entonces, un viaje de soledad al Nuevo Mundo y llega, en el año 2005, a la Ciudad de las Colinas y de los Valles.

Sancho deambula por las calles de San Roque; conversa con la gente; conoce al duende triste; dialoga con el poeta del siglo XX. Pero Sancho no logra descubrir por qué en este país nadie es inmortal, por qué aquí los locos no son tan locos y por qué los cuerdos toman a los ingenuos por locos.

A esta novela, narrada con la maestría de Alfonso Barrera Valverde, se la puede anunciar como una propuesta “disparatada, alucinante”, porque se arriesga a dar una nueva vida y otro tiempo a uno de los personajes más célebres de la literatura universal, o se la puede convertir en un escudo y, ahora, el lector ser el Quijote que acompaña a Sancho a seguir “deshaciendo entuertos”.

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

Hoy toca hablar de “Sancho Panza en América o la eternidad despedazada” (a partir de ahora sólo “Sancho Panza en América”; el segundo título me resulta odioso), de Alfonso Barrera Valverde.

En esta novela nos encontramos con la situación de que, una vez fallecido don Quijote, Cervantes muere sin volver a acordarse de Sancho Panza. Éste, que se encuentra en un limbo literario, es invitado a conocer Quito, pero no su Quito contemporáneo sino el de ahora, el del año 2005. Sancho Panza se hospeda en una casa del barrio de San Roque y asiste a las tertulias que comparten sus vecinos los viernes por la tarde.

Este libro lo componen 222 páginas impresas en fuente gorda y salpicadas por numerosas ilustraciones (unas ilustraciones muy apropiadas, firmadas por Oswaldo Viteri). Con ello quiero decir que “Sancho Panza en América” se puede leer fácilmente en una tarde… con mucha voluntad. Personalmente me ha llevado casi tres semanas concluirlo.

Esta novela me ha resultado pesada por diferentes razones. Primero por el lenguaje, el cual es a la vez sencillo y artificioso (resultaría sencillo en el siglo XVII pero ahora hace que ardan los párpados). Es evidente que en la escritura de este libro Barrera Valverde tuvo muy presente el Quijote y quiso imitar el estilo. El esfuerzo se reconoce pero se da la paradoja de que una novela publicada en 1605 se pueda leer en el siglo XXI saboreando cada una de sus palabras mientras que esta otra, publicada cuatrocientos años más tarde, deja un regusto en el paladar a rancio. A viejuno.

Escribir como Cervantes es una de las mayores tentaciones que puede sufrir y que sufrirá, tarde o temprano, un prosista. Pondré un ejemplo hablando de mí (cosa que hago a menudo, por otra parte). Mi primera lectura completa de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” alteró mis letras durante un tiempo. Por aquel entonces yo estaba escribiendo una novela y, de manera un tanto forzosa, me vi en la necesidad de insertar un capítulo en el que imitaba a don Miguel. El resultado fue, por supuesto, un despropósito. Afortunadamente poco después las aguas volvieron a su cauce y no intenté nuevos experimentos. Pero esto que me ocurrió ha ocurrido a muchos otros. Pocos son los novelistas que tienen éxito tomando el estilo de Cervantes (ahora sí, los que lo consiguen se convierten en autores imprescindibles; en España tenemos como ejemplos a Luis Landero y, en menor medida, a Antonio Muñoz Molina). Lo normal es que suceda lo que le ha sucedido a Alfonso Barrera en esta obra. Es muy dificultoso concentrarse en su lectura. Lo pensamientos huyen hacia otras latitudes, lejos de este tostón.

Habla de las razones por las cuales “Sancho Panza en América” me ha resultado tan espeso. Además del lenguaje me pesa el ritmo. Comienza muy tarde (de hecho no acabo de estar seguro de que comience en algún momento). Algunos capítulos son auto-conclusivos y otros están agrupados temáticamente. Lo que sí es igual siempre es la completa ausencia de acción. En toda la novela no ocurre nada. Aprovecho para enlazar con la siguiente de las razones, la más grave de todas: la trama.

Aquí no se cuenta ninguna historia. Sancho Panza aparece en Quito sin más ni más. En las tertulias a las que le invitan parece transparente (y mudo, lo cual es más incomprensible en este personaje). Sus anfitriones se dedican a comentar la figura de Eugenio Espejo además de otras anécdotas que igualmente se hubieran contado si no estuviera Sancho. ¿Para qué traerlo entonces? Luego se dedican a diseccionar algunas de las características de don Quijote pero no le piden al escudero que narre su versión de las aventuras que vivieron juntos (lo que podría resultar muy interesante). En lugar de eso ¡se las cuentan a él!

Sancho Panza es probablemente el mejor personaje secundario de la literatura mundial y también funciona muy bien como protagonista (véanse los capítulos del Quijote en el que gobierna la ínsula Barataria), pero emplearlo como mero espectador o comparsa es un enorme desperdicio.

La novela, en cuanto a la temática, es terriblemente dispersa. En un capítulo determinado, porque él lo vale, el autor se dedica a reflexionar sobre el fenómeno migratorio que se ha dado en el Ecuador. Y, por supuesto, también repite la archiconocida y un millón de veces contada leyenda del padre Almeida. He echado en falta un capítulo en el que se explique, paso por paso, cómo preparar la fanesca. Ya puestos, ¿qué más da? Aquí cabe todo.

A pesar de todo lo que he criticado, de lo denso que es el libro y de lo que me ha costado acabarlo, este no es uno de los casos típicos de “No me ha gustado el libro. No voy a leer nunca nada más de este autor”. Sí estoy dispuesto a leer alguna otra novela de Barrera Valverde. Le daré otra oportunidad al menos (algún día) porque estoy muy seguro de que no es esta su forma de escribir. Desde el principio queda claro que toda la novela no es más que u juguete literario. Seguramente, amparado en toda la parafernalia del “Año del Quijote”, el autor ha jugado a reproducir sus conversaciones con sus amigotes utilizando un estilo cervantino y metiendo en medio al pobre Sancho Panza, que pasaba por ahí. Porque entiendo esto le doy mi voto de confianza y no entrego a Alfonso Barrera Valverde a las llamas. Sin embargo “Sancho Panza en América” no supera el donoso escrutinio.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s