¡Latinoamérica fantástica avanza! | Yoss (José Miguel Sánchez)

Por Yoss (José Miguel Sánchez)

(Crónica recogida por el sitio web Puerto de Escape, Valparaíso-Chile, publicada el 30 de diciembre de 2013 y nuevamente publicada en el blog Todo Iván Rodrigo-Mendizábal, Quito, el 1ro. de enero de 2014))

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Sánchez Gómez, José Miguel “Yoss” (La Habana, Cuba, 1969) Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de La Habana en 1991. Comenzó a escribir a los quince años, con su incorporación a los Talleres Literarios. Principales premios obtenidos: Premio de cuento de ciencia ficción de la revista cubana Juventud Técnica, 1988; Premio David de ciencia ficción 1988 con el libro de cuentos Timshel (publicado por Editorial UNION, 1989); Premio Plaza de ciencia ficción, 1990; Premio de cuento de la revista cubana Revolución y Cultura 1992 con Las avispas no saben llorar (publicado en la misma revista, 1992; Anuario de Narrativa de la UNEAC, 1994); Premio de cuento Ernest Hemingway, 1993; Mención en el Premio UNEAC de novela Cirilo Villaverde 1993 con La cáscara de los perdedores; Finalista en el Premio Casa de las Américas de novela 1994 con Jugando a rumiarse el tiempo; Vencedor en la segunda convocatoria del concurso Los Pinos Nuevos, 1995, con el libro de cuentos W, (publicado por Editorial Letras Cubanas, Colección Cemí, 1997); Mención en el Premio UNEAC de cuento Luis Felipe Rodríguez, 1995; Mención en el Premio de cuento de la revista La Gaceta de Cuba, 1996; Premio de Cuento de Amor de Las Tunas 1998, con Círculos del dolor (publicado en la antología Otra vez todo el amor, 2000; y en las revistas Cúpulas, cubana, 2000, y Capital, italiana, 2000); Premio Luis Rogelio Nogueras de ciencia-ficción 1998, con Los pecios y los naúfragos, (publicado por Ediciones Extramuros, 2000); Premio Aquelarre 2001 de texto humorístico, con Las chimeneas (cuento de ciencia ficción) (Publicado en la revista Limes (Italia) 2004, y en la selección de cuentos La causa che rinfresca e altre meraviglie cubane. Edizione Estemporanee, 2006); Premio Farraluque de cuento erótico 2002, con El infinito en un triángulo; Premio de novela corta de ciencia ficción de la Universidad de Carlos III, Madrid, Getafe (España), 2002, con XXXXX…L. (Publicado por la editorial universitaria homónima, 2004); Mención especial (ex-aequo) en el Premio UPC de Novela Corta de ciencia ficción 2003 (España) por Polvo rojo (publicado por Ediciones B, Colección Nova en el volumen Los Premios UPC 2003, 2004); Premio Calendario de la AHS en ciencia ficción 2004 por el libro de cuentos Precio justo (publicado por la Editorial Abril, 2006); Premio Domingo Santos de cuento de ciencia ficción (España) 2005 por Morfeo verdugo; Tercer premio de cuento Casa de Teatro (República Dominicana) 2006 por El puente rojo.

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Escritores en el encuentro de Quito en 2013: Marcelo Novoa, Solange Rodríguez Pappe, Leonardo Wild, Renata Duque, Xavier Cruz, Fernando Naranjo, Alexandra Dávila, Raúl Aguiar. Jorge Valentín Miño, Iván Rodrigo Mendizábal, Yoss (José Miguel Sánchez) y Laura Ponce (foto: Puerto de Escape).

CRÓNICA DEL IV ENCUENTRO DE CIENCIA FICCIÓN, FANTASÍA Y SERIE NEGRA EN FIL QUITO, ECUADOR 2013 (fragmento)

ANTECEDENTES, PREPARATIVOS,  ZOZOBRAS… Y PRIMERAS DECEPCIONES.

