Cuento del mes: La Fábrica | Henry Bäx

Por Henry Bäx (Galo Silva)

(Cuento inédito, colaboración especial para Ciencia ficción en Ecuador; envío de su autor para este sitio)

Henry Bäx (seudónimo de Galo Silva Barreno), escritor ecuatoriano (n. 1966), publicista. De vasta producción literaria, cultiva los géneros de la ciencia ficción, literatura policial, de terror, la poesía, etc. Sus obras, entre otras: “El pergamino perdido”, “El psíquico”, “El libro circular”, “El último siloíta”, Hungarian Rhapsody”, etc.

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El olor era nauseabundo. Yarib, a pesar de tener sobre su rostro una gruesa mascarilla para evitar aquel mal olor, no pudo evitar hacer una arcada de asco. Sus compañeros de trabajo Raú y Gabad solo rieron en tono de burla. Raú en tono sarcástico dijo:

—A los que vienen de la Gran Academia Aeronáutica y les envían a este lugar les pasa lo mismo. No son más que un montón de idiotas.

Gabad no dijo nada y siguió en su labor. La enorme máquina recolectora de restos humanos hacía el trabajo a la perfección. Pasaban por sus enormes colmillos metálicos fragmentos de cuerpos, que luego de ser debidamente seleccionados, iban hacia los hornos crematorios para salir al final de aquella maravilla electrónica, convertido en un negruzco polvo terso y uniforme. Raú se encargaba de recoger las cenizas con la ayuda de máquinas autómatas y embolsarlos para luego mezclarlos con cemento sintético. Había bultos por montones en las bodegas de la fábrica de monumentos.

Yarib con una voz mezcla de asombro y terror, atinó a decir:

—No puedo creer que hagan esto con los cuerpos de nuestros hombres que han dado su vida por luchar por nuestros ideales.

—Las guerras y las matanzas son meras excusas para que los de siempre sigan en el Poder, ¿o crees que a ellos les importa lo que les pasó a estos hombres, o piensas que esto le inmuta a Gabriel Yosef? —atinó a decir Raú.

—Lo que ha dicho el colega es verdad —completó Gabad, mientras masticaba goma de mascar.

Dentro de la Fábrica el ruido era ensordecedor y el calor debido a los hornos crematorios era infernal. A lo lejos, se podía ver el cielo rojizo y unas nubes negras. Sobre la llanura, apenas se podía distinguir hordas de famélicos sobrevivientes que en hilera trataban de hallar agua. Aquel trance hipnótico fue apenas interrumpido por dos androides que les traían provisiones y la tan preciada agua.

Yarib atónito volvió a insistir:

—No sé cómo pueden tener apetito en esta especie de carnicería. No logro entender qué clase de seres humanos son ustedes, supuse que la barbarie ya se había extinguido en la Nueva Era, pero veo que en este alejado satélite existen aún salvajes…

Raú, mientras sorbía un poco de agua, le lanzó una mirada de odio. Gabad, con la boca llena de alimento atinó a decir:

—Chico no sabes lo que dices, lo que hacemos es lo más humano que se puede hacer en estos tiempos de tanta tribulación.

Entonces Raú, con una voz llena de rencor y de desesperanza empezó a hablar.

—Mira Yarib, no sé con exactitud la razón del porqué te han enviado a la Fábrica, hay miles regadas en Ganimedes, pero de seguro hay un propósito.

—Me dijeron que era parte de mi entrenamiento —exclamó seguro Yarib.

Gabad rio con agrado y completó:

—¿Entrenamiento? Es lo más disparatado que hemos escuchado hasta el día de hoy. Recuerdas Raú que hace un año atrás enviaron a esos dos muchachos bajo el pretexto de que venían a aprender las técnicas de fabricación. Me parece que uno de ellos se lanzó a las fauces de las máquinas trituradoras y el otro decidió dejarse aplastar bajo toneladas de bultos de la Mezcla.

Raú mirando al joven aprendiz exclamó lleno de certeza:

—Te mintieron, Yarib.

—¿Mintieron?, no sé a qué te refieres, ¡explícate!

