Cuento: El viaje de Martín | Romel Velasco Vaicilla

Por Romel Velasco Vaicilla

(Publicado origjnalmente en blog Cuentos de ciencia ficción, el 6 de diciembre de 2014)

 

Todos los niños esperan con impaciencia la hora de salida de la escuela, más aún cuando se trata del último día de clases. Eso es lo que sentía Martín, un niño de nueve años, que no paraba de mirar el reloj en la pared hasta que este dé la hora de salida. Las despedidas de los maestros continuaban. Unos con gran entusiasmo y nostalgia se despedían de sus alumnos, mientras para otros fue como cualquier otro día. A Martín esto no le distraía, ya que tenía planeadas casi todas sus vacaciones: primero estaba la playa con sus padres, luego donde su tío Memo, al que tanto quería, sobre todo porque le dejaba jugar hasta muy tarde con su primo Marcelo, el cual era más o menos de su edad. En fin, todo sería juego y diversión en sus vacaciones.

El día de clases terminó. Martín y sus compañeros se despidieron antes de tomar el autobús que lo llevaría de regreso a su casa. Ya en el autobús solo podía pensar en lo grandiosas que serían sus vacaciones. Para Martín y los demás, todo parecía normal en el recorrido, hasta que de pronto el cielo se empezó a oscurecer más y más a cada momento. Los niños empezaron a gritar todos con desesperación. El conductor se detuvo hasta entender qué es lo que sucedía, cuando de pronto un enorme sonido se escuchó sobre sus cabezas: era una gigantesca nave espacial, posada sobre el autobús. Todos, incluido Martín, pensaron de inmediato en los extraterrestres, cosa que no estaba ni siquiera cerca. La nave al final se detuvo en la carretera justo al frente del autobús.

Para ese momento ya la oscuridad se había disipado lentamente, los niños y el conductor salieron lentamente del vehículo a mirar más de cerca el enorme artefacto. Tenía la forma de una bandeja más bien redonda, con destellos plateados en sus esquinas. Sorpresivamente salió del centro de la nave una especie de rampa o escalera que llegó al piso de la vía y una enorme puerta dejó entrar la luz. Empezaron a salir tres individuos, eran como nosotros, pero vestían de una manera un tanto extraña, con enormes vestidos de color azul rey y con cuellos blancos que cubrían perfectamente su cuello.

Estos personajes caminaron hasta los niños y el conductor que se encontraban al frente. Preguntaron cuál de ellos se llamaba Martín. Todos de inmediato miraron a Martín con expectante asombro y Martín que no comprendía nada en ese momento, respondió aún más sorprendido:

—Soy yo.

Los tres individuos se le acercaron y, en seguida, lo invitaron para que los acompañen. Todos los presentes, incluido Martín, no salían del asombro. Por lo tanto, Martín accedió a acompañarlos, ya que nadie les había ofrecido resistencia alguna. Subieron los cuatro a la nave y se marcharon enseguida.

Martín se encontraba dentro de la nave. Miró a su alrededor y encontró todo muy familiar, como si se tratara de una casa moderna, de esas que uno veía en alguna revista futurista de ciencia ficción o científica. Los individuos que lo habían hecho subir a la nave, empezaron a explicar a Martín, que ellos eran personas como él o como cualquier otro que él recordaba; la diferencia, es que ellos venían del futuro, del Dos Mil Quinientos Veinte, para ser más exactos. Ellos también le explicaron, que la única razón para llevarlo con ellos, era la supervivencia de la humanidad, nada menos, ya que el poseía, a pesar de ser muy pequeño, el conocimiento y la creatividad que los de su época ya habían perdido. Estos conocimientos, no eran más que los de cualquier otro niño de nuestra época, los cuales consistían en jugar, en divertirse con cualquier cosa, amar la naturaleza, querer a los demás, apreciar el arte, etc. Todos en ese futuro no tenían ya estas cualidades: Martín les enseñaría nuevamente una manera para volver a ser niños y enseñar a los suyos cómo comportarse desde su nacimiento.

El tiempo pasó y Martín se convirtió en el ser humano capaz de salvar a la humanidad, de la manera menos sospechada, lo cual nos resume, que Martín viajó al futuro para que salvemos nuestro presente.

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