Los cubanos ya no seríamos novedad en el encuentro. Ni otros latinoamericanos. A la primera edición en Guayaquil 2010 había asistido mi socio del alma y colega ciencia ficcionero: Raúl Aguiar; a la segunda, otra amiga venezolana que ambos conocimos personalmente en su primera y hasta ahora (aunque confiamos en que no por mucho tiempo) única visita a Cuba en octubre del 2008: Susana Sussmann, que además de buena cuentista, en las escasas horas que le deja libre su trabajo como física y metróloga y la crianza de su hijo Tanis (sí, se llama como el medio elfo de la Dragonlance) es ante todo la incombustible artífice de ese taller-revista on line que es Forjadores.

Susy repitió en Guayaquil 2012, cuando por sus buenos oficios, Fernando Naranjo, incluso sin conocerme, me invitó a la costera urbe del río Guaya… y ahora en el 2013 los tres iríamos nuevamente a Quito, por obra y gracia de la labia y las relaciones del mago Naranjo: suspendida la feria del libro en su cálida ciudad, que sirviera de justísimo marco a las tres primeras reuniones, el Ministerio de Cultura ecuatoriano le encomendó la organización de un cuarto y similar encuentro, pero ahora encuadrado en el mucho más relevante evento ferial capitalino.

Yo además reencontraría a otro conocido de Guayaquil 2012: Marcelo Novoa, profesor universitario de Valparaíso, fan de todo lo fantástico y editor de Puerto de Escape, una arriesgada colección chilena que incluye novelas, cuentos y divulgación científica (entre ellos El futuro imaginado de Omar Ernesto Vega, una detallada monografía sobre la prospectiva que me regaló entonces y que ya también he propuesto a Gente Nueva)… en la que probablemente pronto aparezca una antología de CF cubana recopilada por Raúl, y otra de autores ecuatorianos. Y cuyo catálogo, el buen Marcelo me mandó amablemente por correo para que le pidiera los títulos que me interesaran y que aún no me regaló el año anterior.

Boliviano de nacimiento, Iván Rodrigo Mendizábal, escritor, profesor universitario e investigador de Comunicaciones, sería sin dudas el invitado “extranjero” que más económico le saldría al Comité Organizador de la FIL de Quito: reside en la capital ecuatoriana desde hace años.

Si a tan distinguida concurrencia internacional se sumaban el propio Naranjo, autor entre otros de ese inspirado libro de cuentos de CF que es Las coriolis de agostoJosé Daniel (JD) Santibáñez, dibujante, escritor, profesor de diseño, dueño de una impresionante colección de filmes fantásticos y tan hospitalario como Fernando, ¡en fin, como todos los guayaquileños que conozco!; y de Quito asistía Jorge Valentín Miño, un hombre tímido hasta que coge confianza, del que en Cuba ya conocíamos su magnífica historia Los lobos de Umbría, que Raúl incluyó en su antología de CF latinoamericana Qubit (en la que también está Khunta, de Susana Sussmann, por cierto, que yo además ya había hecho figurar en el 2010 en un número de nuestro tabloide El Caimán Barbudo dedicado a la CF cubana y latinoamericana), al mismo tiempo que aparecía en otra recopilación, Tiempocero, que recogía los relatos ganadores de los últimos 15 años del premio de cuento corto de CF de la revista Juventud Técnica, y que él fuera el único extranjero en vencer, en 2003 (libros ambos que tuve el placer de entregarle en Guayaquil en el 2012, de lo que hay testimonio fotográfico) se comprende que lo que se estaba gestando para finales de noviembre en la capital ecuatoriana iba a ser un encuentro de lujo entre viejos amigos.

Además se sumarían nuevos candidatos ecuatorianos para arrimar el hombro en ese todavía semiutópico proyecto que Susana, Marcelo y yo esbozamos en el restaurante  de un mall en octubre del 2012: el primer Concilio Latinoamericano de Literatura Fantástica, para el que Fernando se apresuró a proponer a su Guayaquil como sede, hipotéticamente en marzo del 2014.

