‘La forma del agua’ calma la sed a los fans del cine fantástico | Marco Antonio Piza

Por Marco Antonio Piza

(Publicado originalmente en diario El Telégrafo, Guayaquil, sección Cultura, el 23 de febrero de 2018)

 

El actor Michael Stuhlbarg personifica al Dr. Hoffstetler, uno de los científicos del laboratorio, y la actriz inglesa Sally Hawkins es Elisa Esposito. (Foto: http://www.dailydot.com/ et)

La película, dirigida por Guillermo del Toro y con 13 nominaciones a los premios Óscar, se estrena hoy en los cines nacionales. Es protagonizada por Sally Hawkins y Michael Shannon.

Quizás no es una casualidad que el director Guillermo del Toro haya elegido el nombre de Elisa para el personaje protagonista de su más reciente cinta, The Shape of Water, que se estrena hoy en los cines nacionales. El nombre tiene su sello en la música, desde el clásico ‘Para Elisa’ de Beethoven, el poema de Gustavo Adolfo Becker y hasta la mitología griega con Elisa de Tiro.

Por ello, solo una mujer con ese nombre podía tener la valentía y a su vez inspirar la ternura de una criatura (Doug Jones), al que sus captores ven como salvaje. Ese es el punto medular de la película, la evolución de sus personajes en una mezcla de relato fantástico, romance y el contexto histórico de la Guerra Fría en los Estados Unidos.

The Shape of Water, o La forma del agua, es la historia de Elisa Esposito, encarnada por la actriz Sally Hawkins, una mujer humilde que no puede hablar y que trabaja en una agencia del Gobierno norteamericano. Es vecina de Giles (Richard Jenkins), un hombre adulto gay, que se siente como un adolescente nervioso cada vez que ve al joven que le gusta en una cafetería. Y como si fuera poco, en el trabajo, es la mejor amiga de Zelda (Octavia Spencer), una mujer afrodescendiente de carácter fuerte. Todo eso ambientado en la ciudad de Baltimore en 1963, por lo que los temas expuestos son claros derechos de las minorías, discapacidad, conflictos raciales, y el ambiente hostil de las dos potencias del mundo.

No en vano, el mismo Del Toro declaró que son temas que le preocupan. “Hablo sobre la confianza, la otredad, el sexo, el amor y hacia dónde vamos”. Además, el cineasta admitió su gusto por los monstruos que vio en las películas desde pequeño, lo que le inspiró la producción. Y es lo que nos plantea sin duda desde el inicio del filme, sobre qué significa ser un “monstruo” o quizás ser diferente en aquel tiempo.

El personaje de Elisa no habla, pero no lo necesita, pues su interpretación va más allá del lenguaje corporal y de expresiones faciales, a través de la lengua de señas, para convencer de que está enamorada o cuando expresa su malestar. A través de su silencio desarrolla una complicidad con el ser anfibio, mientras la criatura percibe su bondad. En el caso de Giles, su vecino, es un hombre noble que siente que sus mejores días de artista publicitario están llegando a su fin. Y aunque al principio se niega, finalmente llega a entender los sentimientos de Elisa. Finalmente, Zelda que apoya a Elisa en todo momento, no sin antes llamarle la atención según sus códigos de conducta.

A todos los marca una ‘diferencia’ de la época, en la que tendrán que enfrentarse a un sistema prejuicioso. Un sistema, personificado en el villano Strickland (Michael Shannon), que no parará hasta lograr los resultados que el gobierno le exige. Esas pueden ser las diversas razones del impacto del filme en la industria, pues cuenta con 13 nominaciones a los premios Óscar.

Los críticos consideran que La forma del agua es la mejor película de Del Toro, desde El laberinto del Fauno (2006). El cineasta admitió que el filme es uno de sus favoritos y no oculta su orgullo al expresar que la historia tiene un mensaje vigente del no temer “al otro”, “al diferente”, pues también es una crítica a las ideologías que impiden la construcción de una sociedad en armonía.

La primera escena en una habitación totalmente llena de agua, y con la voz de un narrador ‘en off’, podría transmitir la idea de que el agua es realmente una alegoría del amor en la historia. Y que en el mundo, sin importar si son los años 60, o la actualidad, solo consideran la ‘forma’ física de las personas y no el fondo.

No es casualidad de que Del Toro haya titulado así su filme, y que el “monstruo” se encuentre cautivo en un estanque, esperando a ser liberado por la persona menos esperada, que toma la decisión de sumergirse en su mundo sin importar sus diferencias. (I)

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