—En verdad, te digo que lo que hacemos en la Fábrica es lo más humano que puedas imaginarte. Gabad y yo hemos estado en el campo de batalla y combatiendo por los ideales del Neo Comunitarismo allá en los inhóspitos territorios de Arabia Terra. De seguro tú has pensado que no hay nada mejor que lidiar por esos estúpidos ideales, y que es algo extraordinario y que, de ser posible, darías hasta la vida por esos ideales, pero estás bajo un grave error. La sociedad ideal, aquella utopía que tanto pregona el Supremo de los Mundos Unidos no son más que eso, una absurda Utopía. Han pasado más de setecientos cincuenta años de la Nueva Era, y seguimos peor que la Antigua Era. Debo reconocer que en la Antigua Era hubo alguna vez atisbos de civilización y de progreso, sobre todo cuando primó la Democracia, pero fíjate las consecuencias de la mal llamada Democracia. Nuestros antepasados no supieron sacar mejor provecho de ella y tuvo que llegar el desquiciado de Crell y destruir todo lo logrado durante milenios. El tiempo no ha parado su marcha y seguimos con las mismas prácticas de siempre: luchando por nuevos y sublimes ideales, y de paso, haciendo lo que mejor sabemos hacer: matarnos entre nosotros. Te aseguro chico, que pasarán miles de años hacia el futuro y jamás aprenderemos la lección.

Yarib replicó en tono optimista:

—Los ideales del Neo Comunitarismo son los que han permitido que la humanidad, de la que yo no he perdido la fe, nos hiciera llegar hasta donde estamos: a la Nueva Era, la que está llena de resplandor, progreso, igualdad, justicia y de estabilidad política. Jamás hemos vivido en una edad tan pletórica de avances tecnológicos e industriales, en esta Edad en donde la inmortalidad es apenas la punta del ovillo de nuestra Civilización.

Raú, se rascó levemente la cabeza y se rio de manera burlona. Replicó:

—Ahora comprendo por qué te enviaron hasta la Fábrica.

—Razón, ¿a qué razón te refieres?

—Pues que estás más desquiciado que los androides K-842, aquellos que mataron a miles de obreros gracias a un error de programación. ¿Recuerdas eso Gabad?

—¿Que si lo recuerdo? Tuve que estar bajo montones de muertos y de sus excrementos por horas, afortunadamente, no los habían programado para oler humanos podridos. De la que me salvé.

Raú bebía su agua con inusitado placer, a la vez que sonreía con malicia. Agregó:

—Yo tuve que esconderme bajo montones de basura para que aquellos androides criminales no me asesinaran. Fue una suerte que esas espantosas y terribles máquinas no pudiesen oler. Eso nos salvó a unos pocos. ¿Pero sabes algo mi querido Gabad? Yo creo que en realidad esa matanza fue premeditada, muchos piensan que en realidad fue un plan del Profesor Anán Lenard, ese maldito loco siempre quiso ser el Supremo y derrocar a Yosef, pero jamás imaginó que una de sus creaciones lo iba a delatar…

Gabad con su sucia barba dibujó una imperceptible sonrisa y mirando al cielo, dibujó con su dedo una invisible trayectoria hacia el infinito. Espetó:

—Su viaje hacia el infinito en aquella cápsula todavía no debe llegar a su fin.

—¿Te has fijado que buscar la inmortalidad tienen sus terribles desventajas muchacho? Lenard seguirá su viaje hacia el infinito al menos unos cien años más. Es prisionero del tiempo y del espacio, bueno, al menos eso fue lo que nos hicieron creer, o a lo mejor tuvo un mejor destino, tal vez murió. —Replicó con claro sarcasmo Raú, y continuó— Yarib, mira muchacho, me parece que sigues confundido con lo de los Ideales. Será mejor que te abra los ojos de una buena vez.

—Sigo sin entenderlos. A qué te refieres con eso del engaño, Raú.

—Espero que luego de la explicación que te voy dar acabes de entender. El Neo Comunitarismo no es más que el mismo engaño que la humanidad ha tenido a lo largo de su Historia. Todo, absolutamente todo tiene un propósito, cual es, que el resto de la humanidad siga con los ojos cerrados de lo que se nos impone con un sistema político. En Arabia Terra, existe, vamos a llamarlo así, un gran héroe: Asad Isa, este es una especie de exterminador de los que no están alineados con el Neo Comunitarismo o con los Preceptos Sagrados del Humanismo Teológico, falsa religión, que no ha sido más que otra forma de esclavismo para los humanos. Yo me pregunto, ¿por qué no se nos permite tener nuestras propias creencias y llevarlas y amarlas en nuestro corazón y practicarlas con amor a los que de verdad lo desean?, eso nos haría mejores personas y romper las cadenas que tanto nos oprimen.

