Borges y el laberinto

Por Javier de la Torre Prado

(Publicado originalmente en diario El Mercurio, Cuenca, el 14 de febrero de 2014)

Este artículo tiene por motivación una entrevista que miré sobre Borges contado por su esposa oriental, casado muy poco antes de morir. Me inicié en las lecturas de la poesía y los cuentos de Jorge Luis Borges muy temprano, hombre de muchas lecturas, escribió menos de los que leyó, de su infancia le viene ese profundo sentimiento argentino, que le llevó a escribir tantas poesías sobre Buenos Aires lugar de su nacimiento.

Con otros escritores argentinos primero entró en el “ultraísmo” una forma de ratificar el “arte por el arte”, luego su poesía se fue convirtiendo en sencilla, sin perder la fuerza de la metáfora y en el escoger el tema, mantuvo la rima simétrica, sin que por ello no ingresara en ciertos momentos en el verso libre.

Educado en Europa, esto le marcó definitivamente en sus lecturas, amaba profundamente las novelas de aventuras, y en especial el relato corto, Cervantes, Dante, y sus Mil Una Noches fueron sus lecturas de cabecera.

Desentrañaba hasta lo mínimo el sentido de la palabra de ahí que su prosa se acercara a la minuciosidad. Tanto amó los libros de aventuras, que sus cuentos versan sobre ello como Historia Universal de la Infamia.

Se introdujo en cuanto mito o leyenda que existiera, desde las celtas y nórdicas, hasta la cábala gnóstica que trató de desentrañar en sus escritos, tuvo una visión kafkiana en ciertos momentos lo que le obliga a escribir ese cuento “El Doble”.

Fue un excelente traductor, de ahí la impecable que hace de Whitman Hojas de Hierba, Promotor de cultura fundó junto con Victoria Ocampo la Revista Sur. Como todo hombre de letras, sufrió la persecución de Perón que le mandó de Comisario de animales en los mercados, quitándole el puesto de ayudante de bibliotecario municipal. Se burló de la política, tanto que todos los “izquierdistas” no lo querían, pero igualmente lo leían. Fue progresivamente perdiendo la vista hasta que se quedó en una ceguera total, que apenas veía el color amarillo de los tigres, en cuyas manchas “encontró el nombre de Dios” Se definió como un agnóstico, aun cuando en su poesía se lo siente como creyente. Le nominaron todos los años para recibir el Premio Nobel de Literatura, que nunca ganó, aunque había logrado los mayores reconocimientos literarios a nivel mundial como el Cervantes de España.

Irónico, profundo, buscador de un coherente universo, odió los espejos, y se metió en cuanto laberinto encontrara un fauno, sus amigos fueron contados quizás el más cercano Adolfo Bioy Casares del cual nunca se separó, y juntamente con él y Victoria Ocampo recopiló un libro hermoso Antología de la Literatura Fantástica.

Como Homero que decían que era ciego presintió que luego de su muerte el universo se transforma en una Gran Biblioteca. Ojalá allá le llegue el Premio Nobel que mereció

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