Serían las escritoras quiteñas: Solange Rodríguez y Renata Duque, y la guayaquileña Alexandra Dávila (a juzgar por las fotos de la espléndida brochuredigital confeccionada por JD Santibáñez, una contundentemente hermosa representación femenina, excepción en el fantástico, que motivó a incluir en el programa un debate sobre género en la CF) y dos quiteños: Leonardo Wild Eduardo Villacís, de quienes los cubanos teníamos ya referencias como sólido autor y dibujante de cómics fantásticos.

Todos desconocidos, pero a los que sería ¡sin duda! un placer poder llamar amigos.

Única nube en el horizonte: Laura Ponce, la argentina impulsora de esa superrevista de CF que es Próxima, en la que Raúl, yo y varios cubanos hemos ya publicado algún que otro cuento, lo mismo que de la efímera Sensación, de tono más pulp… iría a Guayaquil, pero lamentablemente algo antes del encuentro de Quito. O sea, que no la conoceríamos. Sniff, sniff. Y el mito que ya circulaba entre el fandom cubano, de que se trataba de una porteña cultísima, rubia alta, delgada y elegante, aristocrática y adinerada heredera de una familia de estancieros de la Patagonia que gracias al capital familiar podía financiar ¡dos revistas de CF en papel! tendría que esperar un poco más para ser ser confirmado o desmentido.

Ésa era la idea. Pero ningún plan es definitivo, sobre todo si se trata de un evento cultural en un país latinoamericano. Sea o no del ALBA. Mucho iban a cambiar las cosas de septiembre a noviembre.

Los problemas acechaban al doblar de la esquina. Mensajes iban y venían; las invitaciones oficiales del Ministerio de Cultura de Ecuador no llegaban… Luego fue Susana Sussmann, que ante un inesperado cambio de fecha declaró que no le convenía, porque justo en esos días su adorado Tanisito iba a cantar en un acto de la escuela, y ni muerta se lo perdería. Pero Fernando movió sus fichas, y se retomó a los días iniciales: del 23 al 25 de noviembre. Sábado, domingo y lunes. En progresión abrumadora: una actividad el sábado, dos el domingo ¡tres el lunes! Y luego, calabaza calabaza cada uno para su casa, todos el martes 26.

Entretanto, las invitaciones seguían demorándose. Y los pasajes. Y las reservas de hotel. Ya Susana y Laura estaban erizadas: viviendo en Argentina y Venezuela, países en los que el cambio y posesión de divisa extranjera por el ciudadano de a pie están fuertemente controlados (¡y todavía los cubanos nos quejamos!) necesitaban presentar con cierta antelación sus solicitudes de viaje para convertir sus respectivas monedas nacionales, pesos y bolívares, en los dólares yanquis que circulan en Ecuador desde que renunciaron hábilmente al sucre. Y evitar aparecerse sin un centavo… o sea, a la cubana.

Pero el tiempo pasaba y todo se complicaba, aunque justo es señalar que cada enredo era más o menos hábilmente sorteado por los organizadores, con la asesoría del inefable y casi ubicuo Fernando. Por ejemplo: Susana pidió cambiar el panel suyo y de Laura, previsto para ¡el domingo a las 10 y media am! por una hora más humana. Y se logró.

Pero hubo alguien que salió peor aún por esa manía tan nuestra de dejar todo para última hora: resultó que ya no había modo de que conseguir un vuelo para la pobre Susana Sussmann; en tanto que habitante de Venezuela, debía sufrir el boicot de las líneas aéreas, que llevaban un par de semanas sin vender pasajes para o desde la patria de Chávez, y tampoco tenían intención de hacerlo en un futuro cercano. Al menos hasta que el ya no tan flamante presidente Nicolás Maduro les liquidara la deuda de varios millones que tenía con ellas.

Así que, por los imprevisibles avatares de la política internacional y los negocios, la Su se nos quedó en Caracas, sin dólares de viático y con la maleta hecha, esperando enfurruñada un milagro de última hora… que no se dio. Más sniff.

