El Teatro contemporáneo del Ecuador entre dos milenios: Resistencia y representatividad | Michael Handelsman

Por Michael Handelsman

(Fragmento del texto “El Teatro contemporáneo del Ecuador entre dos milenios: Resistencia y representatividad”, publicado en Lola Proaño Gómez (Editora), Antología del Teatro Ecuatoriano de Fin de Siglo, Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, 2003)

 

Mickey Mouse a gogo, que según la nota de presentación del espectáculo es la “primera obra de teatro de ciencia ficción que el Ecuador presenta al mundo” indaga en las nuevas tecnologías con implicancias éticas y sociales, al relatar la historia del clon de un ser humano1 que trata de escapar de un basurero tecnológico del año 2100.

El monólogo irónico y burlesco (…), para denunciar la extrema soledad y aislamiento que caracterizan a un mundo en camino a la deshumanización debido a una fascinación obsesiva por el consumo y la tecnología, se vuelve apocalíptico en Mickey Mouse a gogo (…), Paúl Puma registra una marcada intensificación de la desesperación sentida al hundirse más y más en los ciberlímites de la virtualidad. Lejos del viaje mítico de Ulises extraviado de su deseada Itaca, el público ahora escucha el monólogo de MIC-A-EL-@-W-X-1, una mujer con un código de barras brillante en la frente que comprende que es poco más que un ser inventado por medio de un microchip.

Brevemente, la protagonista se encuentra en un basurero tecnológico subterráneo conectada a una excavadora.

Mientras ella dirige sus lamentaciones en forma de monólogo a su doble, el “Arquetipo de personaje”, sugiriendo una identidad duplicada en la clonación, se comprende que su condición totalmente mecanizada carece de cualquier remanente de naturaleza. De hecho, MIC-A-EL-@-W-X-1 habita un mundo en que no hay ni siquiera lluvia ni lágrimas. Según ella explica:

Los experimentos atómicos terminaron con lo poco de agua bebible que teníamos… Necesitamos una pizca de sangre transparente, un poco de lluvia que nos limpie para salir a mirar las estrellas… (Señala a la excavadora.) Necesito desconectarme de esta oquedad eléctrica confusa y reactivar mis partículas en la luz de la vida. A.M.A.R.

Esta falta de agua como esencia misma de la vida llega a un extremo absoluto de desesperación cuando la protagonista confiesa: “Quiero dejar de ser un jeroglífico animado, una acotación, un conjunto de puntos suspensivos. Quiero llorar”. Pero, como ella constata, su condición virtual ha consolidado su existencia como una mera imagen perdida en el ciberespacio.

Ya sólo soy una imagen poética. Es el vértigo del mundo desde que tengo idea del autor, del mouse de este escenario virtual. Ordenador que anima un dibujo en la memoria del futuro. Mickey Mouse a gogo: el ocaso de la cibernética aplicada a la última escala de la especie humana, el homus tecnologhycus que cumple con la pesadilla que un día iluminó los ojos del mundo.

Ante su condición de “humanoide nanogénico y biodegradable”, la protagonista expresa la urgencia de recuperar su humanidad y, así, volver a ser sujeto de sus acciones. De acuerdo a su explicación:

Nos falta eso que alguien definió como voluntad o valor o espíritu, no lo tenemos o hemos olvidado el botón que lo hace funcionar… Necesitamos el recuerdo de nuestra parcial memoria humana, nuestro origen. Tan solo una chispa revolucionaria de luz en el ciber, en el undertexto. Una gota de agua.

No es casual que esta búsqueda se plantee como retorno a los orígenes perdidos ya que el texto de Paúl Puma pertenece a lo que he categorizado como una tendencia importante en el arte contemporáneo ecuatoriano. De hecho, aunque la situación futurista del texto parezca excesiva para un país como el Ecuador donde las mayorías todavía viven en la premodernidad y la modernidad, Mickey Mouse a gogo no ha de leerse sin tomar en cuenta el intertexto del neocolonialismo. Es decir, toda referencia a lo cibernético que se acostumbra a encontrar en alguna película hecha en Holywood, más bien evoca una larga historia de dominación por un lado, y las luchas por liberarse de ella, por otro. El cuestionamiento de la inevitabilidad de esta condición sometida es, precisamente, lo que se escucha cuando la protagonista pone en tela de juicio la relación entre personajes y autores como metáfora de dicha dominación.

Sí, ya sé que no somos más que el borrador de una persona. ¿Es que tenemos que decir lo que él quiere que digamos? ¿Y nosotros? (Pausa.) ¿Por qué hemos sido manipulados así? ¿No estás cansado ya de que esto sea el experimento de su ordenador? Por qué nuestras palabras, nuestros gestos no pueden escapar de su silencio.

Si bien es cierto que esta rebeldía del personaje frente al creador constituye un recurso textual de una larga trayectoria en el arte, no hemos de perder de vista que Paúl Puma escribe en una época profundamente mediática y, como tal, la archiconocida metáfora empleada aquí trasceinde lo meramente reflexivo y tradicional. Es decir, en la aldea global de la actualidad no hay cómo distinguir entre creados y creadores, ya que todo el mundo de una u otra manera esta atrapado en las múltiples imágenes sobrepuestas que se proyectan incesantemente. Según MIC-A-EL-@-W-X-1, “Ya sólo somos el arquetipo del personaje de una obra de teatro. El personaje roído que no puede escapar del papel que le han legado.”

Conviene señalar que la preocupación por los efectos deshumanizantes en la obra de Paúl Puma no ha de comprenderse como un rechazo a la tecnología y a la ciencia en general. En vez de una actitud retrógrada, la posición contestataria e irreverente del dramaturgo apunta a tomar conciencia de la necesidad de participar ampliamente en la creación, distribución e interpretación de los avances científicos, especialmente cuando éstos determinan los contenidos transmitidos por los medios masivos de comunicación en nuestros tiempos globalizados. No estará de más anotar que la deseada participación se concibe como un esfuerzo por contrabalancear los intereses y excesos de los centros de poder con las necesidades y valores de las llamadas periferias. Por eso, se denuncia tan a menudo la capacidad destructiva de las fuerzas hegemónicas del llamado progreso, las que inevitablemente conducen al empobrecimiento general de las mayorías silenciadas y co-optadas.

Michael Handelsman
University of Tenessee, Knoxville, abril 2002

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