El tiempo según Abdón Ubidia | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

(Publicado originalmente en revista Cartón Piedra del diario El Telégrafo, Guayaquil, el 15 de febrero de 2016)

 

Tiemp∞ (El Conejo, 2015) es el reciente libro de la serie Divertinventos de Abdón Ubidia. Esta se inició en 1989 con Divertinventos, libro de fantasías y utopías, al que le siguieron, El palacio de los espejos (1996) y La escala humana (2008). Se trata de una serie de cuentos que están situados entre lo fantástico y la ciencia ficción. De hecho, Ubidia, con estos libros se constituyó en uno de los referentes de estos géneros.

El contenido del libro lo señala su título: Tiemp∞, el tiempo, título que además sugiere una revisión, desde el tiempo convencional, hasta el tiempo infinito, recorrido que se percibe en los once cuentos, entre cortos y largos.

Al tiempo lo tenemos asociado con el reloj desde la Modernidad, lo que no quiere decir que en otras épocas hayan existido dispositivos de medición y control. Así nos lo advierte Ubidia en su Prefacio. Pero además nos dice que: “No es el reloj el que marca el tiempo. Es el tiempo el que inventa los relojes”. El tiempo, de este modo, en su faz literaria, adquiere una personalidad la que iremos constatando, en su caprichosa, aunque exacta sinuosidad, a lo largo del libro. Esto nos lleva a preguntarnos, no qué es el tiempo, sino qué hace que sintamos su presencia.

Gilles Deleuze en su libro Diferencia y repetición (Amorrortu, 2002) probablemente nos da una pista cuando señala que: “El tiempo no sale del presente, pero el presente no deja de moverse, por saltos que empalman los unos sobre los otros. Tal es la paradoja del presente: constituir el tiempo, pero pasar en ese tiempo constituido”. Mientras para el ciudadano moderno el reloj es el artilugio para el control y la autoregulación del trabajo y de la vida, mientras además es la metáfora de una mentalidad donde el individuo se ve presa de la dinámica productiva del capitalismo, sujetándolo, sometiendo su libertad, Ubidia nos prueba que el tiempo es una invención: toda la maquinaria capitalista se articula sobre la base de una ilusión que determina la vida de las sociedades y las personas.

La pregunta acerca de la naturaleza de esa ilusión precisamente está en el primer cuento, “¿Cuánto dura el presente?” La imagen casi difusa de una pareja sirve para mostrar que el presente dura apenas lo que la tinta dibujada permanece en la piel de la mujer amada y se desvanece bajo las gotas de la ducha. La idea de la duración y el devenir parece estar latente, como una pulsación, hasta que esta desaparece con la misma imagen de dicha mujer que se ha ido para siempre. Y entonces, cuando termina la ilusión, el literato se pregunta, “cuánto dura el pasado?” Ese presente solapado por otros presentes, esos empalmes de presentes, harían la imagen de un pasado. Resulta, sin embargo, que el tiempo, en ese presente continuo, ha sido vencido, aunque solo por unos instantes, o por una eternidad, por otra presencia que es mucho más poderosa: el amor.

Tapa del libro “Tiemp∞” de Abdón Ubidia.

Hay dos tensiones presentes en el libro de Ubidia: el tiempo social y el tiempo psíquico, en términos de Jacques André en su ensayo “El tiempo ya no es lo que era” (2010); el uno productivo, desesperado por la movilidad, por el dinamismo emergente del presente; el otro, discontinuo, interior, sin reloj. De este modo, Ubidia juega con tales tensiones dentro de los márgenes materiales de la literatura, a sabiendas que esta, mediante la palabra, crea también un tiempo social, la cual hace que nos perdamos en el tiempo psíquico además doble: el de los personajes y el nuestro bajo el ejercicio de la imaginación. Gran problema: con el tiempo literario parecería que recuperáramos la ilusoria presencia de continuidad, de movimiento, cuando en realidad el artificio literario nos estaría metiéndonos en el maremágnum de un tiempo inexistente. El tiempo para los soñadores, para los poetas, es el problema y la solución misma. Alguna vez Edgar Allan Poe, en su “Método de composición” (1846), dijo que una obra literaria se debe leer en solo unos cuantos minutos para crear una determinada sensación de excitación y, como tal, elevar el alma. Contra la tesis moderna, ligada al tiempo productivo de la maquinaria que produce dólares para entretener, Ubidia, en el mismo sentido que Poe, crea tiempo y además juega con las diversas imágenes de este: se da cuenta que si el tiempo es una invención, Tiemp∞ podría ser el libro inventado para presumir de la inexistencia del tiempo.