El 22 en la mañana, ya con la maleta hecha (llena en sus tres cuartas partes con ejemplares de mis recientes novelas de CF Condonautas y Super Extra Grande y de mi recopilación de artículos y ensayos sobre el género en Cuba y el mundo La quinta dimensión de la literatura, para regalar a los amigos; debo ser uno de los pocos cubanos que despega de La Habana con más peso del que trae en el equipaje al aterrizar) y esperando al socio que me llevaría en carro hasta el aeropuerto José Martí, al revisar por última vez el e-mail, nueva sorpresa de última hora: JD. Santibáñez tampoco irá a Quito. El guayaquileño tiene un dolor de espalda, y fiel a su kinesiólogo, quien no puede atenderlo hasta el lunes, JD ha preferido no exponerse a un laaargo viaje por tierra en autobús ¿acaso teme a los aviones? así que en su lugar irá el joven Xavier Cruz, de la Tertulia de Guayaquil, al que recuerdo vagamente del 2012.

Y ya sin más cambios, preocupado como buen cubano por si servirían en los aviones almuerzo o merienda y tras haberme atracado de pan con algo en casa antes de salir, por si acaso, llegué al aeropuerto.

 

VIERNES 22: VIAJE, LLEGADA, REENCUENTROS, HOTEL MERCURE Y PLAZA FOCH.

El aeropuerto de La Habana ya es una rutina que apenas incomoda: miradas suspicaces del aduanero que me hace quitarme la badana de la frente escrutándome como si yo no fuera yo, y detector de metales ante el que tengo que despojarme ritualmente de cinto, muñequeras y andariveles ferrosos varios. Menos mal que esta vez decidí no viajar con las botazas New Rock con refuerzos de latón en punteras y talones. Pero supongo que aun así mi look estándar con melena, pantalón de camuflaje, tank-top negro con cráneo con casco y la inscripción NO WAR en rojo, más demás parafernalia que podría definirse lo mismo como ochentera que del Heavy Metal Parachute Corp, casi me convierten en sospechoso automático. ¿Con que escritor, y viajando a Ecuador? debe pensar cualquier aduanero ¿a mí con ese cuento, y con esa pinta? Humm.

Aprovecho entretanto para cambiar mis 25 euros por dólares: son unos 32. El funcionario del kiosko es cubano: se llama Vladimir. Somos los nuevos hebreos; estamos en todas partes. En la fila, larga pero que camina deprisa, hay europeos, yanquis, ecuatorianos que regresan de Europa o EUA… y muchos más cubanos.

Tras un breve instante de preocuparme por si nadie me espera, ahí está Antonio, del personal de la FIL, que me conduce hasta donde acaban de llegar en avión desde Guayaquil… el pana Fernando Naranjo, Xavier y su coterránea Alexandra. Saludos, abrazos, bromas, y subimos todos juntos al van: el nuevo aeropuerto capitalino está a casi hora y media de distancia de la ciudad; detalle muy a tener en cuenta en vuelos posteriores.

Fuera del aeropuerto ya hace frío: saco satisfecho de la mochila mi pesada chaqueta de motorista de cuero con remaches, que compré en el Camden Town londinense en 1999, y que me ha acompañado en tantos viajes por países fríos… porque en Cuba, y más con el calentamiento global,  ni pensar en usarla. Son las 6 pasadas cuando nos ponemos en marcha.

Es mi tercera vez en Quito. Del viernes 22 al miércoles 27: 5 días. Y otro más a la vuelta. Será mi estancia más larga en la capital ecuatoriana. Aunque el apretado programa me dice que no voy a tener tiempo de aburrirme. Ni de ver a muchos amigos.

Ecuador, país en franco desarrollo: Quito es una ciudad que se reinventa a toda máquina.  Se demuele, construye y remodela frenéticamente, aunque el chófer señala que muchas inmobiliarias se quedan ya que no hacen dinero suficiente. El mejor ejemplo de la vorágine: me entero que el antiguo aeropuerto, en el que aterricé y despegué en mis 2 visitas anteriores, es ahora la sede de la FIL. Las cosas cambian ¡y a qué velocidad!

