Eco: Literatura infantil de ciencia ficción | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

(Publicado originalmente en revista Cartón Piedra, del diario El Telégrafo, Guayaquil, el 6 de marzo de 2016; citado en entrada de Wikipedia: Umberto Eco; en blog Vibraciones, artículo “Biografía de Umberto Eco”; artículo corregido y ampliado por Iván Rodrigo Mendizábal en la revista cubana Korad no. 28)

El hombre de las mil facetas

Umberto Eco es considerado al momento uno de los grandes semióticos del siglo XX, cuya obra sigue siendo consultada y referenciada. Igualmente es admirado por sus ensayos y estudios sobre estética, crítica literaria, cine, cómics, etc. Ha incursionado en el terreno de la literatura donde se le conoce un puñado de novelas, muchas de ellas célebres por mezclar la semiótica, el pensar científico y deductivo, la estética, sus intereses por los mundos posibles, entre otros. En este último campo, quizá es familiar El nombre de la rosa (1980), La isla del día de antes (1994), El péndulo de Foucault (1988), Baudolino y más recientemente, Número cero (2015).

Pero su camino literario no empieza en 1980 con El nombre de la rosa, sino en 1966 con unos cuentos que publicara para el público infantil. Son unos cuentos donde ensaya una de las vetas de las cuales en lo posterior reflexionaría en forma de teoría: la ciencia ficción.

La ciencia ficción para Umberto Eco

Para Eco, la ciencia ficción era un género asociado con la fantasía. Precisamente en una conferencia que dictara en 1984 en Roma, con el título de ‘Los mundos de la ciencia ficción’, texto que forma parte de su libro De los espejos y otros ensayos (1985), indica que, si bien existe una tradición de literatura realista, hay otra ligada a “los mundos estructuralmente posibles” (p. 185) que caracterizaría a la literatura fantástica y en particular a la ciencia ficción.

Para Eco, los mundos estructuralmente posibles se construirían a partir de “condicionales contrafactuales” del tipo “qué pasaría si…” que cualquier texto literario emplea para construir la fábula, pero que en los casos de la literatura fantástica y de la ciencia ficción es más precisa en términos de “¿qué sucedería, si el mundo real no fuera semejante a sí mismo, es decir, si su estructura fuese distinta?” (p. 186). Tal forma de argumentación lleva a diferentes caminos, dice él, y pasa a enumerarlos (pp. 186-187):

  1. Alotopía: es un mundo que difiere del real, donde suceden hechos que no suceden en realidad (los animales hablan, las hadas aparecen…), siendo dicho mundo más real que el real.
  2. Utopía: es un mundo paralelo al real pero al cual no se puede acceder normalmente; en realidad es un mundo proyectivo o una representación de una sociedad que puede ser ideal; en este sentido, pudo haber existido (y se constituye en mito), o podría existir incluso fuera de nuestro mundo.
  3. Ucronía: es un mundo que parte de preguntarse si sería otro el origen u otra la realidad si hubiese pasado esto y no aquello.
  4. Metatopía o metacronía: es un mundo posible que proyecta el mundo real al mundo futuro; aunque ese mundo incluso se diferencie del mundo actual, en un momento se plantea como posible y verosímil porque se erige sobre tendencias; en tal sentido, puede ser anticipativa o incluso especulativa.

Eco plantea que, in strictu sensu, lo que se conoce comúnmente como ciencia ficción es la metatopía o metacronía. Se tendría, de modo general, literatura fantástica alotópica (cuentos de hadas), utópicas (mundos otros), ucronías (versiones diferentes de la historia real), fuera de los mundos de la ciencia ficción. Del mismo modo, pueden haber obras de ciencia ficción que pueden funcionar como alotopías (mundos futuros fabulescos), utopías (mundos paralelos donde se podría establecer una sociedad) o ucronías (viajes en el tiempo).

¿En qué momento la ciencia ficción deja de ser considerada como fantástica y se autonomiza? La respuesta de Eco es: “cuando la especulación contrafactual sobre un mundo estructuralmente posible se hace extrapolando, a partir de algunas tendencias del mundo real, la propia posibilidad del mundo futurible. Es decir, que la ciencia ficción adopta siempre la forma de una anticipación y la anticipación adopta siempre la forma de una conjetura formulada a partir de tendencias reales del mundo real” (p. 189).

