Un viaje hacia la otredad | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

(Publicado originalmente en diario El Telégrafo, sección cultura, el 8 de abril de 2018 y el blog del autor, Todo Iván Rodrigo Mendizábal, Quito, el 10 de abril de 2018))

Fotograma de “Aniquilación” de Alex Garland.

Aniquilación (2018), de Alex Garland, es un intento de traer nuevamente a la pantalla un escenario que ya había abordado Andrei Tarkovsky en Stalker (1979), el de la “zona”. Tras el impacto de algo en una zona que la convierte en irradiada, extraña, un grupo de mujeres ahora se internan para saber lo que pasó con la anterior misión de la cual el único sobreviviente es el marido de una de ellas.

Es una película de ciencia ficción que, desde el inicio, obliga al espectador a estar atento a lo contingente, a lo inesperado. La “zona” tiene un aire enrarecido, donde las mutaciones se dan de modo extraño y donde una entidad está transformándolo todo. Un faro es el lugar donde la protagonista se hallará con la entidad que asimila su forma mas no su espíritu, entidad que, por otro lado, opera sobre la base del conocimiento del otro y la capacidad de duplicarle y mimetizarse como semejante.

Una cuestión parece clara en la película de Garland: toda entidad extraterrestre, al no ser similar al ser humano, no es su espejo, no es un “otro” con el que se puede dialogar o intercomunicarse. La paradoja del espejo es el doble, por lo tanto, el otro como un doble que muchas veces puede ser afín o problemático. Piénsese quizá en el vecino, en el extranjero, que en definitiva son otros semejantes a los que se puede amar u odiar. Sin embargo, la ciencia ficción ha extremado la idea de la otredad diferencial, monstruosa, hasta volverla insoportable, destructora del hábitat humano. Esta película sigue esta lógica con el matiz de que esa otra entidad, ese alien, ese extranjero, además modifica el paisaje y lo que contacta, hasta absorberlo. ¿Se plantea que el “otro”, en definitiva, nos crea, recrea la sociedad que parece estar ya definida?

El viaje de las mujeres al corazón de la zona, a la par, es un viaje de autoconocimiento y de saber por qué ese otro, el próximo, el marido, ha cambiado. El descubrimiento puede ser atroz. En esta medida, la metáfora de autoconocimiento de Aniquilación es débil; por ello planteo que esta película es inferior en su planteamiento filosófico a la obra de Tarkovsky. Aniquilación se decanta, como toda obra que termina cumpliendo cabalmente los parámetros de toda producción comercial, por la aventura, con un final que, de pronto, se nos antoja ya predecible. (O)

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