Anaconda Park | Francisco Huerta Montalvo

Por Francisco Huerta Montalvo

(Publicado originalmente en diario El Expreso, Guayaquil, el 15 de octubre de 2017)

 

Este martes estaré compartiendo con Melvin Hoyos la presentación de un nuevo libro de la autoría de Jaime Marchán. El prolífico autor ecuatoriano nos sorprende esta ocasión con una obra que lo consagra entre los mejores escritores nacionales de nuestro tiempo y, por ello, entre los grandes creadores contemporáneos realmente merecedores de ese juicio, que mucho hay de “marketing” en algunas de esas apreciaciones.

Tratando de complacer a Aristóteles, que recomendaba empezar la presentación de un libro ubicándolo en un determinado género, no me atrevo a incluirlo entre las producciones que adhieren al realismo mágico latinoamericano o a la novela histórica o la historia novelada. Lo cierto es que con imaginación desbordada, reitera Marchán en Anaconda Park su capacidad de crear una “ficción vertiginosa” que al mismo tiempo cumple con su explícita voluntad de ser un “testigo de su tiempo y a levantar el testimonio de su palabra, por encima de toda forma de opresión, brutalidad o peligro”.

De Volcán de niebla, de donde tomo la cita precedente, a los textos de Anaconda Park, que se subtitula La más larga noche, hay un camino de ratificaciones y superaciones que permiten visualizar un propósito cumplido, resumido en la cita de Günter Grass que incluye en Anaconda Park: “La esperanza limpia la Historia de escombros, mientras la Literatura la limpia de mentiras”.

Así, cabe decir sin ditirambo que la obra de Marchán nos llena un espacio que hasta ahora teníamos vacío: la gran novela de nuestra más reciente dictadura, que entra con paso firme en la tradición latinoamericana de El otoño del patriarca, El señor presidente o Yo el Supremo.

Sometido en su escrutinio de una gran voluntad de iluminar el porvenir, advierte de una manera honda, al punto que sus anticipaciones colindan con lo profético, pero sin evadir la denuncia de lo contextual: “De esta grotesca manera los estupefactos ciudadanos se dieron cuenta de que aquel insoportable olor venía de las cloacas del poder”.

Aseguro a quienes se decidan a leer Anaconda Park, que pronto me agradecerán la recomendación y la harán a sus amigos.

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