Nacen las plantas ‘biónicas’: Científicos suecos insertan cables en los tallos y hojas de las flores | Giannella Espinoza

Por Giannella Espinoza

(Publicado originalmente en el diario El Expreso, Guayaquil, el 28 de noviembre de 2015)

 

Algo tan divertido como una rosa con superpoderes ha sido posible gracias a la ciencia. Un grupo de investigadores de la Universidad Linköping (Suecia) ha conseguido implantar circuitos electrónicos en una flor sin modificar su ADN.

El artículo sobre este trabajo que se publica en la revista ‘Science Advances’ muestra cables, lógica digital e incluso monitores fabricados dentro de las plantas, lo que podría desarrollar nuevas aplicaciones para la electrónica orgánica: desde influir en la concentración de las sustancias que regulan el desarrollo y crecimiento de las plantas, hasta colocar en ellas sensores y transformar el azúcar producida mediante fotosíntesis en electricidad o incluso crear nuevos materiales.

Como nos han enseñado desde la escuela, las plantas son organismos muy complejos. Se basan en el transporte de señales y hormonas iónicas para llevar a cabo sus funciones necesarias y en una escala de tiempo bastante lenta, por lo que interactuar o investigar sobre ellas resulta difícil.

A diferencia de los animales, las plantas no tienen corazón, pulmones u otros órganos complejos. Ahí viene la complicidad. Sin corazón, su sistema vascular se las ha ingeniado para transportar los azúcares generados en las hojas con la fotosíntesis hasta las raíces por un complejo sistema llamado floema. Igual de complejo es el xilema, una especie de tubos que se hacen camino llevando el agua y los nutrientes tomados de la tierra al resto de la planta.

¿Cómo lograron la primera rosa biónica? Los científicos compraron unas cuantas rosas en una florería y realizaron dos experimentos sucesivos. Primero quisieron cablear el tallo de una de las flores. Para ello, lo sumergieron en una solución acuosa de un polímero llamado Pedot. Este material plástico, usado ya por la industria en pantallas táctiles, LED o libros electrónicos, es un gran conductor eléctrico. Tiene la particularidad de que, como si fuera gelatina, se disuelve bien en el agua para después solidificarse, lo que lo hizo candidato ideal para colarse por el xilema de la rosa.

Tras 48 horas, creídos jardineros cortaron el tallo a lo largo, retirando la cutícula exterior, la epidermis y el floema hasta ver aparecer todo un cableado a lo largo del xilema. Algunos cables llegaron, de extremo a extremo, hasta los 10 centímetros. Los investigadores comprobaron que tanto su conductividad como resistencia eran óptimos.

El segundo experimento lo hicieron con las hojas. Esta vez, en vez de cables en paralelo, querían una especie de red en dos dimensiones. Usando la técnica de infiltración, colocaron en las hojas de la rosa una combinación del polímero Pedot con nanofibras de celulosa. De nuevo, obtuvieron una gran conductividad.

Al conectar los extremos de la hoja, la corriente pasaba por ella. Es más, aprovechando los electrolitos (iones) presentes en la hoja, el mecanismo convertía esta energía electroquímica en energía eléctrica.

La investigación está todavía en las primeras etapas, pero el objetivo está claro: lograr células de biocombustibles combinadas con almacenamiento eléctrico, baterías, dentro de plantas vivas, sin necesidad de tener que cortarlas o modificar su ADN.

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