Son casi las 9 cuando llegamos al Hotel Mercure. Vaya hospitalidad espléndida: céntrico, lujoso, 4 estrellas; sólo le falta la piscina, que en el frío quiteño de todos modos únicamente tendría sentido bajo techo. Pero el lobby es amplio y con una hermosa fuente detrás, el restaurante emite olores muy apetitosos, averigüo que hay un gimnasio y que la entrada es libre… y nos obsequian sendas bolsas con mapas de la ciudad, folletos turísticos del Ecuador y marcadores, amén del sempiterno coctel gratuito de bienvenida. Súmese a eso el bolso de la FIL, rojo de tela (hará las delicias de mi madre en La Habana) con una jarrita termo con tapa, bolígrafo, cuaderno de notas, marcalibros y hasta un librito con noticas de colores adherentes, atención de Colombia, país invitado de honor a la FIL Quito este año, y uno no se siente como en casa, sino mejor.

Tras tan favorable impresión inicial, los recién llegados quedamos en vernos en 15 minutos abajo para comer. Pequeña complicación: gregarios como buenos cienciaficcioneros, queremos subir todos en el mismo elevador… pero las tarjetas magnéticas que fungen de llave de nuestras habitaciones en diferentes pisos sólo abren aquel en el que nos han ubicado. Se puede bajar al lobby desde cualquier piso; subir, sólo al propio. Curioso sistema de seguridad.

Mi habitación 703 resulta, más que una suite, todo un pequeño apartamento. No sólo hay cuarto con dos enoooormes camas cameras, mesita de noche central, closet y TV con 100 canales de cable, sino también sala con escritorio y sillón, mesa y dos sillas, balcón, cocina con minibar ¡mejor no tocar nada ni aunque uno se muera de hambre, que los precios son criminales! mínimo hall con gran espejo, y para terminar, un baño imperial con espejote panorámico, agua caliente a voluntad, secador de pelo, profusión de toallas, jabones, champús, acondicionadores, cremas y hasta ¡gorro impermeable para el pelo! ¡Y todo gratis con la habitación! En fin, el paraíso.

Hay familias de La Habana Vieja que viven en menos espacio. ¿Nos acostumbraremos alguna vez los cubanos a tanto lujo? ¿Ofrecerán alguna vez tanto nuestros propios hoteles?

Xavier y Alexandra, los más jóvenes, que debutan en esto de convenciones y ferias, están preocupados y quieren dejarlo todo bien amarradito, sin dejar espacio para improvisaciones… ilusos. Improvisación es el apellido de todo evento en países de habla hispana.

También especulamos sobre cómo y cuándo llegarán Marcelo, Laura y Raúl.

Empezamos a relajarnos de la tensión del viaje. A fin de cuentas, ya estamos en Quito, tras tantos trajines por e-mail y fallos de última hora. Al regreso al hotel, Laura y Raúl brillan por su ausencia, pero nos informan que Marcelo ya llegó… y mucho antes que nosotros, a eso de las tres. Debe haberse pasado el día en la FIL, que se inauguraba al final de la tarde. Qué pena no haberlo visto, pero uno de tres ya es un alivio.

De vuelta a la 703, solo en la enorme cama, pienso en las maravillas de la modernidad: menos de 24 horas y casi 4 000 kilómetros, 23 grados de distancia entre La Habana y Quito, trópico y ecuador.

La mayoría de los canales de cable son aburridos, las películas la vi hace eones… pero al fin hay uno que trasmite stripteases. La pornografía, derecho del pueblo; me sacudo el sueño por unos minutos para descubrir que sólo se trata de bailarinas negras. Curioso racismo ¿o blacksplotation? que pronto me aburre… y me arrebujo entre sábanas, tras patear lejos un edredón demasiado grueso y caluroso para mi gusto.

Mañana será otro día, y comenzará el maratón fantástico, así que mejor descansar.

 

SÁBADO 23: LLEGAN (O APARECEN) LOS QUE FALTABAN. LA PRIMERA ACTIVIDAD.

La primera y única presentación del primer día del encuentro no es hasta las 3 pm, pero aún no estamos ni mucho menos agotados, así que hemos quedado a las 8 am para desayunar juntos y que nos recoja el van sobre las 9 para conocer desde antes el recinto ferial, antiguo aeropuerto de la ciudad.

