‘La forma del agua’ en la era Trump | Ruth del Salto

Por Ruth Del Salto | @ruthdelsalto

(Publicado originalmente en diario El Universo, Guayaquil, sección Columnistas, el 1ro. de marzo de 2018)

 

Fotograma del filme La forma del agua de Guillermo del Toro (tomado de: http://www.imdb.com/title/tt5580390/mediaviewer/rm3013893888)

Mucha fábula romántica, de bestias y cenicientas.

Es la película favorita para los premios Óscar del próximo domingo. Guillermo del Toro, a quien uno decide o no seguir e involucrarse con su penumbra creativa, es un mexicano que dijo que esta es la película más optimista que ha hecho.

Es el filme que dice “sí se puede encontrar el amor”, como una fuerza.

Elisa, joven muda cuya vida transcurre en la rutina diaria de hervir huevos, masturbarse en la bañera y limpiar una institución aeronáutica. Está rodeada de gente que en cierta manera se siente igual de discriminada como ella: una mujer negra oprimida por su esposo, un solterón que parecería que es homosexual. En la noche, Elisa toma el bus y llega a casa a conversar con su vecino y mejor amigo. Me encanta esa amistad, el sentido que opaca la soledad. Él habla mucho, ella lo escucha y también se comunica. No importa si el pie de limón está malo, lo que vale es disfrutar juntos la presencia, aunque ella se ausente en verbo.

La vida de la muda da un vuelco cuando conoce a una extraña criatura marítima que es objeto de experimentos y torturas por parte de un perverso.

Poco a poco el amor por el monstruo y las ansias de liberarlo invaden su corazón. Es la única que no lo ve grotesco, lo percibe solo y asustado como quizá ella se habrá sentido muchas veces.

“Cuando me ve, la manera en la que me ve, él no sabe cómo estoy incompleta. Me ve por lo que soy, cómo soy”, Elisa.

El director mexicano en las últimas entrevistas se ha concentrado en diferenciar los dos términos que califican su obra: inocente e ingenua. Del Toro, crítico abierto de Trump, afirma que es necesario que la sociedad sea inocente porque la inocencia es el arma idónea para luchar contra el cinismo que encarna Donald Trump. Una sociedad ingenua, en cambio, facilita que gente como Trump esté en el poder y que sea un experimento peligroso que involucra el presente y futuro de estadounidenses y forasteros que han aportado para engrandecer el país.

El director afirma que no tiene la intención de hacer una película sobre Trump: “Me interesan otra clase de monstruos”.

Los actores representan a norteamericanos y rusos de esos que le gustan a Trump.

La música remite mucho al cine clásico, está filmada como un musical aun cuando no canten o bailen; logras sentir la melodía… melodía fantasiosa dentro del agua. No sé por qué me bajé de la nube cuando se me vino a la cabeza el primer baile de gala de Donald y Melania, bueno luego se me pasó cuando me acordé de la escena rítmica y romántica de película La Bella y la Bestia.

Guillermo del Toro dice que espera poner su grano de arena para cambiar o hacer reflexivas la mentes tras una fábula que muestra una relación distinta y anima a pensar diferente. Un mensaje de inclusión, de políticas de aceptación con el de dentro, con el de afuera, de trazar puentes  y no muros, ni armas.

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