La ciencia ficción parte de la realidad, aunque luego su direccionamiento sea otro, hacia otro horizonte que puede ser futuro, lo que importaría es su carácter anticipatorio o de conjetura. Pero la cuestión de la conjetura y sobre todo el sentido que definiría a la obra de ciencia ficción sería su conexión con la ciencia y tecnología. La extrapolación, en este marco, es necesaria porque ya sea la ciencia o la tecnología al ser puestas en otro escenario, permitirían eso que otros estudios han definido como el novum. Por ello, Eco nos dice que “la ciencia ficción buena es científicamente interesante no porque hable de prodigios tecnológicos (y podría incluso no hablar de ellos), sino porque se propone como juego narrativo sobre la propia esencia de toda ciencia, es decir, su conjeturalidad” (p. 189).

Ciencia ficción para niños

Pues bien, Eco siguió trabajando, al menos en la teoría, los aspectos de los mundos posibles, sus estructuras, sus derivaciones. Un reciente libro, Historia de las tierras y los lugares legendarios (2013), en este campo, es una interesante aproximación, documentada, de dichos mundos posibles tanto en la fantasía como en las utopías, estas últimas que forman parte de la ciencia ficción.

En el ámbito de la ciencia ficción mi interés es explorar, en este artículo, su aproximación no solo teórica, sobre todo literaria a la ciencia ficción. Cabe reiterar que las incursiones de Eco al género son con un pequeño grupo de cuentos, publicados cada uno como libros ilustrados, dirigidos para el público infantil. Esos libros fueron realizados en conjunto con el ilustrador Eugenio Carmi, a quien, además le dedicó un estudio en 1973: Eugenio Carmi. Una pittura di paesaggio? Los libros escritos e ilustrados de ciencia ficción entre ambos son tres: La bomba y el General (1966), Los tres cosmonautas (1966) y Los gnomos de Gnù (1992). Además hay que considerar otro cuento: El misterioso fin del planeta Tierra (2002), que forma parte del Almanaque del Bibliófilo editado en Italia.

De La bomba y el General se puede decir que es un cuento acerca de la rebelión de los átomos que un día deciden abandonar las bombas de las que forman parte, porque, gracias a una que es consciente de la destrucción que podrían causar, quien convence a sus compañeras sobre tal hecho, enfrentan la voluntad de un general de ejército, quien -por complacer a los fabricantes y comerciantes de armas- decide declarar la guerra al mundo. El militar es despedido y termina siendo el portero de un hotel.

La cuestión que envuelve al cuento es, en efecto, la naturaleza de los átomos. En la primera parte del cuento, Eco señala que todo está formado por átomos, incluso los seres humanos. El hecho de indicar que somos seres de átomos nos pone ante la evidencia de que su dinamismo forma moléculas y con ellas la vida. Una buena vida estaría en el orden de respetar la naturaleza molecular de todo lo existente. Sin embargo, frente al bien, también está el mal, cuando algún cerebro aplasta en una bomba a los átomos para que por su intermedio se provoque una catástrofe nuclear; el malvado militar verá aquello, paradójicamente, como “una bella guerra”. Como todo cuento infantil, al final siempre habrá el peso de la “justicia divina”: el militar termina sus días sirviendo en un hotel.

En Los tres cosmonautas se narra lo que puede ser una relación intercultural en la que se elimina todo prejuicio existente. Es la historia de tres astronautas de diferentes culturas de la Tierra que conquistan Marte cada uno por su cuenta; cuando llegan, se sienten solitarios; esto les obliga a entablar amistad. Pero lo importante es el encuentro con un marciano monstruoso a quien al principio le espantan pensando que les ataca. Cuando el marciano acoge a un pajarito recién nacido que cae de un árbol, los seres humanos se dan cuenta de que aquel tiene semejanzas con los humanos.

La clave del cuento es la enunciación de una palabra ligada a la madre; precisamente es esta palabra, pronunciada por los cuatro personajes del cuento, el que les une. “Mamá” puede tener distinta estructuración gramatical en los idiomas, pero es un vocablo que nos devuelve al origen de la vida. Y esto es lo que en el fondo explora Eco para hacer comprender que en dicha palabra puede haber el punto de unión de la humanidad tras el desastre de la Torre de Babel, tema del cual se ocupó luego en La búsqueda de la lengua perfecta (1993).