Y se aparecen Marcelo Novoa y Raúl. El chileno no ha cambiado nada en 13 meses, y tras poner a prueba la integridad de mis costillas con un abrazo de oso, me advierte casi apenado que sólo me trajo 5 de los libros que le pedí: los demás ya están agotados. Su editorial es un éxito, se nota. En cuanto a su viaje desde Valparaíso, tal vez fue el más largo de todos, con un desvío imprevisto por Argentina. Pero compensó llegando a tiempo para la inauguración oficial de la FIL, y luego poder recorrer Quito con unos amigos recién conocidos (poetas bolivianos) que lo invitaron a comer; vaya, que aprovechó el día bien.

Me siento tentado de contar mi demora sobre el espacio aéreo colombiano… pero en ese punto Raúl Aguiar, con su característica cara de mártir, rompe a narrar su odisea: devuelto en el aeropuerto cubano, casi devuelto en Panamá, llegó a medianoche al Mercure, muerto de cansancio y ni siquiera le dieron la jabita de bienvenida de la FIL. Para rematar, como me temía, dado que en La Habana gastó casi 50 cuc en taxis, todo su capital presente desciende a apenas 6 dólares ¡y aun así pretende comprar unas boberías para su hijo Pablito, un gorro de lana para él y hasta regalos para los ganadores del próximo concurso Oscar Hurtado convocado por  nuestro taller habanero Espacio Abierto!

Reprimo un escalofrío. Predicamentos difíciles de superar los de mi compatriota, desde luego. Así que me abstengo de enumerar las mínimas molestias que sufrí en mi viaje; al lado de sus vicisitudes son nada.

Por suerte, lo copioso del desayuno, con jugos y yogures varios, mantequilla, panes, salchichas, revoltillo, tortilla y todo lo que uno quiere comer de cada cosa, endulzan un poco la amargada expresión del compadre Aguiar. Y mientras tomamos por asalto una gran mesa redonda de seis sillas a la que logramos incorporar otras 2, aparece Laura Ponce, la argentina, con una gran sonrisa. Y estamos los 8.

Qué bien que no aposté. La argentina no es alta ni rubia ni flaca ni aristocrática ni millonaria ni descendiente de terratenientes. Y viene en cómodo pantalón de mono deportivo y tenis, nada de vestidos Dior ni tacos altos. Ni tampoco, por supuesto, se parece en nada a la belleza en trusa de la foto enviada por el travieso Miño. Trigueña, de un muy normal metro con sesentaialgo, pronto nos cuenta que echó a andar heroicamente Próxima con una pensión familiar y que cada uno de sus hasta el momento 20 números (nos regala a todos el último, obsequiosa) ha sido una auténtica aventura económica, pese a imprimir la imponente suma de apenas… 150 ejemplares de cada uno.

Pero hay más: su sonrisa es mucho más grande que todo eso. Y pese a no haber intercambiado antes sino unos pocos e-mails, ambos sentimos una afinidad inmediata, como si nos conociéramos de toda la vida. Casi me dan ganas de decir, parafraseando a Rick-Humphrey Bogart al dirigirse al capitán francés Renault al final del filme Casablanca “Laura, creo que éste es el principio de una gran amistad”.

Entonces estamos casi todos… los que no vivimos en Quito. 2 cubanos, una argentina, un chileno y tres guayaquileños. El diálogo a 8 bandas fluye caótico y veloz: películas favoritas de las vistas en los últimos tiempos ¡ya vieron El juego de Ender con Harrison Ford! Y no les gustó demasiado: mejor el libro, claro. ¡La tercera entrega de la saga CF de Vin Diesel, Riddick!  ¡Y la segunda de Los juegos del hambre! Están siguiendo las series Elemental y Sherlock, británica y yanqui, versión clásica y moderna ambas del héroe de Conan Doyle. Adoran Babylonia 5 y The Big Bang Theory; han visto varias temporadas de Doctor Who y saben quiénes eran los daleks…enseguida está claro que además de creadores, todos somos activos miembros del fandom. Y hay mucho enciclopedismo nerd que nos une, aunque los demás latinoamericanos no dejan de asombrarse, tanto de las cosas que hemos visto los cubanos como de las que no hemos visto… como Black Adder, con Rowan Atkinson desmarcándose de su Mr. Bean a lo largo de diferentes épocas de historia inglesa, u otra británica imperdible de CF cómica, Enano rojo, que en realidad debía traducirse Enana roja, ya que hace referencia a una clase de estrellas….

