Año 2017: hay distopías que son utopías y utopías que son distopías | María Fernanda Moscoso

Por María Fernanda Moscoso

(Publicado originalmente en revista digital Plan V, Quito, el 21 de marzo de 2017)

María Fernanda Moscoso. Investigadora independiente, migrante y transdisciplinar, explora el mundo entre el arte, la escritura y la etnografía.

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Con mucha probabilidad, el año 2017 será recordado como el fin de una era y el inicio de otro tiempo. Se leerá que hubo elecciones y que el poder cayó en manos de un banquero de derechas que era miembro de una terrorífica secta católica radical a la que llamaban Opus Dei o de un hombre cuyo nombre fue objeto de asombro en Rusia, y ¡Polonia! y que, durante unas años, representó la continuidad del gobierno corrupto, cínico y represivo de Rafael Correa.

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El ser humano puede resistirse al poder, alterarlo. Y la resistencia y el cambio tienen a menudo su inspiración en el arte y, especialmente, en el arte de forjar las palabras (Ursula K. Le Guin)

 

Imaginar a un grupo de niñas y niños del futuro, leyendo la historia del país y en concreto, el momento presente, es un ejercicio de memoria. ¿Qué imágenes se van a utilizar para describir a la sociedad ecuatoriana del 2017?, ¿qué eventos son los más importantes?, ¿se describirán las lluvias torrenciales que han enloquecido a las serpientes y culebras que han invadido las calles, jardines y casas de Guayaquil?, ¿alguien hablará del 8 de marzo?, ¿se contará de alguna manera la crisis?, ¿se recordará que ese fue el año en el que Gabriela Alemán publicó “Humo”?, ¿de qué manera se va a explicar lo que fue el capitalismo?, ¿y el antropoceno?, ¿se marcará en el calendario que en nuestro vecino país, en el municipio de Cajamarca, la población le dijo que no a la explotación minera?

Con mucha probabilidad, el año 2017 será recordado como el fin de una era y el inicio de otro tiempo. Se leerá que hubo elecciones y que el poder cayó en manos de un banquero de derechas que era miembro de una terrorífica secta católica radical a la que llamaban Opus Dei o de un hombre cuyo nombre fue objeto de asombro en Rusia, y ¡Polonia! y que, durante unas años, representó la continuidad del gobierno corrupto, cínico y represivo de Rafael Correa.

Hace unos veinte años, Segundo Moreno, un erudito en antropología religiosa y docente del Departamento de Antropología de la PUCE, vaticinaba que en unas décadas la población ecuatoriana sería china, es decir, que a nuestro mestizaje se sumaría la sangre de los miles de chinos que llegarían al país. El profesor Moreno no se imaginaba, en el año 1997, que unas décadas después, el país se convertiría en una colonia china. ¡Apenas habían transcurrido 208 años de la independencia del dominio español! Sin embargo, en el año 2017, el Estado ecuatoriano entregaría tierras a las compañías chinas, arrebatándoselas violentamente a las comunidades amazónicas que hace siglos eran dueñas de esos territorios y que habían resistido al Imperio español durante 500 años.  ¡Y eso era sólo el principio de la post-colonización!  (después vendrían las minas, la madera, el agua)

Las metodologías especulativas tienen la enorme potencia de proyectar escenarios que se construyen a partir de los eventos del presente. Representan, desde esta perspectiva, la posibilidad de imaginar estrategias de resistencia y luchas colectivas. En este sentido, el 2017 seguramente será recordado como la consolidación de un movimiento de resistencia que cambiará la historia del país para siempre. Los niños y niñas leerán que por esos días la lucha fue larga y dura, muy larga y muy dura, como todo proyecto teórico-político ecologista, feminista y anti-colonial.

El 2 de abril de 2017 será interpretado, en el futuro, como una fecha sombría y triste; el día las elecciones presidenciales sin candidatos. Se contará que hubo celebraciones, acusaciones, violencia e insultos y un mal hombre sonriente con poder junto a un grupo de personas bailando a su alrededor. Y un gran silencio. El silencio de quienes sabemos que el poder parece incombatible e omnipotente, pero no lo es. El poder carece de imaginación y humor. El poder es débil. El poder tiene miedo de perder su poder y precisamente por eso es débil. El poder tiene miedo. De ti, de mí, de nosotras. El poder tiene instituciones, personas al servicio del poder, ministerios, academias, iglesias, monumentos. Todos son pasajeros. Y todos se pueden destruir.

Naomi Alderman, en un artículo publicado en “The Guardian” hace unos días, señala que la ciencia ficción feminista ha imaginado otros modos de vivir que nos conducen a explorar de qué manera podríamos hacer las cosas de otro modo. Nuestro pasado y la dignidad que irradian los gestos cotidianos de las personas en las calles, pueblos y ciudades del país, exigen que nuestro futuro sea contado de otra manera para transformarlo. Alderman también señala que toda utopía contiene una distopía y toda distopía, una utopía. Por cierto, hay otra cosa que el poder no posee: esperanza. Pero nosotros sí y hay que defenderla con el cuerpo, la vida, la imaginación. El 2 de abril del 2017 es el fin, pero también es el inicio. De algo más.

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