Nicolás Kingman | Fernando Cazón Vera

Por Fernando Cazón Vera

(Publicado originalmente en diario El Expreso, Guayaquil, el 28 de marzo de 2018)

 

A pocos meses de llegar a su edad centenaria, tras una vida activa como político, narrador y periodista, Nicolás Kingman hace pocos días nos abandonó definitivamente, dejando en nuestras fieles memorias los más gratos recuerdos.

En 1997, el Gobierno nacional, reconociendo sus valores intelectuales le otorgó el Premio Nacional de la Cultural Eugenio Espejo, y para aquella oportunidad escribí en esta misma columna un artículo en el que destacaba su valiosa personalidad y sus logros como escritor. Lo hacía sumándome al justo reconocimiento estatal y también por la satisfacción sentida de que el personaje al que había conocido desde mi niñez, por su gran amistad con mi madre y mis tíos, obtuviera tan alta presea.

En el campo periodístico fue durante algunos años director del diario La Hora, acompañado en esta tarea por Patricio Cueva Jaramillo, lo que me hacía pensar que fue la oportunidad para que dos intelectuales nativos del Austro, el uno lojano y el otro morlaco, se unieran para una misma misión por tan largo tiempo.

Salió joven de su meridiana patria chica y pudo alternar en nuestra urbe con los escritores del Grupo de Guayaquil, uno de los cuales, Enrique Gil Gilbert, fue su profesor en el colegio Vicente Rocafuerte. Tiempo después se radicó definitivamente en Quito, en donde cumplió lo más importante de su trayectoria en calidad de narrador y periodista.

Como escritor, Kingman es autor de dos novelas: Dioses, semidioses y astronautas, y La escoba de la bruja, así como de varios relatos y crónicas. Toda esta producción literaria fue publicada por el diario La Hora, entonces bajo su dirección, en una edición de dos tomos, con el título de Obras completas. El autor del prólogo de los libros señala que la obra de Nicolás Kingman “nace de la simultaneidad y no de la influencia; una simultaneidad provocada por la similitud y paralelismo de las altas experiencias históricas, sociales, políticas y vitales de este autor”.

En el campo político llegó a ocupar el alto cargo de visitador general de la Administración Pública, en el gobierno del doctor Carlos Julio Arosemena Monroy.

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