Los gnomos de Gnù es un cuento acerca de una paradójica y fallida conquista espacial. Pues un explorador espacial, mandado por un Emperador terráqueo, con afanes expansionistas, encuentra un planeta primoroso cuidado por gnomos. El primer conflicto es que este explorador, que se cree superior, en nombre de la humanidad, indica que toma posesión de esa tierra lejana, haciendo prevalecer la autoridad de su emperador; los gnomos más bien no se convencen, aunque le siguen el juego al explorador quien les ofrece un cúmulo de supuestas maravillas de la Tierra. Cuando ven por un megatelescopio a la Tierra, los gnomos van constatando que dichas “maravillas” -polución, talado de árboles, basura acumulada, convulsiones, etc.- no son tan maravillosas. El astronauta trata de convencerles de que hay otras cosas creadas por el ser humano como los hospitales para curarse de los males que este mismo crea. Los gnomos deciden hacer una contrapropuesta: que ellos sean más bien los conquistadores de la Tierra a condición de cuidar los bosques, enseñar a vivir bien a los seres humanos, etc. El explorador comunica de ello a sus gobernantes, quienes ven inconvenientes burocráticos en la empresa.

El cuento hace una inversión de la empresa humana de conquista o de invasión y nos plantea que hay otras quizá más inteligentes que las humanas. Pues estos gnomos, con su sabiduría y su vida sencilla, están en conexión con la naturaleza y, por ello mismo, viven más plenamente que los seres humanos, quienes provocan desastres de todo tipo. La denuncia de una conquista tiene como resultado la destrucción de las formas de vida y de la naturaleza misma; por contraparte, el cuento se orienta a plantear un mensaje de tipo ecológico.

El otro cuento de Eco de ciencia ficción, El misterioso fin del planeta Tierra, fue escrito más bien como propuesta para imaginar lo que sería el libro en el futuro, en el marco de un evento que Eco presidió hacia 2002.

El misterioso fin del planeta Tierra en realidad es un cuento para un público adulto. La estrategia empleada es la de la reseña literaria supuestamente firmada por un ser de nombre Oaamooaa pf Uuaanoaa, de la Universidad de Aldebarán, de algún planeta de confines del universo. Este halla un libro, “El enigma del siglo XX terrestre develado por medio de documentos captados en el espacio después de la destrucción de aquel planeta”, escrito por el científico marciano, Taowr Shz. Pues bien, el relato nos pone en el escenario de la Tierra destruida por el ser humano, donde además este se extinguió quedando el planeta yermo. Las observaciones y las deducciones del marciano son por las huellas que él halla accediendo a señales fragmentarias aún flotantes de internet, medio donde está puesta o representada la cultura humana antes de su ruina.

La “reseña” tiene un fino humor (podría ser un homenaje al cuento de Jorge Luis Borges, “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” de 1941); primero porque, mediante un “documento” se aborda a otro que compendia la información de un medio más amplio, una suerte de una biblioteca expuesta. Eco ironiza acerca de las reuniones rimbombantes entre gobernantes para detener la polución y el desastre medioambiental (se alude al hueco en la capa de ozono) o sobre los desastrosos modos de vida humanos producidos por las marcas y el marketing.

Para mostrar la “mutación” operada en el último siglo, el marciano y el reseñador hablan de arte y pintura. Por ejemplo, en una parte de cuento, se lee: “Un tal Bacon representa hembras (o machos) con los miembros desarrollados solo en parte y con una tez color amarillo-ocre que llevaría a los médicos de Aldebarán a internar inmediatamente al sujeto. Las representaciones de un tal Picasso muestran cómo la degeneración de la especie había ya influido inclusive en la disposición simétrica de los ojos y de la nariz en un rostro humano. En algunas zonas, a juzgar por las representaciones de un tal Botero, los humanos en general habían desarrollado anormalmente una complexión deformada, con excesos de materia grasa e hinchazones en todo el cuerpo. Entretanto, un tal Giacometti nos muestra por su parte seres andróginos reducidos a meros esqueletos”. Es interesante darse cuenta, a través de esta descripción cómo otros ven a sus semejantes. Por lo tanto, un tema fundamental, aparte de la denuncia sobre el medio ambiente, son las representaciones: en la mayoría de los casos nuestras ideas del mundo, de las personas, están dadas por los prejuicios y las deformaciones operadas por las representaciones que de las culturas se hacen.