Relativo a cómo la Modernidad aprovecha y materializa la idea del tiempo, Ubidia nos hace caer en cuenta, como en el caso del reloj, de las invenciones materiales cuya finalidad, es también la regulación, el control, la supeditación de la vida para la generación de valor. Pensemos en el cuento “La impresora de 4 dimensiones”, acerca de un librero y su amiga Hypatia; ella le hace consciente de cómo el tiempo fue institucionalizándose. El dispositivo de la imprenta hace que el tiempo se sedimente en forma de conocimiento; el de la impresora de tres dimensiones, hace aparecer el tiempo en sus perspectivas bajo la forma de objetos; tras ambos inventos está el vector de la velocidad, pues en un caso, como sucede con los libros –los cuales son depositarios de conocimientos–, estos se vuelven objetos, donde el conocimiento parece estar en obsolescencia. Tras las líneas del cuento hay sugerentes ideas y la más inquietante, sin duda, es el hecho de que la impresión del tiempo somete al cuerpo, lo replica y lo crea dentro de un tiempo paralelo: “—O sea que nuestros retratos, en cuatro dimensiones, envejecerán con nosotros”, dice el librero. Lo fantástico radica en que Hypatia, una vez que es presa del artilugio de autocontrol, hace una réplica “viva” en miniatura de sí misma en cuatro dimensiones y entrega en custodia al hombre. En el cuento el cuerpo amoroso es reconvertido en valor: si una relación humana no culmina en el amor, se nos demuestra que al menos el deseante desea poseer; pero el problema está en que por primera vez la tecnología hace del cuerpo el real fetiche. El materialismo del librero se ve enfrentado por la sensibilidad que despierta el tiempo en la mujer, sensibilidad obviada por aquel. Jacques André, citando a Sigmund Freud, dice que: “Pasado, presente y futuro están como enhebrados en el cordel del deseo que los atraviesa”. Si presente es un solapamiento de estadios, de momentos, es decir, de pasado y futuro, hay un cordel hacia lo sensible que la tecnología del capitalismo nos impide ver, pero que quien es consciente de este lo puede manejar.

Del manejo perverso del tiempo, de su ilusoria presencia, trata “El tiempo elástico o ¿cuánto duran los deseos?” Pues el tiempo del Capital de pronto es capturado como promesa por un oficio que hace aparecer como verdades las mentiras o siembra falsas imágenes en los seres humanos para que estos sean dependientes de ellas: el marketing. No es que Ubidia lo denuncie o lo diga como tal, pero lo parodia en tono cruel. Es la historia de Verlag, un hombre gris y vacío, quien es atrapado por una empresa, La Casa de Los Deseos Incumplidos, la cual alguna vez le vendió la idea de comprar un seguro de deseos incumplidos, con el que siente que puede comprar lo que quiera, aunque en realidad compra poco y encima debe ser objeto de una demanda. Lo que la póliza de seguro manifiesta, como una tarjeta de crédito, es la adquisición del tiempo flexible, y en base a él esclaviza a sus detentores creando una cadena fluida de compradores-deudores que ayudan a dinamizar el mercado. En otros términos, el cuento evidencia, mediante el relato del tiempo que se alarga o se acorta –tiempo psíquico–, el tiempo de la realidad más cruda que lleva a que otros se enriquezcan a costa de los deseos de la gente anodina.

Pero, más allá de los ejemplos citados, que tienen que ver con la captura y materialización del tiempo, lo más importante en Tiemp∞ es la otra presencia que pugna con el tiempo, con la idea del tiempo en el presente: el amor, el cual se podría dimensionar como un tipo de tiempo inmaterial, sensible, si es que esta licencia se nos permite. Porque uno es el tiempo objetualizado, ideológico –si pensamos en Roland Barthes y sus Mitologías (1957)–, y otro es el tiempo evanescente, aéreo, pero que se muestra perenne, el cual, por paradoja, es intemporal.

Así, en “Distancias”, cuento breve, constatamos la vida de dos tiempos creados: el del acercamiento y del alejamiento a través de una pareja; la rareza implica que cuando se ven se dan cuenta que han envejecido y cuando se alejan, son dos niños que se han cruzado y que en otra vuelta de camino, estarán en situación semejante. Si en “¿Cuánto dura el presente?”, los jóvenes amantes se separaban pero entrambos parecía estar la imagen imperecedera del tiempo presente –mostrado como recuerdo–, en “Distancias” esto se representa desde lo trágico, pues el tiempo opera sobre los cuerpos, se hace visible a través de los pliegues de la piel que, en efecto, envejece o se deteriora.