—Vamos Raú que te desvías del tema —Atinó a decir Gabad.

—No, te equivocas Gabad, todo tiene que ver. Como te decía Yarib, Isa, ese monstruo con aquel detestable uniforme gris y su espantosa divisa color oro sobre su pecho, no es más que un asesino, y no sólo eso, sino un sucio falsario. Ha hecho Juramento Sagrado de los Preceptos y ni siquiera cree en ellos. Todo no es más que un cálculo político para llegar al Consejo Supremo y escalar hasta llegar a gobernar los Mundos Unidos. Su victoria está construida bajo toneles de sangre de inocentes.

—¿Isa? Cómo puedes decir semejante cosa, estoy más que seguro que no lo conoces siquiera, yo he luchado bajo su mando, y más de una vez tuve el privilegio de acompañarlo en varias misiones para dar con unos revoltosos que atentaron contra una nave hospitalaria llena de heridos. Esos individuos que están tratando de acabar con los pilares del Neo Comunitarismo tienen los mismos afanes destructivos que Dan Crell.

—Escucha Yarib, idiota de remate, yo fui su segundo al mando, fui yo quien le salvó la vida por más de una vez; es verdad, es un hombre valeroso y con un claro don de liderazgo, por ello es que lo enviaron a Arabia Terra, pero eso no es pretexto para matar gente inocente bajo la justificación de unos ideales políticos. Todavía recuerdo con exactitud nuestra última misión. Logramos interceptar una transmisión de unos rebeldes, ellos querían hacer explotar nuestros navíos de abastecimientos, en verdad las naves tan solo tenían eso, cosas y ninguna vida humana dentro, Isa me había ordenado que con un escuadrón ubicara a los rebeldes. No fue nada complicado hallarlos, cuando los localicé, ordené a mis hombres que deseaba que los hicieran prisioneros para enviarles a los centros de Reinserción en Calisto, el satélite-prisión es ideal para ese propósito. Jamás imaginé que Isa llegaría sin previo aviso. Todavía recuerdo su rostro lleno de un odio extremo. Hay noches que me despierto sobresaltado por aquellos ojos que destilaban una ira profunda. Dentro de su precario escondite, había más de trescientas personas, incluidos niños y mujeres. No le tembló la mano al accionar su arma de destrucción. Acabó con ellos en segundos. Quise detenerlo, pero me fue imposible, ya era tarde para todo. Sólo ahí me di cuenta que los ideales del Neo Comunitarismo y con los cuales fui adoctrinado en esa maldita Academia no fue más que un terrible engaño. Una sucia mentira para tener a nuestros líderes en el Poder. Se me desmoronó la imagen que tenía de mi superior, el capitán Isa no es más que un vil asesino y lo que es peor, sigue matando gente inocente a pretexto de unos absurdos Ideales. Imagina chico, esas muertes hicieron que le condecoraran. Aún tengo en mi memoria lo que hice, solté mi arma y al mirarle a los ojos, lo único que recibí fue su terrible reproche; jamás olvidaré sus palabras, me dijo: Raú, no eres más que un cobarde incapaz de ejecutar bien una misión. Desde ese día, preferí vivir bajo la ignominia de la cobardía, antes que tener en mi consciencia sangre de vidas inocentes. Y en agradecimiento a mis deberes cumplidos, me enviaron acá, a la Fábrica, a hacer Monumentos de nuestros valientes hombres con los restos de gente muerta, o mejor dicho, con los restos de los revoltosos y de alguno que otro “héroe” que no sabe lo que en el fondo sucede.

Gabad sin mayor asombro, acotó:

—No le has dicho al chico que yo, en cambio, era tu segundo al mando y que también participé en la misión. También me dijo que era un cobarde. Lo único de bueno, es que seguimos juntos, ¿no es verdad compañero de armas?

Raú, le dio una palmada de afecto a su amigo y completó:

—Sí viejo amigo, nos enviaron acá por no querer matar gente inocente, y hacemos monumentos con restos de gente inocente. Me parece que sin querer seguimos involucrados en el negocio. Sin embargo, es preferible esto a seguir luchando por algo en lo que no creemos, lo bueno de todo es que no somos parte de tal magnicidio. Es verdad que no es el mejor trabajo de los Mundos Unidos, pero es preferible estar acá que vivir en ese infierno.