La función de la literatura

Umberto Eco postula que la tradición literaria es un poder inmaterial que lleva a que se hagan obras cuyo origen es el amor que la humanidad tiene a la vida y que haya lectores que se deleiten con sus fábulas. Esto lo dice en ‘Sobre algunas funciones de la literatura’, un discurso que Eco pronunció en 2000 en Mantua, texto que abre su libro Sobre la literatura (2002). La cuestión que discutía el escritor era por qué la literatura sigue siendo un referente, no obstante las nuevas tecnologías y los hábitos que se instalan con ellas. Leer libros o meterse en los textos es prácticamente vivir los caminos por los que transitan los personajes, a los cuales también les damos ropajes nuevos, muchas veces porque media la interpretación o el deseo de querer parecernos a ellos. En definitiva, hay funciones específicas dentro del texto literario, independientemente de internet, de los dispositivos electrónicos, que no se pueden pasar por alto. Una de ellas es la función educativa (p. 21).

Los cuentos antes señalados se direccionan a niños (salvo El misterioso fin del planeta Tierra, que también podría motivar el interés de algún infante). Su finalidad educativa se nota pronto porque con un lenguaje llano, poético, divertido (y quizá eso que llamamos un lenguaje humorístico, en los niños puede resultarles serio y además inquietante), Eco transmite sus visiones propias sobre el estado del mundo, poniendo en tela de juicio, sobre todo, el Estado de Bienestar, objeto de diversas políticas: la supuesta conciencia “verde” hace que engañemos a los públicos ofreciendo más comida chatarra pintada de verde donde incluso la gaseosa de marca es un artificio, porque ella misma es un envase envenenado; o la idea de que la guerra es un mal necesario porque sin ella no habría desarrollo y movimiento del capital; o cualquier emprendimiento que ofrece baratijas a cambio de oro. El tema de fondo, entonces, es el autoengaño de la humanidad, creando fábulas de cualquier orden. Baudolino (2000), vendría a ser una novela sobre el caso.

Sin embargo, ¿cómo llegar a un niño con cuestiones tan trascendentales como las descritas? Lo más probable es que el niño esté más abierto a la fábula y a meterse en la piel de los personajes. Pero de eso se trata, de enamorar, de hacer vivir las peripecias, de hacer que los niños se pongan en el lado de la paradoja. Los cuentos juegan con la paradoja, pero que en ciencia ficción además tiene que ver con el distanciamiento cognitivo, es decir, una mirada que permite al lector percibir la realidad, por más contemporánea que sea esta, como si fuera extraña. Esto no lo señala Eco, pero habla de la extrapolación, es decir, de poner una situación en el contexto de otra o, si se quiere, de hacer que unos átomos actúen como seres vitales y se rebelen en sus tareas (previamente programadas de destrucción) enfrentándose a una bestia supuestamente más racional que ellos, como es el hombre.

Los cuentos de Eco nos plantean, por efecto de la extrapolación, la estúpida racionalidad del ser humano, cuestión que deriva en el deterioro de la calidad de vida, etc. Y quizá en todos ellos habría que estudiar la pregunta contrafactual: ¿qué sucedería, si el mundo de los seres humanos no fuera semejante al que nos pintan, es decir, si su estructura fuese contraria al mundo posible y más saludable que otras especies tienen? Es posible que cualquier pregunta que nos hagamos, bajo esta premisa, nos lleve a ver la realidad con la cara de la ciencia ficción.

Para hacerlo más efectivo, Umberto Eco hizo que sus libros de ciencia ficción estén ilustrados por Eugenio Carmi. Tales ilustraciones en tono abstracto ayudan a que las historias contengan un grado de inquietud y quizá de sinsabor, los que contrastan con el tono humorístico de Eco. La finalidad es moral, para apelar a la conciencia ecológica de los niños, tal como alguna vez él lo expresó en una entrevista para la revista Elle en 1973 -transcrito en La literatura para niños y jóvenes (1994), de Marc Soriano-: “¿Por qué elijo el camino del cuento? Tal vez porque soy un moralista. Lo que me interesa es hablar de los temas de actualidad remitiéndome a las cosas que los niños conocen. En Los gnomos de Gnù, estoy a mis anchas, porque los únicos que tienen una conciencia ecológica hoy son los niños (…). Es verdad, yo mismo soy un ecologista, en el sentido de que me preocupo por el porvenir del planeta. Pero encuentro muy peligroso el ecologismo radicalizado, cuya fórmula sería ‘por salvar un gato se puede matar a un hombre’. En Los gnomos de Gnù creo que hay algo más fuerte y más polémico, y es esa manía tipo Cristóbal Colón, la de la gente que quiere a toda costa descubrir algo. ¡Pero los indígenas no quieren que los descubran! No es casualidad que haya escrito ese libro en 1992”.

Finalmente, Eco nos dice que la ciencia ficción es el lugar del encuentro entre fantasía y ciencia. Y de eso se tratan sus aportes literarios en este campo.

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