Total, que nos hacemos fotos de todas clases, colores y posiciones en torno a la ya casi desierta mesa del desayuno, paisaje al final de la batalla. Ya hemos entrado en calor.

Aprovecho para entregar el paquete Condonautas-Super Extra Grande-La quinta dimensión… a Marcelo, Xavier y Alexandra, más Leyendas de los Cinco Reinos para Laura. Raúl me presentará algunos, incluida la antología Crónicas del mañana (50 años de cuentos cubanos de ciencia ficción) el domingo, al final de mi intervención, y Fernando los compró todos en la Habana.

Hay que ir bastante lejos del Mercure. Laura, Marcelo y yo hablamos animadamente. El espectro cariñoso de la ausente Susana Sussmann aparece una y otra vez en la conversación. Al fin llegamos a la FIL, por la majestuosa entrada principal, ante un grupo escultórico modernista en metal del que y desde el que Laura y Raúl toman fotos del ingreso.

Es sábado por la mañana, y no está precisamente atestada de gente. Fernando nos comenta que ni por asomo estarán nunca las amplias salas del antiguo aeropuerto tan concurridas como La Cabaña en nuestra Feria habanera. Xavier y Alexandra caen como cuervos sobre un stand de comics antiguos rebajados: 2 por 3 dólares, verdadera ganga. Raúl y yo, furiosos por nuestras paupérrimas finanzas, miramos los toros desde la barrera, qué remedio.

Aparece la quiteña que faltaba: Renata Duque, que ha comprado por sólo 5 dólares un libro de espléndida factura y ultracoloridas ilustraciones sobre las prefiguraciones de futuro en la publicidad americana  de los 40 y 50 del siglo XX. Raúl y yo nos miramos, babeantes. Fans al ciberpunk ambos, reconocemos las imágenes a las que el gurú William Gibson hacía referencia en su cuento El continuo de Gernsback, incluido en la capital antología del movimiento, Mirror Shades. Lo examinamos ansiosos e impotentes. Ojalá nos paguen pronto… algo.

Luego Raúl y yo visitamos brevemente el stand de Cuba, y junto a Fernando nos encontramos con un escritor compatriota, Evelio Traba, el autor de La Concordia, novela ganadora del Premio ALBA Narrativa 2012… como muchos cubanos, él también está viviendo en Ecuador.

Al rato, cansados de mirar sin poder comprar, estamos todos sentados en dos grandes divanes en forma de riñón, en el centro de la Feria. Fotos van y vienen, hablamos, Fernando informa que si queremos estar de vuelta para las 3 pm, es hora de volver al Mercure para almorzar, mejor que sobre el tiempo a andar apurados.

Sabias palabras… el conductor del van, que no es el que nos trajo, nos lleva al principio en dirección contraria al hotel, y propone otros sitios buenos para comer cerca del antiguo aeropuerto. Pronto se aclara el equívoco y retomamos el rumbo correcto. Al llegar a nuestro alojamiento, la sorpresa de que ya no hay opciones de menú: ternera para todos, sólo se puede elegir la guarnición. Los ecuatorianos protestan un poquitico, Raúl y yo no le vemos razón. Qué maravilla poder comerse semejante filetón tierno y a cambio sólo tener luego que firmar y poner el número de habitación.

Eso sí, sigue faltando el postre. ¿Preocupación dietética de la gerencia del hotel?