Yarib cabizbajo estaba como envuelto en una especie de silencio cómplice.

Raú insistió:

—Mmm, me parece que te pasó algo parecido, ¿verdad?, vamos cuétanos, como verás aquí en la Fábrica no hay mucho que hacer, salvo que los muertitos resuciten…bueno, eso de resucitar se logró, pero es otra historia. Habla de una vez chico.

Yarib con los ojos cerrados meditaba profundamente, como si en esa especie de letargo estuviera viviendo alguna experiencia íntima. Habló con una voz queda y casi sin ánimo.

—Yo estaba bajo el mando de Ricardo Lot, mi superior y que a su vez era el lugarteniente de Isa. Había egresado de la Gran Academia Aeronáutica recientemente con altos honores y debido a mi desempeño académico y militar se me asignó al grupo de élite de Asad Isa. Más de uno de mis tutores había manifestado que tenía por delante una brillante carrera militar, que era uno de los más indicados para llegar a desempeñarme como un Adoctrinador del Neo Comunitarismo. La primera misión que se me encomendó fue la de vigilar a un grupo de rebeldes que tenían planificado atacar una de nuestras líneas de comunicación. Hasta que estuve allí, no hubo tal ataque. Recuerdo que ese día me llegó una escueta orden en donde me decían que tenía que completar mi entrenamiento en la Fábrica aquí en Ganímides, que eso sería fundamental para mi hoja de vida y un requisito para lograr escalafón militar.

Raú y Gabad se miraron de manera cómplice y rieron de buena gana. Raú le inquirió:

—Vamos por partes Yarib, supongamos que en verdad fuiste enviado a la Fábrica a completar tu entrenamiento militar e inclusive para lograr escalafón, pero ahora dime chico, desde que llegaste aquí, ¿Has visto algún lugar que denote que existe en este maldito sitio alguna zona en donde se haga entrenamiento militar, o alguna aula magna en donde se impartan clases de algo?, pues la respuesta es no. —Raú señaló con su dedo a la distancia, continuó—, allá a lo lejos se puede ver hordas de gente o de obreros que escaparon de este terrible lugar. Unos pensaron que salir de acá era la Libertad, menos mal que el gran domo que cubre la Fábrica les ha librado de una muerte segura, pero ya te habrás dado cuenta que, a pesar de todo, la Fábrica y de todo lo desagradable que puede ser se convierte en tu hogar.

Raú dibujó una agria mueca de conformismo, continuó hablando en un tono sombrío:

—Siempre habrá gente en los círculos del Poder a quienes les empiecen a estorbar incómodas preguntas o lo que es peor, dar ideas de querer reformar el Neo Comunitarismo. El resultado es que les terminan enviándolos acá. Te aseguro que alguien supuso que tú podrías llegar a ser con el paso del tiempo, una gran molestia para los Supremos Ideales del Sistema. No hay otra explicación para que estés en este lugar olvidado de los Mundos Unidos. —El obrero acabó diciéndole algo que le estremeció, mientras le cubría con sus brazos su cuerpo en actitud de gesto amigable—. Jamás olvides esta terrible lección: los seres humanos jamás tendrán suficiente, siempre querrán más Poder a pesar de tener Poder, querrán más dinero, aunque se ahoguen en una piscina de oro, codiciarán tener excentricidades sin embargo que su vida es una cruel paradoja. No importa cuántos años atrás o cuantos años más adelante, el resultado será el mismo: Poder demencial, Avaricia demencial, Injusticia demencial, Desigualdad demencial. Ahora nos encontramos en la mitad del Tiempo de las Eras y jamás aprenderemos la lección. No eres más que una víctima del Sistema y lo que han hecho contigo es quitarte de Su camino. Lo lamento Yarib. Quizás estas últimas palabras te puedan aliviar un poco tanta desilusión. No eres el único ni tampoco serás el último en ser enviado a la Fábrica, ya te contamos brevemente lo que les pasó a dos muchachos que enviaron aquí. A veces pienso que la Muerte es el único camino para librarnos de este horrendo trabajo, pero tanto Gabad como yo, no perdemos la esperanza de volver algún día a casa. Creo que es eso lo que nos mantiene vivos y cuerdos todavía: la Esperanza. La esperanza de que en algún momento este terrible Sistema termine, o lo que es mejor, que Gabriel Yosef sea derrocado.

