Después uno es el loco | Iván Santiago Paredes

Por Iván Santiago Paredes

(Colaboración especial para Ciencia ficción en Ecuador)

Se encontraba ahí, intentando darle sentido a lo sucedido. Su mente divagaba, no encontraba la razón de por qué tenía que presenciar aquella escena tan escalofriante, era cierto que no dependía todo de él. Se encontraba en una encrucijada, su mente divagaba.

Recordaba aquel momento en donde todo sucedió, aquel día que su vida daría un giro inesperado.

Todo empezó cuando era un joven de aquellos que están saliendo de la niñez y miran a la vida como una aventura. Sus amigos le invitaban a soñar en nuevos mundos.

Aquel día espantoso al fin llegó. Se encontraba en el patio de su casa, conversaba con su mente, sabía que ella no le dejaría actuar mal. Ella le rogaba que no lo hiciera, insistía en que si se atrevía hacerlo todo cambiaría. Él no lo creyó y decidió hacerlo.

Corriendo hacia la calle, se acercó al lugar donde sus amigos le habían dicho que todo aquello que él pensaba se haría realidad. Sentado en aquel sitio, miraba de un lado a otro, esperaba que todo cambie. Impaciente ya por el tiempo transcurrido decidió voltear su mirada hacia aquella calle que terminaba con una pared. De repente su rostro se emblanquecía, sus ojos no podían cerrarse, su respiración se aceleraba y su cuerpo se desvanecía al ver esa espectral criatura acercarse hacia él.

Había escuchado que ciertas sombras cósmicas aparecían en aquel lugar donde todo cambia. No se esperaba que fuera tan real, pero sucedió.

Después de un tiempo recordaba aquel día en silencio, no hablaba con nadie. Es extraño recordar que sus amigos le habían dicho que en aquel lugar todo cambiaría, hoy era real. Y todo cambió.

Su silencio no se iría tan pronto, todos lo miraban ya no como el chico atrevido del lugar, hoy era el chico sin palabras. Sus padres preocupados decidieron llevarlo donde aquellos que curaban males. Ellos esperaban que cambie todo, pero no fue así.

Aquel día, el chico probaría un elixir de olvido, uno preparado con unos químicos siderales; se suponía que esto ayudaría que vuelva a la normalidad.

Sin saber lo que hacía, tomó el elixir en sus manos y se lo bebió. Nuevamente recordó todo lo que sucedió aquella noche. Con lágrimas en los ojos regresó a ver a sus padres con una mirada fría. Aquella mirada era esa respuesta certera que comprobaba que el elixir no funcionó.

El tiempo seguía transcurriendo, sus amigos lo llamaban loco, se reían de él y lo hacían a un lado. Hasta el más loco del lugar hoy era el normal. El único que permanecía a su lado era su hermano pequeño: él intentaba regalarle una sonrisa pero era muy fría. A su hermano no le importaba, siempre estaba junto a él y preguntando cuando volverían hablar de aquel lugar.

El día llegó, su hermano era el único que confiaba en él y podría ayudarlo a olvidar todo. Sabía que lo escucharía y no hablaría pues el terror sería más intenso que le obligaría a permanecer en silencio. Lo llevaría aquel lugar donde todo sucedió. Guardaría silencio; solo pediría que no mire el camino ni a esas sombras cósmicas, pues no pensaba que todo iba a salir mal.

De la mano de su hermano iba caminando hacia aquel lugar. Impaciente preguntaba si el camino ya terminaría. Guardaba silencio, no quería que desespere. Lo hizo sentar en el mismo lugar donde todo sucedió. Ya podría abrir los ojos y mirar todo lo que su hermano presenció.

El pequeño se mostraba angustiado, asustado y quería regresar a su casa; sabía que sus padres lo estarían buscando. Desesperado, porque no sucedía nada, entonces ofreció a su hermano como carnada.

El lugar se convirtió en siniestro: las sombras fulguraron con rayos extraños. De pronto, las lágrimas del pequeño mojaban su propia ropa. Los gritos eran escalofriantes. Su hermano tampoco ya no era el mismo; el pequeño solo podía ver los mismos ojos tenebrosos y asustados que siempre lo acompañaban. Pedía a su hermano que regrese a lo que él era.

Ya nada quedaba, solo había sangre, lágrimas y una mente impaciente, dudosa. No entendía qué es lo que había sucedido. Las sombras ahora ya no aparecían, el lugar era diferente a lo que fue en un principio. Su mente divagaba, lo único que recordaba era aquella frase que sus amigos le decían: “Todo lo que pensaba se haría realidad.”

Su mente nuevamente hablaba.

—Te rogué que no vinieras a este lugar, sabía que todo cambiaría.

Su hermano se encontraba desvanecido en el suelo. Aquel pequeño ya no hablaba, no pedía que lo dejara, su mente divagaba, sus manos estaban sucias, sus ojos regresaron a lo que eran antes. Aquellos ojos tenebrosos y asustados veían el cuerpo de su hermano pequeño sobre el suelo. Tenían un extraño brillo: parecía que en ellas viviesen esos seres.

Mirándolo, se encontraba ahí, intentando darle sentido a lo sucedido. Su mente divagaba, no encontraba la razón de por qué tenía que presenciar aquella escena tan escalofriante, era cierto que no todo dependió de él. Se encontraba en una encrucijada, su mente divagaba.

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