Pero, ¿es posible vencer incluso al deterioro que la idea del tiempo impone en la piel y en los cuerpos? Ubidia hace un ejercicio extraño y a la vez inquietante en “Del tiempo y las edades”. Nuevamente la historia de una pareja que vive intensamente en el territorio del amor; pero en medio aparece un muchacho que resulta ser el anterior marido de la mujer. En el presente-presente el tiempo psíquico del personaje este se obliga a deshacerse del joven pensando en que es el pretendiente que robará el corazón de su amada; pero por boca de aquel se da cuenta que, en un bucle del tiempo, ellos han sido objeto de un experimento científico por el cual rejuvenecen en el mismo cuerpo el cual se deteriora y se regenera. La representación del ∞, es decir del infinito tiene su contraste con la idea de finitud del cuerpo del hombre que envejece con el paso de los años, mientras su amante va decreciendo y se va volviendo joven, hasta encontrarse con su anterior marido que también está siendo niño. El cuento contrasta la idea de lo presente continuo en sus diversas mesetas –mujer niña, hombre adulto, mujer adulta, niño en crecimiento, etc.– pero nos embarca en la idea de una especie de banda de Moebius donde siempre en la vuelta de un bucle del tiempo se retorna a un estado anterior –que es también posterior–.

Es en este asunto del cuento –el de su permanente continuidad, discontinuidad– donde aparece un postulado nuevo que Deleuze lo plantea fundamental en relación al tiempo: el hábito del cual emerge la memoria. Si el amor se convierte en un hábito ello remite, cuando el ser amado se va o desaparece, en una memoria. Lo que en el fondo indaga Ubidia en su libro son las relaciones humanas a través o, si se quiere, dentro de la presencia del tiempo. El interés por el amor remite a la idea de su perdurabilidad; pero lo que le hace trascendente en Tiemp∞ son los instantes más plenos, mejor vividos, de esa relación, donde el hábito del tiempo queda suprimido y siempre queda como memoria, incluso del presente como tal: “Cuando ya no nos importen ni los cien millones de soles de tu galaxia, ni los cien mil millones de galaxias del universo, ni los cien mil millones de universos del multiverso porque, en toda la inmensidad de los tiempos y los espacios solo te importará el breve lapso que pudiste vivir. Cuando”. Esta es la sentencia final con que justamente sella al libro Ubidia, en tono poético.

La relación de finitud-infinitud, constantes, mostradas en diversas facetas en el libro es, por lo tanto, también aquello que confronta a la idea de futuro. En el cuento “Del pensamiento fácil y el Ministerio de la Corrupción”, a través de la historia de un tesista que halla a un filósofo, inventor del Ministerio de la Corrupción, en sentido que el tiempo a la final halla su límite en el deterioro, en el envejecimiento del cuerpo, de la materia, dicho tesista termina atrapado por ese futuro que es presente. Es decir, el filósofo le demuestra que aunque el tiempo perdure, el cuerpo es vencido por un límite, la muerte: el estudiante debe continuar en esa perdurabilidad –porque en el Ministerio solo el filósofo se dedica a pensar–, a sabiendas que el futuro es inexorable. Es la tensión de la banda de Moebius. Pero, frente a la idea de vencimiento, la tecnociencia –léase el tiempo del consumismo con su premisa de la velocidad– lleva al súbito embarazo de las mujeres en “De los nuevos bebés”. Por ese efecto proliferan, nacen en exceso bebés los que se deberán adaptar por propia cuenta a vivir en el mundo del deterioro, como ratas en los basurales, buscando la comida.

Nota relevante merece, en este contexto, el cuento “Por venir”. Es acerca de Quito en el 2050 visto por una pareja de ancianos que debieron morir años antes y están como congelados-presentes en el tiempo. Nuevamente la idea del rejuvenecimiento por obra y gracia de la tecnociencia genética, como en “Del tiempo y las edades”. Lo interesante es que frente a la infinitud del alma de este par de quiteños, contrastada con la infinitud de la vida de Quito, que muta y sigue ahí, la finitud se expresa en la obra humana inacabada, quebradiza, imperfecta: “perdíamos tanto tiempo arruinando cada presente de nuestras vidas, en nombre de un futuro que nunca llega a ser como lo planificamos”. Tal la expresión de Ubidia como testigo del tiempo en la ciudad, en el cuerpo, en la vida. Nos damos cuenta, finalmente, que el narrador siempre ha sido uno que actúa desde la memoria del presente en las imágenes del pasado-futuro.

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