A las 3 de la tarde, en la sala 4, con capacidad para 130 personas, sólo estamos los participantes en el encuentro, amigos, novias y familias… en total no llegamos a 30. En fin, casi como en Cuba. Ahí está Jorge Miño, se lo presento a Raúl. Iván Rodrigo y María José Chiriboga, nos saludan. Esperamos un poco, como se suele hacer, y al fin a las 3 y cuarto Alexandra se sube a la tribuna colocada a un costado de la imponente mesa y lee un breve pero emotivo discurso de bienvenida, con una presentación formidable en powerpoint pasando detrás en el datashow: es prácticamente la ilustración de todo lo que es ciencia ficción. Quién imaginaría que la hizo en un par de horas… lo que es ser una profesional de la publicidad.

Luego ocupan el mesón Renata, que será la moderadora de Miño, Iván Rodrigo y Leonardo Wild. A quien, además de por su apellido y el curioso acento de su español, se le nota por la aventajada estatura, y el cabello y los ojos claros la cercana ascendencia europea: inglesa y alemana, según nos cuenta después. Nacido en EUA, eligió vivir en la patria de su padre, Ecuador, y es uno de esos pocos felices mortales que no sólo puede hablar fluidamente, sino además escribir lo mismo en inglés que en español; ha publicado en ambas lenguas.

Iván Rodrigo, boliviano de nacimiento y quiteño por adopción, habla de la primera y ya remota novela de CF ecuatoriana, de ingenuo estilo y enrevesada trama sobre viajes en el tiempo, dictaduras y héroes. Wild, que lo sigue, prefiere no citar una larga retahíla de autores y títulos que cree que todos olvidarán apenas los enumere (como he lamentablemente olvidado el título de aquella obra precursora que citó Rodrigo), y diserta sobre las problemáticas del género, a veces polemizando con Jorge Miño… pero sin que Renata, con sus preguntas, permita que las cosas se vayan de control. Llega más público, sobre todo jóvenes con aspecto de estudiantes, algunos de los que toman frenéticas notas. Hacemos preguntas, se anima el debate… y se acaba el tiempo, cuando ya el lugar se estaba llenando de gente con un sospechoso aspecto de abogados. (Luego sabremos que a continuación de la nuestra había una presentación relacionada con el Derecho. Ah.)

Pero ya la primera cita se ha cumplido, y al fin estamos todos. Se impone ir a celebrarlo, si es posible C2H5OH mediante. Alguien recuerda el cóctel de bienvenida que nadie ha utilizado. Otro aclara que suelen ser tragos de fantasía, asquerosamente dulzones, y como alternativa más popular propone una cervecería cerca del hotel. La moción es aprobada… pero ya, contando a Renata, a Leonardo, a Iván Rodrigo y a Jorge Miño, somos demasiados para el van de la FIL, que con 8 pasajeros viajaba lleno al máximo. Leonardo Wild, generoso y pragmático, propone a algunos subir a su tremenda camioneta, y al rato estamos todos en un establecimiento de comidas y bebidas a menos de 50 metros del Mercure.

En teoría el lugar es colombiano, aunque la exótica ortografía de algunas ofertas de la carta nos hace dudar ¿Bodka? Mi coterráneo Raúl sonríe al fin, cuando paladea la primera cerveza de su estancia, gracias a la invitación de Wild. Hay quien opta por café; yo pido Pony malta colombiana, no tienen, y me conformo con una Pepsi… bueno, cada uno consume su cafeína como mejor le parece: a mí me gusta fría y con burbujas.

Xavier aprovecha para coordinar conmigo detalles de nuestra presentación de mañana: ejemplos de autores de cada etapa, obras significativas, características generales,  etc.

Debatimos de mil cosas hasta la hora de la comida, e incluso durante y después, cuando finalmente el grupo vota por aprovechar el coctelillo de bienvenida, en el barcito del lobby, muy cerca de la espléndida cascada.

Efectivamente, resulta ser un mejunje rosado con toda la pinta de un daiquirí de fantasía. Dono el mío a la causa del bienestar común, y al rato me despido y me voy a acostar: los avatares del cambio de programa han hecho que mañana domingo la actividad de Xavier y mía sea a esa hora inverosímil que repudiara Susana: las 10 y media am.

Espero que al menos alguien del personal de la FIL ocupe uno o dos asientos. Y compren algunos ejemplares de los libros que traemos Raúl y yo desde Cuba, a ver si nuestra liquidez mejora algo…

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