El mozo, levantó su cabeza, y miró a los alrededores, a lo lejos se podía divisar de manera casi imperceptible su hogar: Marte. A su cabeza le llegó el recuerdo fresco todavía de una infancia feliz e inocente. Desde niño siempre quiso ser parte de la imperial carrera aeronáutica, sobre todo porque su padre fue un brillante piloto interestelar. Su devoción al Supremo Gabriel Yosef y al Neo Comunitarismo le fue inculcado desde que tenía uso de razón. Lo que nunca imaginó es que los ideales por los que siempre se entregó y creyó, no eran más que un conjunto de sucias y absurdas mentiras. Que aquel sistema político era un eslabón más de los ideales que los seres humanos habían tenido por milenios y que al final de siempre, terminaría por decepcionarlos.

A Yarib le acudió a sus brillantes ojos, una lenta lágrima gris de ira, de inconformidad, de indignación y de impotencia. Hasta tanto, Raú y Gabad habían vuelto a sus labores. Unos avejentados androides les ayudaban en su trabajo. Llenaban sacos de polvo humanos para luego mezclarlos con el cemento sintético. El hombre esta vez dirigió su mirada a sus nuevos camaradas de trabajo. Supo que ellos en adelante serían su cordura y su aliento para seguir con vida. Les llamó y les dijo:

—Oigan muchachos, ¿creen que haya la posibilidad de poder escapar de aquí?

—¿Escapar, para qué, para cambiar el Mundo?, no muchacho, una solo persona no puede cambiar el mundo y su Sistema por más nobles que sean sus ideales. El cambio viene desde nuestro interior; hay gente que desea hacer revoluciones, pero se olvida de algo vital: hacer una gran revolución en Su alma es el inicio; la humanidad a pesar de toda su larga Historia no ha realizado nunca esa revolución interior. Es una pena lo que voy a decir, pero la Humanidad no es más que la voz de su propio Destino. Deberán pasar muchas cosas y tiempo para que la venda se caiga de sus ojos. En unos quince años seremos reemplazados, o mejor dicho, jubilados, y cuando regresemos nuestra labor será que los habitantes sepan lo que realmente se hace en esta Fábrica y en otras similares que están regadas por todo el Sistema Solar. Es muy probable que a nadie le importe lo que sucede detrás de estos inmensos muros, pero creo firmemente que sembrar la semilla de la inquietud, sembrar la semilla de la duda de algo que se piensa es lo Sublime para todos, es ya un comienzo. No sé si eso sirva, y habremos de vivir o de morir y lo más seguro es que nadie sepa de nuestra pobre existencia y de la experiencia que vivimos, pero lo destacable será es que haremos nuestro mejor esfuerzo para que se sepa que el Sistema es injusto y cruel, que es aberrante y que de verdad somos prisioneros de una falsa Libertad. De ahí en más, todo dependerá de nuestras propias acciones y decisiones.

Yarib recibió esas palabras como un ungüento a su envenenada alma, supo que de momento nada más podía hacer.

Se dirigió hasta el enorme hangar en donde seguían trabajando los autómatas que les ayudaban en su ingrata tarea. Ya no quiso mirar hacia el horizonte, porque se le antojó pensar que mirar hacia allá no era mirar su esperanza. Decidió centrarse en lo que sus dos compañeros realizaban. Se fijó que dentro de la Fábrica había pocos seres humanos, a lo sumos media docena, y que todo el funcionamiento de la gran factoría estaba comandado por súper computadoras y por avejentados androides. Se preguntó en un momento determinado si las demás personas que estaban allí o las que se hallaban fuera vagando, ¿sería por las mismas causas o por algún ilógico pretexto del Sistema?

En el fondo ya no le importó.

Las enormes máquinas y los androides empezaron su tarea automatizada, los seres humanos que trabajaban en el sitio lo único que hacían era meter las cenizas de los seres humanos y mezclarlas con el cemento sintético y apilarlos en grandes cantidades. Luego de una hora, aquella prodigiosa tecnología empezó a fabricar un enorme monumento. Al cabo de unos minutos, se fijaron Yarib, Gabad y Raú que salió de una de las compuertas una efigie lustrosa, imponente y bellamente terminada.

Era un monumento al capitán Asad Isa.

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